Si estás pensando en ampliar la familia con un gato de raza —como un Siamés, un Sphynx o un Maine Coon—, las reglas del juego han cambiado por completo.
La nueva normativa de bienestar animal ha puesto el foco en la cría incontrolada, y una de sus medidas más contundentes es la prohibición estricta de comprar animales a personas particulares.
La legislación actual busca acabar con el abandono masivo, la cría irresponsable y el negocio opaco que durante años ha rodeado a las camadas caseras.
La norma establece que está totalmente prohibida la venta de cualquier animal de compañía entre particulares, así como su comercialización en tiendas de mascotas.
El núcleo de la norma afirma que la cría solo puede ser ejercida por personas debidamente formadas y registradas.
Un particular no puede poner un anuncio en internet para vender los cachorros de su gata, independientemente de si tienen pedigrí o no.
Las sanciones por saltarse esta norma no son una broma: vender un animal de forma ilegal se considera una infracción grave, con multas que pueden oscilar entre los 10.001 y los 50.000 euros.
Las únicas 2 vías legales
Si tienes el deseo de convivir con un gato de una raza específica, la ley no te lo prohíbe, pero sí limita estrechamente los canales para conseguirlo. Los criadores oficiales registrados son la única vía comercial legal.
Debes acudir a un criador profesional que cumpla con los siguientes requisitos:
- Estar inscrito en el Registro de Criadores de Animales de Compañía.
- Disponer de un núcleo zoológico en regla (si aplica por volumen).
- Entregar al animal con chip, las vacunas obligatorias al día y un contrato de compraventa.
Adopción responsable
Aunque es menos común encontrar cachorros con pedigrí en protectoras, no es imposible. Los refugios y asociaciones de animales rescatan a menudo gatos de raza (o cruces muy definidos) que han sido abandonados o retirados de criaderos ilegales.
En este caso, el coste no es por el animal en sí, sino una tasa para cubrir los gastos veterinarios (esterilización, chip, vacunas).
Como toda gran reforma, esta restricción genera opiniones divididas debido a su profundo impacto en el sector. Los beneficios para el bienestar animal son innegables.
Al prohibir la venta casera, se frena de golpe la explotación de hembras forzadas a parir sin control veterinario y se garantiza que los cachorros se entreguen identificados, vacunados y libres de enfermedades genéticas propias de su raza, lo que a su vez reduce drásticamente el abandono impune.
Sin embargo, el sector alerta sobre las excesivas trabas burocráticas que están asfixiando a los pequeños criadores tradicionales, advirtiendo del peligro real de que esta prohibición termine desplazando la venta de animales hacia un mercado negro clandestino en redes sociales y aplicaciones de mensajería.
Hacia una tenencia más responsable
La prohibición de comprar gatos de raza a particulares puede parecer restrictiva a primera vista, pero el objetivo de fondo es dignificar la vida de los animales. Se acabó el ver a los cachorros como "mercancía de segunda mano" en portales de anuncios genéricos.
Si de verdad quieres un gato de raza, la ley te invita a hacer un esfuerzo extra: investigar, acudir a profesionales que aman lo que hacen y, sobre todo, entender que un animal es un miembro de la familia, no un capricho de particulares.
