Angelica Rimini
Publicada

Los trayectos en coche junto a nuestros compañeros de cuatro patas han dejado de regirse por la libre interpretación de los conductores para someterse a una normativa estricta y unificada.

Con la entrada en vigor de las últimas actualizaciones de seguridad vial en consonancia con la Ley de Bienestar Animal, se ha establecido la obligación legal de que cualquier perro que viaje en el habitáculo de un vehículo lo haga sujeto mediante un arnés de seguridad y una correa específica anclada al conector del cinturón de seguridad.

Esta medida busca desterrar prácticas peligrosas, como llevar al animal suelto o sujeto únicamente por el collar tradicional, un error común que puede tener consecuencias fatales en caso de frenazo o colisión.

La seguridad de todos

La razón que sustenta esta exigencia no es solo el bienestar del propio animal, sino la seguridad de todos los ocupantes del vehículo.

La Dirección General de Tráfico ha advertido reiteradamente sobre el efecto multiplicador de la velocidad en caso de impacto; un perro de tamaño mediano que viaje suelto puede salir despedido con una fuerza equivalente a la de un objeto de más de una tonelada, golpeando gravemente a los pasajeros delanteros.

Al exigir un arnés de doble anclaje y una cinta de resistencia homologada, la ley garantiza que el cuerpo del animal quede retenido de forma segura en el asiento trasero, impidiendo además que pueda interferir en la conducción o saltar por la ventana.

Un arnés específico

Es fundamental que los propietarios entiendan que no sirve cualquier tipo de sujeción. La normativa especifica que el perro debe ir sujeto mediante un arnés que abrace el pecho y el torso del animal, distribuyendo la fuerza del impacto de manera uniforme.

Queda totalmente prohibido enganchar la correa del cinturón directamente al collar del perro, ya que ante una deceleración brusca, la tensión del tirón se concentraría en el cuello del animal, provocándole lesiones cervicales severas o asfixia.

Asimismo, la correa específica de seguridad debe tener una longitud regulada que permita al perro tumbarse o sentarse de forma cómoda, pero que sea lo suficientemente corta como para evitar que impacte contra los respaldos de los asientos delanteros.

Las multas

El incumplimiento de esta norma de transporte seguro conlleva sanciones económicas inmediatas por parte de los agentes de tráfico, quienes vigilan con especial atención los desplazamientos durante los periodos vacacionales y los fines de semana.

Las multas varían en función del riesgo generado, considerándose una infracción grave que puede acarrear penalizaciones considerables, sobre todo si se comprueba que el animal viajaba en el regazo del conductor o en una posición que limitaba la visibilidad o la libertad de movimientos del piloto.

La obligatoriedad del arnés y la correa de seguridad especial equipara la protección de nuestras mascotas a la del resto de la familia. El cinturón de seguridad canino deja de ser una opción recomendable de civismo para convertirse en un requisito legal básico.

Adaptar el coche a las necesidades de nuestro perro es, a partir de ahora, el primer paso ineludible antes de arrancar el motor, asegurando que el viaje sea una experiencia feliz, tranquila y, por encima de todo, segura para todos los que van a bordo.