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Cuando Cairo desapareció, Pablo Martínez, veterinario de Cúllar Vega (Granada), movilizó a vecinos, voluntarios y redes sociales para intentar localizarlo. Se volcaron en su búsqueda bajo la lluvia de estas últimas semanas, sin rendirse.

El 31 de enero, el perro desapareció de repente, cerca de la vivienda de Pablo y su pareja Raquel. Su dueño explicó que "todo fue muy rápido" y que en ningún momento lo dejó abandonado, lo que hizo pensar en un incidente inesperado.

Durante casi dos semanas se difundieron carteles, avisos en internet y se organizaron búsquedas en la zona, hasta que finalmente el animal ha sido encontrado muerto. Hoy, lloramos la pérdida de Cairo acompañando su historia.

El principio de las extorsiones

De raza boyero de Berna, de gran tamaño y tricolor, era un can sociable y conocido por la zona. Difícil de perder repentinamente. Sus dueños explicaron que el animal estaba enfermo y requería medicación.

Mientras seguían buscándolo, el teléfono de Pablo comenzó a sonar. Eran números ocultos o extranjeros, voces que aseguraban tener a Cairo y que prometían devolverlo a cambio de dinero.

La angustia por recuperarlo lo antes posible, sumada al miedo de que el perro estuviera herido o solo, les llevó a aferrarse a cualquier hilo de esperanza, por débil que fuera.

Un juego mental

Así empezó lo que él mismo describe como un "juego mental": indicaciones para hacer pagos, promesas de encuentros que nunca se producían, mensajes que jugaban con sus emociones y las de Raquel.

Cada vez que creían estar un poco más cerca de volver a abrazar a Cairo, la realidad volvía a romperse, y con ella su confianza. Aun así, seguían pagando, seguían creyendo que quizá esa vez fuera verdad.

Mientras tanto, el pueblo y las redes no dejaban de moverse. Seguían las batidas, se compartían fotos y descripciones, se preguntaba en clínicas, en comercios, en cada rincón donde alguien pudiera haber visto al boyero de Berna que ya todos conocían por su nombre.

Cairo se había convertido en el perro de muchos, en un símbolo de la empatía hacia los animales y de la lucha contra quienes se aprovechan del dolor ajeno.

El silencio de los pasos

El desenlace llegó como nadie deseaba: Cairo apareció sin vida. No hubo reencuentro, ni abrazo pendiente, ni final reparador.

Quedaron, en cambio, el vacío en casa, el silencio donde antes había pasos, respiración y rutina, y un duelo atravesado por preguntas sin respuesta. Pablo lo despidió recordándole que nunca lo abandonó, que hizo todo lo que pudo por traerlo de vuelta, aunque el mundo no se lo pusiera fácil.

Hoy, la historia de Cairo no es solo la de un perro perdido. Es también la de una familia rota, la de un pueblo que se volcó, y la de una herida colectiva que señala algo muy humano.

Hasta dónde puede llegar la crueldad de quien ve en el vínculo con un animal una oportunidad para extorsionar. Y, al mismo tiempo, hasta dónde llega el amor por un perro capaz de movilizar a tanta gente, incluso cuando ya no está.