Publicada

Cuando Claudia Cañellas adoptó su primer gato, su vida cambió por completo. Nunca se habría imaginado que el cuidado de un ser tan pequeño la llevaría a descubrir un mundo todavía desconocido y a dedicarse a hacerlo visible.

"Empecé a darle, desde el desconocimiento —como le pasa a la gran mayoría de gente— alimentos más comerciales, incluso los que en algunas ocasiones te recomienda tu veterinario", cuenta la joven en una entrevista con Mascotario.

Al cabo de unos meses, sin embargo, su gato enfermó. Empezó a arrancarse la piel a mordiscos, tenía las patas peladas y estaba totalmente inflamado. No le detectaban ninguna alergia concreta: lo que tenía era una inflamación increíble.

Claudia Cañellas con un gato en brazos. Patitas&Co

Se volvió un gato súper retraído; un animal que había sido superjuguetón y supercariñoso estaba físicamente incómodo. Intentaron tratarlo de todas las formas y siempre les daban las mismas soluciones: el mismo pienso y más medicación.

Por su emprendimiento en hostelería y por curiosidad propia, Claudia estaba muy puesta en nutrición humana y esta situación no le cuadraba. Empezó a meterse en ese mundo, a formarse para aprender a leer bien las etiquetas y entender la distribución calórico de macronutrientes que necesitan los animales.

"Cuanto más aprendía, más veía la diferencia entre lo que debían comer y lo que yo le estaba dando. Me explotaba la cabeza, porque decía: 'Pero si esto me lo ha recomendado mi veterinario'". Al final, junto con un veterinario nutricionista, estudiaron el caso concreto de su gato e hicieron un cambio radical de alimentación. "A las tres semanas estaba perfecto, no le pasaba nada".

Las dudas y el enfado

Claudia recuerda las dudas que empezaron a surgirse y el enfado. "Como tutora que ama a su gato por encima de todo, sigo recomendaciones de los profesionales y luego resulta que es un sector donde tienes que rascar más de lo que deberías para saber realmente qué llevan las cosas".

La empresaria cuenta que, cuando empiezas a meterte, ves que la gran mayoría son alimentos que permiten que el perro y el gato no se mueran: tienen una mínima cobertura de macronutrientes, micronutrientes y aminoácidos.

Sin embargo, ningún amante de los animales quiere alimentar a sus mascotas solo con la intención de que sobrevivan. Se trata de querer darles la mejor vida posible, de que estén bien cuidados y sanos, que es muy distinto.

"Afortunadamente mi gato mostró síntomas tanto a nivel conductual como físico, porque muchos gatos no los muestran por su instinto de depredador, y pudimos resolver el problema". Así, de esta primera experiencia empezó a crecer una idea en la cabeza de Claudia: dedicarse a la alimentación de las mascotas.

El 'runrun' hecho realidad

"No me quitaba de la cabeza el runrún". Entendió que más del 80% de la alimentación del mercado tiene una composición nutricional no adecuada para ningún animal. "Lo que le estamos haciendo a esta especie es una locura".

Entonces decidió montar una tienda, sin grandes aspiraciones de cambiar nada, "donde todo lo que entre sea bueno". La mayoría de la gente no sabe, al girar un producto, entender las etiquetas. Por eso quería crear el sitio que les habría gustado tener cuando su gato estuvo enfermo.

Además de abrir Patitas&Co, Claudia tenía muchas ganas de educar. Quería trasladar todo lo que había aprendido para que las personas pudieran tener el conocimiento necesario para cribar por sí solas lo que está bien y lo que está peor.

Así empezó a hacer vídeos en redes sociales explicando lo que está bien, según su punto de vista. Cogieron tracción, se hicieron virales y el mensaje llegó a mucha gente. Crecieron tanto que tuvieron que abrir una parte online, cambiar de centro logístico y contratar a más personas.

Claudia Cañellas con dos gatos en su oficina. Patitas&Co

"En dos años hemos pasado de ser 3 personas a ser 64". Según ella, han sido capaces de trasladar cierta honestidad y la gente confía en la marca porque sabe que no aceptan publicidad.

"A pesar de la masa de seguidores y de que todas las marcas nos hacen ofertas para que saquemos sus productos en nuestros vídeos de recomendaciones, es algo que tachamos de todos los contratos", cuenta orgullosa.

Un altavoz honesto

"Nunca se ha hecho y nunca se hará, porque recomendamos en base a lo que pensamos. Lo que monetizamos es nuestra empresa, no las redes sociales. Toda la parte de altavoz que tenemos queda muy aislada para poder ser lo más honestas posible y tener los mínimos incentivos perversos".

Elegir los productos adecuados es un proceso de criba complejo. "Muchas marcas ya las podemos identificar como buenas o malas, pero dentro de una misma marca existen varios productos".

Hacen un análisis nutricional de todos ellos. Tienen dos veterinarias nutricionistas y, cada vez que les mandan un catálogo o una oferta para introducir una marca, esta tiene que pasar el filtro.

En un programa ad hoc introducen los ingredientes con sus respectivos porcentajes y ven la "foto" final. "La semana pasada anotamos unas 30 marcas que querían entrar y pasaron el filtro dos".

La mayoría se descarta por utilizar ingredientes que no son óptimos. Por ejemplo, un alto porcentaje de grasa que, a largo plazo, puede crear problemas hepáticos o pancreáticos, así como un exceso de carbohidratos.

Aunque reconocen que los piensos necesitan un porcentaje de carbohidratos para formar la galleta, la idea es no añadir más solo para abaratar. "Es mucho más barato meter patata que carne; y ya no hablo de trigo, maíz u otros cereales. Eso lo descartamos de frente. No le aporta nada al perro o al gato, solo al productor que se ahorra costes".

Luego está la materia prima: no es lo mismo que la proteína provenga de subproductos animales —descartes de la industria— que de carne fresca. "No tiene nada que ver y se refleja en el precio".

Además, dentro de la proteína importa la biodisponibilidad: cuánto y cómo la va a aprovechar el perro o el gato. "No me sirve de nada que tenga mucho porcentaje de proteína si la biodisponibilidad es bajísima; para ellos es casi como comer aire".

La responsabilidad de quien produce

Claudia reconoce que, para los consumidores, es imposible leer estas cosas, incluso para quien sabe lo que "buscar". "Se puede maquillar una etiqueta cambiando porcentajes, poniendo en seco o en fresco, antes o después de la preparación, y hacer que algo que no es tan bueno parezca bueno".

Afirma que incluso la gente que sabe que el primer ingrediente debe ser de origen animal muchas veces no sabe cómo leerlo ni ponerlo en números, ni tiene por qué saberlo. "La responsabilidad de hacer las cosas bien está en quien produce y vende, no en quien compra".

Les cuesta, por el contrario, aumentar el catálogo. Ahora tienen unas 40 marcas. De cada una solo venden lo que pasa el filtro. "Hay algunas cuyo pienso no nos gusta, pero su comida húmeda está muy bien formulada y esa sí la tenemos".

Una industria que no avanza

Según ella, la forma en la que hemos incluido a perros y gatos en nuestras familias ha evolucionado muchísimo para bien: el amor que les tenemos, el lugar que les damos, cómo sufrimos su pérdida. "Creo que el sector que teóricamente cuida de ellos no ha evolucionado a la misma velocidad".

Hace muchos años no teníamos los conocimientos que tenemos ahora, pero la industria sigue sin avanzar, engañando a las personas. "En alimentación humana hay libertad con información; en la de perros y gatos no es así". Lo que te pueden vender como un "pienso de pollo con verduras", en realidad, no tiene nada que ver con lo que se está imaginando el consumidor.

A través de su web, cualquier persona puede recibir asesoramiento nutricional gratuito para dudas generales, porque entienden que no basta con llegar a un e‑commerce donde todo sea bueno. Sus nutricionistas atienden entre 400 y 500 personas al día.

Luego, para casos más complicados, ofrecen asesoramiento personalizado con veterinarias nutricionistas. Si no encuentran una sola referencia en el mercado que se adapte a lo que necesita tu perro, ellas formulan un menú con sus analíticas, histórico y objetivos.

Milo y Lola

Todos los productos que venden son naturales, teniendo en cuenta que Claudia nunca le pondría a un pienso esa etiqueta. "No olvidemos que es un ultraprocesado. Mi objetivo es que en algún momento la gente deje de darle pienso a sus animales".

De hecho, ahora empezarán a sacar su propia línea de alimentación natural: platos de carne con los porcentajes adecuados de carbohidratos y suplementación.

"Hemos hecho una innovación que nos parecía muy necesaria: la comida natural de marcas comerciales normalmente necesita frío, congelador. Nosotros, mediante tecnología, hemos conseguido anular las bacterias que pueden crecer dentro de la bolsa y que se mantenga a temperatura ambiente".

La nueva línea, Milo y Lola, en honor a sus gatos, estará disponible dentro de un mes, para que cada vez más personas se puedan acercar a una dieta más adecuada, total o parcialmente, para sus animales.