Asturias se ha convertido en un símbolo de los cambios demográficos y sociales que atraviesa España. En esta comunidad, el número de perros supera con creces al de niños menores de 15 años, una realidad que dibuja una fotografía muy elocuente: menos nacimientos, población envejecida y un papel cada vez más central de los animales de compañía en los hogares.
Según los últimos datos disponibles, en Asturias hay algo más de 212.000 perros censados frente a menos de 100.000 menores de 15 años. Esta proporción implica que, por cada niño, hay más de dos canes registrados. La tendencia no es anecdótica ni se limita a zonas rurales: se extiende por la mayor parte de los concejos y se acentúa en los grandes núcleos urbanos, donde el fenómeno se hace especialmente visible.
En Gijón, el municipio más poblado del Principado, se contabilizan en torno a 43.000 perros frente a unos 26.000 menores de 15 años. En Oviedo, la capital, las cifras se sitúan en aproximadamente 32.000 perros por unos 24.000 menores. La brecha, lejos de ser marginal, se mide en miles de individuos.
Estos datos reflejan no solo la popularidad de las mascotas, sino también el cambio profundo en la estructura de la población y en las prioridades vitales de muchas familias.
Una pirámide poblacional invertida
La lectura demográfica de estas cifras es clara: Asturias es una de las regiones más envejecidas de España y de Europa, con una natalidad muy baja y una pirámide poblacional invertida. Cada vez nacen menos niños, mientras que la generación de mayor edad se mantiene o crece en proporción. En este contexto, los animales de compañía, especialmente los perros, han ido ocupando un lugar protagonista en el día a día de los hogares.
La transformación no es únicamente numérica. El auge de las mascotas se entrelaza con cambios en los modelos de convivencia. Los hogares unipersonales aumentan, las parejas tienen menos hijos o retrasan la maternidad y la paternidad, y muchas personas encuentran en los animales un apoyo afectivo y una forma de compañía estable.
Para una parte de la población, el perro no es solo un animal doméstico, sino un miembro más de la familia. Este nuevo mapa social también tiene implicaciones prácticas.
El incremento del número de perros plantea retos en materia de convivencia urbana, espacios públicos, servicios veterinarios, regulación y bienestar animal. Al mismo tiempo, genera oportunidades económicas ligadas a un sector en crecimiento: alimentación especializada, seguros, residencias caninas, adiestramiento, servicios de paseo o atención veterinaria avanzada.
Una nueva sensibilidad
Pero detrás de las estadísticas, late una pregunta de fondo: ¿qué dice de una sociedad que tiene más perros que niños?
Algunos expertos interpretan este fenómeno como una señal de alarma sobre el futuro demográfico de la región, con un relevo generacional insuficiente para sostener el sistema de pensiones, los servicios públicos y la actividad económica. Otros subrayan que también refleja una nueva sensibilidad hacia los animales y una forma distinta de entender los afectos y la familia.
En cualquier caso, Asturias se ha convertido en un espejo anticipado de tendencias que ya asoman en otras partes de España y de Europa: menos infancia, más soledad, más animales de compañía y una redefinición constante de qué significa hoy hogar y familia.
El desafío para los poderes públicos será gestionar este cambio sin perder de vista la necesidad de reequilibrar la balanza demográfica, mientras la sociedad se acostumbra a una imagen cada vez más común: parques llenos de perros donde, poco a poco, se ven menos niños jugando.
