En la imaginación colectiva se ha asumido que un año humano equivale a siete años de un perro. Sin embargo, esta idea no es cierta y no se corresponde con la realidad biológica de estos animales.
No tiene una base científica, sino que fue una aproximación divulgativa antigua. Si fuera correcta, un perro de 15 años sería como un anciano de 105 años y muchos perros a esa edad no muestran un nivel de envejecimiento tan extremo.
Se suele decir que los perros "viven el tiempo más rápido" que los humanos y, en efecto, envejecen y maduran mucho más deprisa que nosotros, sobre todo en sus primeros años. De hecho, su esperanza de vida suele situarse aproximadamente entre los 10 y los 15 años, según tamaño y raza.
Un reloj vital discontinuo
Aun así, su reloj vital no es siete veces más rápido que el nuestro. El envejecimiento de los perros no es lineal: los primeros años cuentan más en términos humanos y después el ritmo se vuelve más estable.
Las investigaciones modernas confirman que el envejecimiento canino no suma la misma "edad humana" cada año. Los perros crecen con gran rapidez al principio: el primer año de vida puede equivaler a unos 15 años humanos, dependiendo del estudio y del tamaño del animal.
El segundo año los situaría aproximadamente en unos 24 años humanos y, a partir de ahí, cada año canino añade alrededor de 4–5 años humanos. Además, los perros pequeños tienden a envejecer más despacio tras esos primeros años.
El tamaño
Los de tamaño mediano envejecen a un ritmo intermedio, mientras que los grandes suelen tener una esperanza de vida más corta y muestran signos de vejez antes.
En apenas unas semanas, un cachorro pasa de ser un recién nacido indefenso a un animal capaz de moverse, socializar y empezar a aprender, cambios tan rápidos que, en términos humanos, equivaldrían a varios años de desarrollo.
Los perros pequeños pueden vivir más tiempo, en torno a 14–16 años, y a los 10 años se encuentran en una etapa similar a la de una persona de unos 56–60 años. En cambio, los 7–8 años de un perro grande se aproximan a la edad de 60–65 años en un humano.
Las fases de la vida
Estos cálculos no son una equivalencia matemática exacta, pero ayudan a entender en qué fase de la vida se encuentra tu perro: infancia, adolescencia, edad adulta o vejez, y a ajustar mejor los cuidados de alimentación, ejercicio, chequeos veterinarios y revisiones geriátricas.
Unos pocos meses de convivencia pueden suponer para ellos una etapa completa. Su tiempo es más intenso y acelerado que el nuestro y, por eso, conviene recordar que debemos vivirlo con atención, cariño y presencia.
