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Hoy es el día del galgo. Cada primero de febrero, en España se celebra el último día de caza. La temporada acaba y los animales son libres, pero es también el momento clave en el que se empieza a abandonarlos.

Los cazadores tienen que esperar hasta que vuelva a empezar la temporada, el 15 de agosto y en este himpás de tiempo hay muchos galgueros que rechazan a los perros que no están muy bien físicamente, que tienen algunas enfermedades o que ya no están aptos para esta actividad.

"Ahora empieza la cascada de abandonos", cuenta Samantha Sacido Siekmann (Madrid, 1970), voluntaria del proyecto educación Galgos del Sol. Los que se han partido una pata, los viejos, los débiles se quedan fuera del juego y fuera de cualquier hogar.

Galgos del Sol

En Galgos del Sol, rescatan animales casi todos los días. Tienen más de 200 galgos, podencos y mezclas de esas razas. Son una organización benéfica con licencia en España, Reino Unido y Estados Unidos.

Luego de años de tener a los perros en tres lugares diferentes, ahora se encuentran alojados en una instalación protegida y legalmente aprobada. Los más de 180 perros residen en celdas con acceso al aire libre e hilo musical.

"Las formas en las que los encontramos son variadas", afirma Samantha. Las hembras se abandonan más mayores, hasta 12 años, porque se usan para criar. Los machos, a partir de dos temporadas de caza, si no valen, están fuera.

En el refugio tienen programas como la "Galgoteca" para educar a los niños a no abandonar y a adoptar. "Explicamos que abandonar es condenar a muerte, porque no es fácil que acaben en una protectora".

Los perros de caza

En España, el galgo es el perro más rápido para coger la liebre. Se utiliza en llanuras como las de Toledo o Extremadura. En Inglaterra tienen el greyhound y en Estados Unidos el american foxhound.

"Para ellos, el galgo es un instrumento, como para un fontanero la llave inglesa". Según cuenta Samantha, el afecto que le tienen a las mascotas no es el mismo hacia un animal que consideran una herramienta.

"Cuando ya no los quieren, los abandonan a su suerte. Son atropellados, se pueden caer en pozos o enferman". En el programa de educación que llevan a cabo con niños de colegios, los voluntarios de Galgos del Sol explican claramente este proceso.

Números falsos

"Las estadísticas nacionales son absolutamente vergonzosas", declara respondiendo a la pregunta sobre cuántos galgos se abandonan al año. "En 2019, los datos oficiales anunciaron que habían abandonado 16 galgos en España".

"Esos números son falsos. Se abandonan miles". Según un estudio publicado por Pacma, en 2022 fueron abandonados 12295 perros usados para la caza. De todos ellos, 5544 eran galgos y 4191 eran podencos. Los restantes (2560) eran de otras razas, sobre todo bracos, pointers y alanos.

Sin embargo, Samantha puntualiza que hay una cláusula importante: un animal no se da por abandonado si no se ve a la persona abandonarlo. "Si esos perros están en búnkeres hacinados o si les pegan un tiro y los tiran a un pozo, no cuenta en la estadística".

"No es posible que digan que son 16 cuando en una sola protectora han entrado 350 en un año, y hay cientos de protectoras". Sin embargo, hasta que los números parezcan ser siempre tan bajos, según el gobierno no merece la pena hacer un programa ni tomar en serio el problema.

Las granjas cinegéticas

En España no existe transparencia con este problema. La experta nos cuenta que existen "realas", conjuntos de podencos que el realero tiene hacinados, y cuando alguien quiere ir a cazar, alquila una reala de 20 podencos.

"Esos perros viven con cadenas de un metro, apenas pueden tumbarse, hasta que se les ocurre ir a cazar". Y hay otra cosa de la que nadie habla: las granjas cinegéticos. En España se crían liebres, perdices y jabalíes en granjas para luego soltarlos.

Esta situación genera una contradicción de fondo que ha suscitado intensos debates sociales y jurídicos. Estos animales están excluidos de la Ley 7/2023 de la protección de los derechos y el bienestar de los animales.

Algunas, como Madrid o la Comunidad Valenciana, han decidido incluir a perros de caza en sus normativas autonómicas. Mientras que otras, como La Rioja, ni siquiera mantienen una ley autonómica de protección animal en vigor, dejando a estos colectivos desamparados.