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Muchos niños —y no tan niños— han fantaseado alguna vez con tener un búho sobre el hombro, mirándoles con ojos amarillos y silenciosos desde la estantería del dormitorio. ¿Quién no ha querido un compañero alado así?

Cósima Ramírez recoge esa imagen en su nuevo vídeo para Mascotario y la confronta con la realidad: el búho perfecto de la ficción choca de frente con el búho real, salvaje, nocturno e imposible de domesticar.

"Antes de que Hedwig se convirtiera en icono global gracias a Harry Potter, y mucho antes de que Arquímedes hiciera lo propio en la película de Disney Merlín el Encantador, los búhos fueron animales altamente cotizados por los dioses y mitos folclóricos como excelentes guardianes del otro mundo", explica Cósima.

Guardianes del otro mundo

Durante siglos se les consideró excelentes custodios de fronteras invisibles entre la vida y la muerte, la vigilia y el sueño, lo conocido y lo desconocido. Sus ojos fijos, su vuelo silencioso y su hábito nocturno alimentaron toda una simbología de misterio y protección.

Cósima se detiene especialmente en una figura: la diosa Atenea. En la iconografía clásica, "Atenea solía ser acompañada por un búho que llegó a representarla y evocaba la luz de la sabiduría en la oscuridad".

Esa pequeña ave en su hombro, o posada en una rama cercana, evocaba la capacidad de ver lo que otros no ven, de orientarse donde reina la sombra y de tomar decisiones guiadas por algo más profundo que la mera fuerza. No es casual que, todavía hoy, el búho se use como símbolo de conocimiento y lucidez.

Precisamente por eso, Cósima comprende la fascinación contemporánea por estos animales: la literatura, el cine y la animación los han transformado en compañeros fieles, mensajeros leales y confidentes silenciosos. Sin embargo, la realidad es otra: "siento informaros —dice– de que, siendo meros mortales, es ilegal tener un búho como mascota".

Solitarios y libres

No se trata solo de una cuestión legal o administrativa, sino de reconocer qué tipo de animal tenemos delante. "Los búhos no son animales domésticos, sino que son solitarios y necesitan muchísimo espacio y libertad para cazar roedores". Son aves rapaces con necesidades muy específicas.

Encerrarlos en una casa, o incluso en un pequeño recinto, supone condenarlos a una vida que no responde a lo que son. No basta con admirarlos; hay que aceptar que parte de su belleza reside en lo indomable.

Podemos disfrutar de ellos desde la distancia respetuosa: observarlos en documentales, apoyar proyectos de conservación, acudir a centros de recuperación de fauna cuando es apropiado, aprender sobre su papel esencial en los ecosistemas como controladores de plagas.

Entre diosas griegas, magos adolescentes y aves nocturnas, Cósima nos invita a revisar nuestros sueños animales y a elegir, conscientemente, qué vínculos merece la pena construir y cuáles es mejor dejar en el reino de los mitos.