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Dicen que el 27 de octubre las primeras almas que regresan son las de quienes nos han amado sin palabras. Esta noche, los perros, los gatos y aquellos que ya no están aquí entre nosotros encuentran el camino de vuelta para venir a visitarnos.

Es la tradicional creencia mexicana según la cual, en esta fecha, las almas de las fieles mascotas regresan para visitar sus antiguos hogares. Para dar la bienvenida a estos visitantes especiales, es costumbre colocar una ofrenda.

"Hay amores que no se apagan con el tiempo, ni con la distancia, ni siquiera con la muerte", afirma May, etóloga felina, en un podcast sobre el tema. Esta tradición mexicana le ha enseñado que la muerte no tiene por qué ser un tabú, sino que también puede ser una forma de amor.

Construir un puente

En estados como Michoacán, Oaxaca y Puebla, cada Día de los Muertos de mascotas se levantan altares que mezclan retratos de familiares con fotos de perros, gatos, conejos y periquitos. "Es una puerta, un puente que se convierte en un acto de amor y agradecimiento".

Para prepararlo, se pueden usar varios elementos con significados profundos. "Las velas son la luz que guía", afirma May. "Y las flores de cempasúchil son esenciales para el regreso de las almas".

El agua calma la sed del espíritu y la comida es la ofrenda que dice: "te estábamos esperando". Dejar un cuenco con agua y algunos bocadillos o croquetas es muy común.

Los juguetes, la correa y la manta son elementos que guardan la energía y la historia de nuestra mascota. Colocarlos en este pequeño altar es una manera de recordar las cosas que amaba cuando estaba en esta vida.

La fotografía

"La fotografía es el elemento más importante. Mientras los recordemos, ellos siguen vivos", afirma. Incluir un retrato de la mascota es una forma de identificar el altar con ese ser querido.

Por último, para purificar el ambiente y facilitar el paso entre mundos, en México se utilizan copal o incienso. Se puede recrear la tradicional mesa escalonada utilizando cajas de cartón y colocar los diversos objetos encima.

"Una mujer me confesó que cada vez que prepara el altar para su perro Chato, quien la acompañó durante 15 años, cuando el copal arde, siente que la casa huele diferente, que el silencio se llena de compañía".

El acto de armar un altar transforma la ausencia en ternura: una forma de decirle a tu antiguo compañero "aquí está tu lugar, por si decides volver a visitarme". La experta asegura que el amor compartido nunca se pierde, solo cambia de lugar, y que la conexión no se rompe, solo cambia de frecuencia.

Transformar la tristeza

Esta festividad, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, se celebra desde hace más de mil años, aunque fue reconocida oficialmente en 2019.

Tiene sus raíces en las cosmovisiones de los pueblos originarios, que concebían la muerte no como un final, sino como un viaje hacia el Mictlán, el inframundo, guiado a menudo por un perro fiel.

Si bien el Día de Muertos fue históricamente una celebración para honrar a los seres humanos, las familias mexicanas comenzaron espontáneamente a extender el ritual a sus compañeros de cuatro patas. "El objetivo de este ritual no es reemplazar la tristeza, sino transformarla en gratitud".

Este concepto se fusionó con las costumbres católicas tras la llegada de los españoles, dando origen a esta festividad. Según la visión mexicana, "la muerte no se llora, se celebra", y este día se convierte en una forma de decir: "te sigo recordando, sigues conmigo".