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Mirada cansada, párpados caídos y bolsas bajo los ojos. Son algunas de las quejas más repetidas en las consultas de cirugía plástica, y la respuesta tiene nombre propio: la blefaroplastia. Esta intervención, que corrige el exceso de piel y las bolsas de grasa de los párpados, vive un auge sin precedentes.

Las pantallas, las redes sociales y una mayor esperanza de vida han disparado el interés por una operación que, según el cirujano plástico Juan Carlos Hijano Mir, no debe banalizarse, ya que “aunque se llame estética, es una cirugía”.

Para el especialista, que pasa consulta en Marbella, el crecimiento de la demanda tiene dos explicaciones claras. Por un lado, cree que se debe a que la población vive cada vez más años y “quiere verse mejor”.

A ello se suma el peso de los móviles y las redes sociales y que “cada vez la gente se ve más en las pantallas y como cada vez nos vemos más, queremos estar mejor”.

El párpado caído o el ojo más cerrado transmiten una sensación de cansancio que muchos pacientes quieren corregir. Además, se trata de una intervención que se realiza siempre de forma ambulatoria, sin ingreso, lo que hace que “asuste menos”.

El resultado, según el cirujano, es que la blefaroplastia figura ya como la cirugía más frecuente del mundo en la última encuesta de la Sociedad Internacional, “por encima incluso de la de pecho”.

El exceso de piel y las bolsas no son un simple detalle estético, sino un problema estructural. Con los años, la anatomía del paciente cambia. “La órbita va alterándose, va abriéndose un poco, se va perdiendo hueso y se pierde el apoyo de la zona de la mejilla. Todo eso afecta a los párpados”, explica

Por eso, aunque existen tratamientos médicos que ayudan, en la mayoría de los casos la solución pasa por el quirófano.

Dos operaciones distintas

La intervención varía según la zona. En el párpado superior, el cirujano retira la piel sobrante y, en ocasiones, la pequeña bolsa de grasa situada en el canto interno, la zona más próxima a la nariz. "Es una cirugía muy llevadera. En una semana ya se han quitado los puntos y prácticamente no te has enterado de que te has operado".

Distinto es el caso de la ptosis palpebral, la caída del párpado por debilidad muscular. "Es más compleja porque hay que trabajar de forma más delicada los musculitos que suben el ojo. No es solo quitar piel".

El párpado inferior entraña más dificultad. Antiguamente se accedía con un pequeño corte bajo las pestañas, atravesando piel y músculo hasta llegar a la grasa. Actualmente, la tendencia es entrar por la conjuntiva, la parte rojiza interior del párpado, y “como la grasa estaba en la última capa, accediendo desde ahí se llega directamente a ella sin tocar el músculo que cierra el ojo”. Durante la operación se coloca un protector ocular especial, porque “la estructura del ojo es muy fina”.

Molesta, pero no duele

La recuperación es más rápida de lo que muchos imaginan. Tras la cirugía, los pacientes deben permanecer en casa, con la cabeza incorporada y aplicando frío para reducir la inflamación.

La operación del párpado inferior molesta algo más, porque irrita la conjuntiva, aunque los pacientes “no se quejan tanto de dolor como de picor”, pero una semana después se retiran los puntos y el paciente puede maquillarse y retomar su vida.

La complicación más habitual es la aparición de algún moratón, que puede durar unos 15 días y se disimula con maquillaje de camuflaje. Aun así, el cirujano insiste en que “nunca es sencilla una operación”.

Entre 2.000 y 4.500 euros

En cuanto al precio, depende de los párpados que se operen, del tipo de anestesia, del quirófano… Según el profesional, el precio de los párpados superiores oscila entre los 2.000 y 3.000 euros; los párpados inferiores cuestan entre 2.500 y 3.500 euros; y una blefaroplastia completa puede tener un coste de 4.500 euros.

La edad más habitual se sitúa entre los 40 y los 50 años, cuando empieza a notarse el paso del tiempo en los párpados. También acuden pacientes más jóvenes, a menudo por rasgos familiares.

No todos son buenos candidatos. Se descarta a quienes sufren patología ocular, a quienes se han operado recientemente de cataratas u otra cirugía ocular, y a personas con problemas de tiroides o exoftalmos, es decir, con el ojo muy saliente.

Existen alternativas para mejorar la zona o retrasar el paso por quirófano. Los neuromoduladores pueden eliminar las patas de gallo e incluso elevar la cola de la ceja: al relajar el músculo que tira de ella hacia abajo, la ceja sube y la mirada se abre.

El ácido hialurónico puede mejorar la ojera, el llamado surco nasolagrimal, aunque está desaconsejado en personas con tendencia a retener líquidos. En algunos casos se emplea grasa del propio paciente. Sin embargo, el límite está en que “si hay un exceso de piel importante, no te lo va a quitar. Necesita la cirugía”.

Otras veces, el problema está en otro sitio. “Cuando viene alguien con la ceja muy caída y me pide que le haga el párpado, le digo que hay que subirle las cejas. Si se empeña en hacerse solo el párpado, no lo opero”, afirma.

Neuromoduladores

Existen alternativas para mejorar la zona o retrasar el paso por quirófano. Los neuromoduladores pueden eliminar las patas de gallo e incluso elevar la cola de la ceja: al relajar el músculo que tira de ella hacia abajo, la ceja sube y la mirada se abre.

El ácido hialurónico puede mejorar la ojera, el llamado surco nasolagrimal, aunque está desaconsejado en personas con tendencia a retener líquidos. En algunos casos se emplea grasa del propio paciente. Sin embargo, el límite está en que “si hay un exceso de piel importante, no te lo va a quitar. Necesita la cirugía”.

Ante la moda de la blefaroplastia, el cirujano lanza un mensaje directo a quien se lo plantea por presión estética: “Tiene que tener el problema para hacerlo. Si no lo tiene, no debe operarse”.

Tampoco acepta encargos a la carta, ya que en muchas ocasiones ha tenido pacientes que le han pedido operaciones para parecerse a alguien. En ese caso, Hijano remarca que los cirujanos plásticos “podemos mejorar a la gente, pero no podemos hacer que se parezca a otra persona”.

Por eso rechaza las valoraciones a distancia, ya que considera que los profesionales tienen que ver a los pacientes en directo y hacer una valoración 100% real.