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Las claves

El diagnóstico de esclerosis múltiple cambia la vida de una persona en cuestión de segundos. Por ello, desde el servicio de Neurología del Hospital Universitario Virgen de la Victoria llevan años intentando explicar que ese primer momento de pánico no tiene por qué definir lo que viene después.

Un equipo de cuatro especialistas y una enfermera actualmente dan cobertura a más de 900 pacientes en la provincia, sumando cada año entre 50 y 60 diagnósticos nuevos. Eso sí, profesionales de la unidad hacen hincapié en que actualmente este diagnóstico "no tiene nada que ver con lo que era hace 20 años".

La enfermedad, de carácter autoinmune, provoca una inflamación del sistema nervioso central que se manifiesta de formas muy diferentes en cada uno de los pacientes. Desde la pérdida de visión, la visión doble o la pérdida de sensibilidad en brazos o piernas, problemas de equilibrio e incluso debilidad muscular.

Se diagnostica, sobre todo, en personas jóvenes con una franja de edad que va de los 20 a los 40 años. Así, según el neurólogo del servicio, Francisco Padilla Parrado, “cuando vemos a un paciente joven con alguno de estos síntomas, una de las primeras cosas que pensamos es que pudiera ser una esclerosis múltiple.

No tiene cura, pero sí control y eso, según el propio especialista, marca una gran diferencia. “Tenemos bastantes tratamientos, tanto de tipo medicamentoso como biológico, que controlan la actividad de la enfermedad. Podemos considerar que están efectivamente bien tratados”, añade. Además, remarca que "la esclerosis no va a ser la protagonista de todos sus pasos y que ellos van a poder hacer una vida prácticamente normal".

Las consultas en el servicio de Neurología

Desde hace tres años, el servicio de Neurología cuenta con una consulta de enfermería específica para esclerosis múltiple. Al frente está Paloma Caro, enfermera de neurología del Clínico, que la describe como un espacio abierto cuatro días a la semana donde el paciente puede hablar de todo lo que le preocupa, no solo de su tratamiento.

El paciente es recibido por primera vez cuando acaba de conocer su diagnóstico”, sostiene Caro. A partir de ese momento, el seguimiento es mensual, presencial o por teleconsulta para quienes viven fuera de la capital y no pueden desplazarse.

Además, disponen de un teléfono y correo electrónico para que puedan contactar con el equipo en cualquier momento.

En cuanto a los miedos al recibir este diagnóstico, van más allá de la medicación porque “al principio les preocupa el tratamiento, la adherencia, los efectos secundarios y el cómo integrarlo en sus etapas vitales como el embarazo”.

En este punto, Caro incide en la necesidad de que los pacientes hagan ejercicio físico, una buena alimentación, descansen y controlen el estrés. “Hay mucha evidencia del impacto positivo del ejercicio y el estrés está totalmente relacionado con un posible empeoramiento”, subraya Caro.