Las claves
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Abril es el mes del autismo. Los edificios se iluminan de azul, las redes sociales se llenan de mensajes de apoyo y la palabra “concienciación” se repite hasta casi perder sentido. En cambio, detrás de esa visibilidad creciente, quienes trabajan y conviven con el autismo coinciden en que necesitan más apoyos.
El autismo no es una realidad homogénea, sino un espectro amplio con perfiles diferentes. Hay personas con grandes necesidades de apoyo y otras completamente autónomas que trabajan, estudian y hacen vida independiente.
Al hablar del número de diagnósticos, durante años se ha manejado la cifra de que el 1% de la población tiene autismo. Esto significa que, aproximadamente, en la provincia de Málaga hay más de 20.000 personas con autismo.
De este total, alrededor de 6.000 residen en la capital, según los datos estimados que barajan en la Fundación Autismo Sur, que acompañan a más de 400 personas y a sus familias. Además, en Andalucía serían ya más de 100.000 personas con autismo.
Los casos no dejan de crecer, ya que, por un lado, hay una mayor capacidad diagnóstica y mejor comprensión del trastorno y, por otro lado, hay quien apunta a factores ambientales como posible causa de ese incremento.
En este punto, Francisco Guerrero, director de la Cátedra de Autismo de la Universidad de Málaga, sostiene que ya expertos alertaron en 1977 de que se estaba produciendo un “aumento exponencial” de neurotóxicos y agrotóxicos.
Esto podría derivar en que cada vez más personas nacieran con autismo, sobre todo a partir de 2015-2016 porque "la presencia de estas partículas sería inasumible para los embriones y nacerían muchas personas no solamente con autismo sino con problemas neurobiológicos”.
Más allá de los datos y las hipótesis, hay una realidad compartida por muchas familias que consiste en asumir costes y responsabilidades desde apoyos educativos individuales hasta orientación básica.
En este sentido, Luciano Alonso, presidente de la Fundación Autismo Sur, señala que hay miles de casos diferentes de autismo. Por ejemplo, hay usuarios que trabajan en entornos ordinarios como una tienda especializada en cómics en la capital, donde desarrollan su actividad con normalidad y con los apoyos adecuados.
Sin embargo, esa normalidad choca con un sistema que no siempre está preparado, según Alonso que incide en que uno de los principales problemas se encuentra en el ámbito educativo. “No es que no puedan, es que el sistema no se adapta a ellos”, señala.
Además, también expone que el salto a la vida adulta tampoco es sencillo, puesto que las tasas de desempleo superan el 90%, pese a que numerosos autistas tienen capacidades perfectamente válidas para el mercado laboral.
Por tanto, Alonso hace hincapié en la necesidad de que las administraciones públicas deben adaptar los diferentes entornos, flexibilizar dinámicas y ofrecer acompañamiento.
