"Hace casi cinco años me jugué la vida en un cayuco, me puse a vender imitaciones por Marbella y ahora esas marcas, las de verdad, me contratan como modelo; parece de broma, pero es verdad", cuenta con una sonrisa Cheikh Kane, aún incrédulo por todo lo que la vida le está dando tras tanto sufrimiento. Su lema es que ha pasado de la patera, a la pasarela.
"Mis amigos encuentran mis trabajos en tiendas de Europa y me mandan fotos, ¿no es increíble?", añade. La distancia entre esas dos vidas, la del vendedor ambulante migrante y la del rostro estrella de firmas como Adidas, Nike, Ralph Lauren o Cartier, es el punto de partida de Una casa para mi madre (Plaza & Janés), el libro que Kane ha escrito junto a la periodista malagueña María Albarral.
"Es un regalo, es mi hermana, my sister", dice Kane de Albarral, bien sabedor de que la malagueña ha sido uno de sus salvavidas en España. Albarral y Kane se conocieron el año pasado en el puerto de Marbella, donde ella cubría para Diario Sur una polémica entre la Policía Local y los manteros.
No encontraba a ninguna fuente y se acercó a él para preguntarle si era mantero. "No, no, yo no soy mantero, yo soy modelo", le respondió él muy serio, dejándola perpleja. De aquella conversación surgió una entrevista y, después, una amistad que ambos describen hoy como una relación de hermanos. "Es la más importante para mí aquí en España", dice Kane sobre ella.
La conexión entre ambos venía reforzada, además, por otro motivo. Albarral se encontraba en un proceso de adopción en Senegal, y aquella coincidencia abrió aún más la conversación entre los dos aquel día en Marbella. Así, la periodista terminaría viajando al país de Kane no solo para escribir el libro, sino con una relación previa especial con esa tierra.
Para relatar de forma adecuada la vida de Cheikh, Albarral quiso ponerse en su piel. Se montó en un cayuco a 50 metros de la orilla, sabiendo que en unos días cogería un avión para volver a su casa de la Costa del Sol.
Aun así, dice que se le puso la piel de gallina y que llegó a llorar. "No me quiero imaginar lo que tiene que ser ese momento de hambre y desesperación de tirarte con ese trozo de madera húmeda a mar abierto", confiesa. "Es horroroso, inimaginable".
Kane lo vivió de verdad durante 10 días, entre tiburones, delfines y el miedo constante a no llegar con vida a una nueva orilla. "Ese viaje fueron los 10 días más duros de mi vida", incide siempre en cada entrevista. "Sentí un terrible miedo y duro, muy duro. Aun sabiendo lo que viviría en España nunca volvería a montarme en ese cayuco, nunca en la vida", declara.
El título del libro, Una casa para mi madre, nace de la infancia de Kane. Su madre, tras divorciarse de su padre, vivía sin techo propio, refugiada en casas abandonadas, y vendía plátanos ambulantes para poder alimentar a sus hijos.
Su padre tiene 4 mujeres y 17 hijos en total, y Kane, el único varón, sentía la responsabilidad de sacarla adelante. "Yo veía eso y lloraba mucho", recuerda. "Decía: cuando sea grande, mi sueño es comprarle una casa a mi madre".
Ambos, durante el viaje.
Ese sueño fue lo que lo empujó a subirse a la patera. Nunca fue a la escuela, solo a la Daara, el aulario donde los niños estudian el Corán, y pese a ello habla español, inglés, francés, wólof y algo de árabe. Su país, insiste, es rico en recursos naturales, con oro y petróleo, pero sin oportunidades ni futuro para los jóvenes. Le impacta cómo la edad le ha permitido ver la situación de Senegal desde otro prisma. No entiende cómo en un país así, muchos de sus niños no tienen absolutamente nada, como a él le pasó.
La llegada a España, en diciembre de 2021, no fue el final del sufrimiento, sino el principio de otro tipo de lucha. "Tú piensas que al llegar va a ser todo superfácil, y no", explica Kane. "Al no tener los papeles ni el permiso de trabajo no tienes acceso a nada, ni al hospital ni a trabajar legalmente".
Sin documentación, encadenó empleos precarios: venta ambulante de productos falsificados, trabajos en el campo ubicados en la provincia de Jaén, fregar platos en bares... "No me gustaba, me daba vergüenza correr cuando venía la policía, pero tenía que sobrevivir y mandar dinero a mi familia", cuenta.
Tuvo que esperar 3 años sin antecedentes ni problemas con la ley para poder regularizar su situación, un tiempo en el que, según explica, cualquiera podía pagarle lo que quisiera por el simple hecho de ser irregular.
Una imagen de Cheikh, a la izquierda, cuando era pequeño.
El giro llegó cuando trabajaba como relaciones públicas en un local del puerto de Marbella, llamando la atención del público para que entrara a tomar algo. Allí coincidió con el fotógrafo Aleksander Santos (que pone imagen a la portada), que le preguntó si se dedicaba al modelaje.
Kane no tenía ni idea de ese mundo. Santos le hizo unas fotos y las subió a redes sociales. "Y ahí empezó la magia", resume Kane. "Aleksander me enseñó cómo moverme, cómo mirar. Yo solo aprendí observando". Sin formación ni escuela, empezaron a llamarlo primero fotógrafos y después agencias, hasta desfilar y posar para campañas internacionales sin haber pisado nunca una academia.
Hoy compagina las pasarelas con la promoción del libro. Acaba de desfilar en la Fashion Week de Madrid y tiene citas pendientes en 080 y en Milán. También ha desfilado para Cartier y ha aparecido en portada en la edición italiana de Vogue.
Sigue alucinando cuando amigos le envían fotos suyas colgadas en tiendas de París, Berlín o Madrid. "Yo decía: no, es que eso no, eso no es verdad", recuerda. Ni siquiera su madre se lo creía al principio. "Pensaba que le estaba gastando una broma", cuenta Kane, "hasta que al final dijo: pues va a ser verdad que el niño se ha hecho modelo".
El proceso de escritura del libro duró 6 meses. Albarral y Kane viajaron durante 21 días a Senegal para reconstruir la historia sobre el terreno. El resultado combina dos voces en primera persona: la de Kane, que narra su propia travesía, y la de Albarral, que cuenta el viaje que hicieron juntos desde la mirada de una europea.
Para completarlo, Albarral realizó 79 entrevistas a Kane. "Cada vez que abría la boca me daba un capítulo", cuenta la periodista. "Era: venga, hay que llamar a la editorial, esto hay que meterlo también".
El libro está dedicado a las personas que pierden la vida en el mar durante la travesía migratoria, algo que Albarral vivió de cerca en Senegal. Al verla blanca, cuenta, varias personas se acercaban a preguntarle de dónde era, y el comentario se repetía.
"Yo tengo un hijo que murió en la patera. Yo tengo un hijo que lo intentó y perdió la vida". La periodista recuerda también lo doloroso de los funerales que las familias acaban celebrando, a veces un mes después, cuando ya no hay noticias y asumen que no volverán a saber de ellos.
María, Cheikh y Miguel Poveda, en la presentación.
El lanzamiento del libro coincidió con la explosión de la crisis migratoria de Ceuta, lo que provocó la cancelación de una gala benéfica que Albarral y Kane habían organizado a favor de un orfanato de Dakar.
Habían reunido a personajes del mundo de la moda y de la música para una pasarela benéfica, con marcas patrocinadoras detrás de un fotocol cuya recaudación iba destinada al orfanato. La mayoría de esas marcas se desvinculó del evento de un día para otro. "Es tremendamente injusto que paguen 103 bebés las consecuencias de un tema que es absolutamente político", lamenta Albarral.
En medio de ese silencio, el cantante Miguel Poveda acudió por sorpresa a la presentación del libro en la Casa de la Cultura para mostrar su apoyo, ya que estaba dispuesto a ir a la gala y, ante la cancelación, decidió acudir a apoyar a Albarral y Kane a la Casa de la Cultura.
Durante el acto recitó unos versos de Federico García Lorca sobre la importancia de dar voz a quienes no la tienen. "Le estamos eternamente agradecidos", dice Albarral. Los autores mantienen habilitado un código de donativos por Bizum (07623, con la palabra "casa") para seguir recaudando fondos para el orfanato.
Ambos están felices, porque el libro cuenta una historia muy dura, pero que saben que puede ayudar a muchos otros Kanes que hay repartidos por África, con muchos sueños que cumplir. Cheikh está pletórico. No para de sonreír en toda la entrevista. Cuando va llegando el final, mira a su compañera. Y su compañera lo mira a él. "Hay interés de llevar la historia de Cheikh al cine", suelta, a modo de bomba, Albarral.
Varias productoras están interesadas en la historia, aunque aún no se ha cerrado ningún acuerdo. A la pregunta de si le apetecía ser protagonista, Cheikh asiente con la cabeza. "¡Él estaría encantado! Le encantan los retos", pronuncia la periodista. Kane se muestra totalmente entregado a estudiar y prepararse todo lo necesario para rodar el filme, e insiste en que nadie mejor que él puede escenificar la dureza de todo lo que ha vivido.
Hoy Kane vive en Marbella, trabaja "de forma legal, cotiza y paga impuestos", y sigue enviando mes a mes dinero a su familia, el objetivo que tenía desde el momento en que decidió jugarse la vida en el mar. "Lo más importante es que puedo ayudar a los míos", ha explicado. "Todo esto empezó por ellos".
Albarral compara lo que vivió en Senegal con los relatos que le contaba su abuela sobre la España de la posguerra, también marcada por la emigración: el agua de los pozos, las calles sin asfaltar, el petate para irse a buscar comida a otro país. "Nosotros hemos sido un país emigrante", reflexiona.
Albarral defiende que el libro llega en un momento clave. "Es importante leerlo por la situación histórica que estamos viviendo", sostiene. "Es una píldora contra el odio". Para la periodista, ponerse en la piel de quienes arriesgan la vida en el mar ayuda a comprender por qué lo hacen, y también invita a los medios a revisar cómo cuentan estas historias.
"La historia es cíclica, y qué menos que tratar bien a esas personas que llegan y, sobre todo, comprender. A nadie le gusta dejar su casa, sus costumbres, a su madre y a sus primos para irse a un país donde no conoce ni la lengua y tiene que empezar de cero. Ojalá fuésemos un poco más empáticos y nos metiéramos en la piel de los demás", concluye.
