Casas blancas, calles empinadas y un castillo del siglo XVI cuyo patio de mármol está hoy en el Metropolitan de Nueva York. Así es Vélez-Blanco, un pueblo con mucho encanto e ideal para recorrer a pie en el norte de Almería.
El municipio se encuentra a las puertas del Parque Natural Sierra María-Los Vélez, y limita con Granada y Murcia. A los pies de su imponente castillo está el barrio de la Morería, con la iglesia de la Magdalena, levantada sobre una antigua mezquita y que conserva su torre campanario.
En la parte baja merece la pena ver la fuente de Caños de Caravaca, del siglo XVIII y decorada con azulejos de colores. La iglesia de Santiago Apóstol se empezó a construir bajo el primer marqués de los Vélez, en cuanto terminaron las obras del castillo, en torno a 1512.
Para las mejores vistas del castillo y del pueblo, hay un mirador en el cercano collado de las Arenas. Un buen punto de partida es el Almacén del Trigo, el centro de visitantes de la avenida Marqués de los Vélez.
El castillo es la razón de que mucha gente se desvíe hasta aquí. Pedro Fajardo y Chacón mandó a construirlo en 1506 y fue terminado en 1515.
Se levantó sobre una antigua alcazaba musulmana y se concibió como fortaleza por fuera, pero con la distribución y la función de un palacio por dentro.
Fue declarado Bien de Interés Cultural ya en 1931. Según se cuenta, las obras empezaron con aire gótico y cambiaron al Renacimiento italiano después de que el marqués visitara el castillo de La Calahorra, en Granada.
Su historia tiene un episodio amargo. A principios de 1904 los duques de Medina Sidonia vendieron el patio de honor, con sus relieves de mármol blanco de Macael, a un francés llamado J. Goldberg.
En 1941 el Metropolitan Museum de Nueva York adquirió las fachadas del patio, y allí se exhiben hoy. En el castillo no hay un patio de mármol que lo sustituya. Lo que sí hay es una réplica digitalizada en tres dimensiones, que la Junta recibió en 2008, y una exposición con maquetas sobre la historia del castillo.
Desde 2002, Vélez Blanco es uno de los tres conjuntos histórico-artísticos declarados por la Junta de Andalucía en la provincia de Almería. El casco antiguo también conserva numerosas casas señoriales, muchas de ellas con escudos nobiliarios en sus fachadas. Las calles empedradas y el trazado medieval del centro histórico ofrecen un ambiente muy especial para pasear y disfrutar del patrimonio arquitectónico del pueblo.
Quien tenga más tiempo puede acercarse a la Cueva de los Letreros. Allí se descubrió la figura del indalo, que se ha convertido en el símbolo más representativo de Almería, y forma parte del conjunto de arte rupestre del Arco Mediterráneo, Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Para organizar la visita, el castillo abre de miércoles a domingo, con entrada gratuita. La visita a la Cueva de los Letreros cuesta 2 € para adultos y 1 € para niños hasta 14 años.
