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Las claves

Quien piensa en Jaén suele pensar en olivos, y con razón. Pero esta provincia también tiene una de las mayores concentraciones de castillos de Europa, y uno de los mejores está en un pueblo pequeño, llamado Baños de la Encina.

Sobre el pueblo se alza el castillo de Burgalimar (Bury al-Hamma, en árabe), que National Geographic incluye entre los más antiguos del continente. Lo mandó levantar en el año 968 el califa cordobés Alhakén II, que necesitaba reforzar la frontera norte de Al-Ándalus.

Su antigüedad le ha valido un reconocimiento poco común. La Comisión Europea le permite exhibir la bandera de la Unión, un privilegio que, entre los castillos, solo comparte con el Palazzo Vecchio de Florencia.

Los muros son de tapial, una técnica muy extendida en el mundo andalusí. Se mezclan arcilla, arena, cal y piedra pequeña, y esa mezcla se apisona por tramos.

Da al conjunto ese color rojizo tan característico, y además construir así era rápido y barato, justo lo que se necesita en una plaza fronteriza.

El castillo tiene dos entradas. La principal es la más evidente. La otra, al noroeste, es un postigo bajo y discreto por el que se entraba y salía descolgando una escala de mano.

La versión oficial data la construcción del castillo en el siglo X, aunque algunos investigadores lo consideran almohade. El Atlas de Arquitectura Almohade, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, sostiene que pasó a poder de los almohades en 1157, que Alfonso VIII lo tomó en 1189, que los almohades lo recuperaron en 1212 y que Fernando III lo conquistó definitivamente en 1225.

Tras el castillo, conviene pasear por el casco urbano, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1969. Entre los edificios destacan la iglesia de San Mateo, la Casa Consistorial, el Palacio de los Molina de la Cerda, el Palacio de Priores y la Casa de los Herrera Cárdenas, junto a otras casonas señoriales.

Baños de la Encina está a los pies de Sierra Morena, muy cerca del Parque Natural Sierra de Andújar, un paraje de gran valor ecológico donde los aficionados a la ornitología pueden pasar horas.

Más cerca aún está el embalse del Rumblar, perfecto para hacer senderismo, salir en piragua o pescar.

Qué comer

La cocina local es de sierra y de monte. Entre los platos más típicos están las gachas serranas, de harina de maíz, ajo, pimentón y agua. También son muy conocidos los andrajos, un guiso con carne de caza, normalmente conejo o liebre.

Migas, siempre presentes en la mesa serrana, y carnes de monte como ciervo, jabalí o perdiz, guisadas o al horno.

Para el postre, hay ochíos (bollos que pueden ser dulces o salados), roscos de anís y pestiños.