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Hay que ser un verdadero portento para ser la número uno en el EIR (Enfermero Interno Residente), el MIR de los enfermeros. El año pasado se presentaron casi 10.000 personas de toda España para algo más de 2.000 plazas, por lo que hay una plaza de enfermero/a residente por cada cinco aspirantes.

Marina Garrido, de Almería, fue la primera de la lista en la convocatoria del año pasado, tras formarse específicamente en PlanEIR del Grupo Metrodora. Ha pasado un año y en este diario hemos querido saber qué está haciendo, dónde y cómo se está sintiendo.

Hay, como todo en la vida, luces y sombras. Muchísimas horas de trabajo y poco sueldo, aunque también la gratificación de estar en un aprendizaje continuo.

Garrido está realizando la residencia en la UDM del Hospital Clinic de Barcelona. Recuerda que cuando se enteró de que había sido la número uno en el EIR de 2025 "fue un momento muy feliz y, al mismo tiempo, un poco desconcertante".

Marina Garrido, la número 1 del EIR de 2025. Cedida

Asegura que "la residencia es bastante parecida a como la imaginaba", aunque subraya que "lo que más me ha sorprendido es la rapidez con la que tienes que aprender e integrar conocimientos y habilidades en la práctica diaria".

También detalla que le ha llamado la atención "la diferencia que existe entre comunidades autónomas, especialmente en Atención Primaria, ya que en Cataluña el funcionamiento es muy distinto al de otras comunidades como Andalucía", de donde Garrido es originaria.

¿Qué está haciendo?

Garrido está principalmente atendiendo a mujeres gestantes, aunque también ve a usuarias con consultas ginecológicas.

Durante este primer año están acompañadas y supervisadas por una matrona. En las salas de partos hacen turnos de 12 horas, de día o de noche, entre semana y fines de semana.

En las unidades de atención primaria dedicadas a la salud reproductiva o en las plantas de hospitalización está en horario de mañana de lunes a viernes.

Horario y sueldo

La jornada oficial es de 37,5 horas a la semana, pero Garrido explica que están "obligadas" a hacer al menos una guardia mensual de 12 horas con un máximo de cuatro al mes.

"A esto se suman horas extra no reconocidas dedicadas a la formación teórica, ya que tenemos un día semanal de clases, además de cursos obligatorios, preparación de sesiones clínicas y trabajos relacionados con la residencia que en muchas ocasiones se realizan fuera del horario laboral", detalla.

El sueldo varía en función del número de guardias que se hagan, pero con una guardia extra al mes cobra 1.200 euros netos al mes.

"Poco reconocidos y mal cuidados"

Garrido no tiene pelos en la lengua a la hora de expresar en qué situación están los enfermeros internos residentes. Afirma que la residencia le compensa a nivel formativo "por todo lo que se aprende", pero desde el punto de vista económico es un desastre.

"Considero que la residencia está bastante mal remunerada, ya que se invierten muchas más horas de las que están reconocidas oficialmente. Se puede llegar a cobrar casi la mitad de lo que se cobraría trabajando como enfermera, lo que hace que a nivel económico no resulte compensatorio", destaca.

La enfermera lamenta que, en líneas generales, "los residentes estamos poco reconocidos y bastante mal cuidados".

"Aunque existe acompañamiento y supervisión, la realidad es que muchas veces asumimos una carga asistencial elevada y una responsabilidad que no siempre se corresponde con el reconocimiento ni con las condiciones laborales. Es un periodo que, si no fuera obligatorio para poder llegar a ser especialista, probablemente muy pocas personas aceptarían realizar la residencia en estas condiciones", comenta tajante.

No obstante, Garrido sí deja claro que "estoy muy contenta con la elección que hice y, si volviera atrás, volvería a escoger la misma especialidad y unidad docente".

Trabajar para vivir

Con 1.200 euros netos al mes es difícil vivir en ciudades como Barcelona, en la que actualmente reside.

"Con el sueldo actual y en la ciudad en la que vivo, considero que es prácticamente imposible ahorrar lo suficiente como para independizarse sin tener que compartir piso con otras dos o tres personas o depender de la familia. Se puede ahorrar algo más a costa de realizar más guardias, lo que te deja sin tiempo para poder tener vida social más allá del trabajo", lamenta.

Garrido se descarga emocionalmente hablando con compañeras que están en la misma situación, haciendo deporte y yendo a su Almería natal cada vez que puede.

Demasiado romántico

Le preguntamos a Marina Garrido qué le hubiera gustado que le contaran sobre el año después del EIR que casi nadie cuenta. La vida real. Y vuelve a ser clara.

"Me habría gustado que no se romantizara tanto la residencia. En redes sociales muchas veces parece que todo es bonito y, aunque es cierto que hay muchos momentos buenos y que es una etapa de crecimiento personal y profesional muy importante, también hay momentos duros", expone.

Garrido añade que "la presión asistencial, la necesidad de aprender y aplicar muchos conocimientos en poco tiempo, la responsabilidad no siempre reconocida y las condiciones laborales hacen que no todo sea felicidad, por mucho que nos guste el trabajo que realizamos y estemos orgullosas de haber llegado hasta aquí".

España o el extranjero

En Europa hay una demanda continua de médicos y enfermeros españoles. Están bien formados y, teniendo en cuenta la situación que está describiendo Garrido, la tentación de sueldos mayores es alta.

Por ahora, Garrido dice que quiere trabajar en España cuando termine la residencia, pero en una comunidad que le ofrezca "condiciones laborales aceptables". Si no, abre la puerta a irse al extranjero.

"No deberíamos aceptar condiciones laborales pésimas por vocación, aunque resulta injusto tener que marcharnos por un sistema que no reconoce nuestro trabajo", subraya.