Puede que la pandemia haya cancelado por segundo año consecutivo las procesiones de la Virgen del Carmen en las costas malagueñas, pero el fervor por ella en el litoral se mantiene. La fe en esta advocación se transmite intergeneracionalmente, de abuelos a nietos, y -como, a falta de pan, buenas son tortas- puede utilizarse este parón forzado para preguntarse dónde tiene su origen esta tradición marinera.

El investigador malagueño José Antonio Barberá se remonta varios milenios atrás en su libro El Palo. La pesca, industria y gente para recuperar una protoprocesión del periodo neolítico que involucraba a la diosa Noctiluca, venerada en la cueva/santuario del Higuerón, y pudo servir de precedente.



"El desaparecido catedrático don Juan Malaquer de Motes refería a sus alumnos, entre quienes se encontraba el apreciado amigo licenciado en Historia Gonzalo González, que el culto que se le daba a la mencionada Noctiluca era de origen semita, libio-fenicio", explica Barberá en su libro.



"Una vez al año, posiblemente en el mes de octubre, por coincidir con el plenilunio, desde su santuario la imagen de la diosa era transportada en andas por los únicos y altos caminos de los acantilados desde el atardecer del día hasta el amanecer del siguiente", señala en su obra, imprescindible para los amantes de la historia microlocal, y subraya que los fieles "llegaban prácticamente hasta la misma playa de El Palo". Suena algo familiar. 



José Antonio Barberá defiende que se pudo producir "una adaptación de la idolatría al cristianismo, en el que fue cambiado el nombre de la deidad por el de vírgenes adoradas por el catolicismo".

Carmen, ¿madrileña?

Desafortunadamente, los historiadores no pueden preguntar a los fenicios la aproximación a la verdad de esa historia, pero sí pueden tratar con fuentes directas de eventos más recientes en la infinidad del tiempo: por ejemplo, el origen de las actuales imágenes de la virgen del Carmen.



En este caso, es el investigador Joaquín Ruano -coautor de El Valle de las Viñas de Miraflores del Palo- el que ha recuperado el relato sobre cómo llegó la actual imagen mariana del barrio marinero por antonomasia de Málaga: El Palo. Esta historia empieza con el marqués de Mondéjar, un noble de la primera mitad del siglo XX que vivía en Madrid, pero poseía propiedades en la zona malagueña de Pedregalejo.



María Carretero García, hija adoptiva del marqués, formó pareja con el telegrafista paleño Salvador Chaparro Heredia y se quedó a vivir en el barrio de él. Desde allí, le narraron al noble el saqueo y quema de la iglesia de El Palo a principios de la II República, de la que solo se salvó la imagen de la Virgen del Rosario.



"Al poco tiempo, María recibió dos cajas de madera. En su interior venía una imagen de la Virgen del Carmen: aquello la conmovió tanto que, cuando abrió la caja y vio la imagen, la primera expresión fue más bonita que la de una novia. No tardó en entregársela al párroco de la iglesia", narra Joaquín Ruano a este periódico, señalando al marqués como remitente del envío.



"Gracias a este gesto tan emotivo, El Palo mantiene su tradición marinera y la devoción a la virgen del Carmen", concluye Ruano, al que le llegó la historia gracias al testimonio de los hijos del matrimonio de María y Salvador. Trazos de mitologías de barrio que hacen que un 16 de julio sin procesiones del Carmen sea más soportable. 

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