Volvíamos en el tren desde Madrid cuando mi hija me confiesa que está triste: “Mamá, solo tengo 13 años y creo que seguramente ya haya ido al mejor concierto de mi vida”. No pude evitar reírme por el razonamiento.
Aún estábamos con la resaca del espectáculo que vivimos la noche anterior en Macondo, la ciudad que Shakira ha erigido en Madrid para su residencia europea de Las Mujeres Ya No Lloran World Tour. Un tour que habla de resiliencia, de salir más fuerte de las caídas y de curar las heridas.
Un espectáculo que muestra a una artista apoteósica a sus casi cincuenta años. Dos horas y media de baile y canto ininterrumpidas en las que no se la ve ni despeinarse, por momentos dudo si la IA tiene algo que ver con el hecho de que sea la única del cuerpo de baile que no suda.
Y mientras habla de sus comienzos, de sus caídas y de su renacimiento, todos nos acordamos “claramente” de su ex, pero creo que ella también tiene otras cuentas pendientes con Madrid. Su historia con Hacienda.
En mayo de este año, la Audiencia Nacional dio la razón a la cantante en uno de los capítulos de esta larga historia. El tribunal concluyó que Hacienda no había conseguido acreditar que Shakira fuera residente fiscal en España durante 2011 y anuló las liquidaciones y sanciones que se le habían impuesto por aquel ejercicio. La cantidad reclamada, entre liquidaciones y sanciones, rondaba los 55 millones de euros, a los que se sumarían intereses. Hacienda, eso sí, ya ha anunciado su intención de recurrir la decisión.
La clave estaba en los famosos 183 días. Pero reducir el asunto a contar días sería demasiado sencillo. La residencia fiscal no depende únicamente de contar días. La normativa española contempla distintos criterios y, junto al número de días de permanencia, entran en juego cuestiones como dónde se encuentra el núcleo principal de las actividades económicas o determinadas circunstancias familiares. Y ahí es donde el caso se vuelve especialmente interesante.
La fiscalidad internacional exige algo más que hacer números. Exige anticiparse, documentar, entender dónde se desarrolla realmente la vida de una persona y, sobre todo, no dejar para mañana decisiones que pueden terminar teniendo consecuencias millonarias.
Cuando un cliente se traslada de país, trabaja desde distintos lugares, mantiene viviendas en varios territorios o desarrolla su actividad profesional internacionalmente, la pregunta “¿dónde resides?” deja de ser una pregunta sencilla. Y cuanto mayor es el patrimonio o más internacional es la actividad, más importante resulta tener esa respuesta clara antes de que llegue una inspección.
En 2011 Shakira estaba en plena gira internacional. Llegó a ofrecer 120 conciertos en 37 países. Hacienda sostuvo que determinadas ausencias de España debían considerarse esporádicas y, por tanto, computar a efectos de residencia. La Audiencia Nacional no compartió esa interpretación y consideró que no había quedado acreditado que permaneciera en España más de 183 días ni que nuestro país fuera entonces el núcleo de su actividad económica.
La victoria de 2011 no borra los demás capítulos. En 2023, Shakira aceptó una condena por defraudar 14,5 millones de euros correspondientes a los ejercicios 2012, 2013 y 2014, evitando el ingreso en prisión a cambio de una pena de tres años y una multa de 7,3 millones de euros.
Y hubo un tercer episodio: la causa por el ejercicio 2018, en la que se investigaba un supuesto fraude de 6,6 millones de euros. Esa causa penal fue archivada en 2024 después de que Fiscalía y las demás acusaciones apoyaran el archivo, al considerar la juez que no existían indicios suficientes de una omisión voluntaria de información tributaria.
Hay una condena firme por unos ejercicios. Hay un archivo judicial en otro procedimiento. Y hay ahora una sentencia favorable a la cantante sobre un ejercicio distinto que, además, todavía puede ser recurrida. La realidad tributaria rara vez cabe en un titular.
Y a pesar de todo, Shakira elige Madrid para fijar su residencia europea, elige organizar doce conciertos a los que acudirán cincuenta mil personas cada noche provenientes de toda Europa y que se estima que reportarán a la economía española entre 150 y 200 millones de gasto directo, y más de 340 millones contando gastos indirectos e inducidos. No se puede negar que hay algo de genialidad en esta decisión.
Shakira vuelve a donde le han roto el corazón y la cartera, y no solo vuelve más fuerte, más dura y más leve, sino que vuelve con un regalo de agradecimiento por lo aprendido en el recorrido.
Mi hija cree que acaba de ver el mejor concierto de su vida. Yo espero que no, aunque es muy posible.
Lo que sí estoy segura de que ha visto, es que le queda mucha vida por delante, que lo mejor está por venir y que desde el front row habrá aprendido que las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan.