Málaga, martes, 6:50 a.m. En pleno verano, hoy la temperatura era de unos 20 °C, con esto ya sabía el calor que esperaba, además del aviso de alerta amarilla que aparecía en mi teléfono, lo cual se confirmó cuando se alcanzó a la tarde una temperatura de 33 °C.
Al asomarme por la ventana, veo cómo en las obras vecinas, cuyos pisos seguramente ya están vendidos, empiezan los albañiles a trabajar casi a un ritmo melódico, en el que cada uno toca el instrumento que le corresponde de manera coordinada, para realizar el trabajo.
En este punto, los albañiles ya han terminado los cimientos, los sótanos de aparcamiento y van avanzando a buen ritmo en la construcción de la planta baja.
Los trabajadores son más de una veintena, pero se puede observar cómo, con una precisión casi milimétrica, cada uno de ellos va realizando la tarea o función de la que es responsable, ya sea alisar el terreno, verter el cemento o dibujar líneas en el suelo.
Vosotros diréis: ¿Qué hace Amalia hablando de obras? Pues la respuesta es que esto me ha llevado a pensar: ¿cómo se logra esta precisión para lograr un buen resultado?
Y he llegado a la conclusión: con el verdadero trabajo en equipo. Los diferentes miembros del equipo saben que los tiempos del proyecto son limitados y los recursos también, y que deben ejecutar sus tareas con mucha cautela para evitar cualquier accidente. Al final, el resultado es una obra que va avanzando.
Extrapolando esta manera de trabajar al mundo corporativo y más aún al tecnológico, me percato de que muchas veces el trabajo en equipo brilla por su ausencia.
Cada integrante del equipo se preocupa por entregar “su parte” sin tener en cuenta el impacto en el otro. Esto no va de egos, de yo hice esto y tú hiciste aquello. Esto va del verdadero valor que entregamos a nuestros usuarios y/o clientes y del impacto positivo y económico en el negocio.
A lo largo de mi carrera profesional, siempre he sentido la mayor satisfacción profesional y personal cuando se han cumplido los objetivos gracias a un trabajo hecho a conciencia y en el que se destaca el aporte de todos y cada uno de los involucrados.
Cuando compras un piso o una casa, vas a ver el bien terminado, no quién fue el albañil o el pintor; ves el trabajo conjunto. Asimismo, deberían ser no solo los productos físicos terminados, sino también los de software, que cuando pinchas en un botón se te añadan los productos al carrito, sin importar quién los diseñó o quién se encargó de las integraciones de pagos.
Cuando escuché por primera vez hablar a Mari Carmen López, CEO de Xcelentech, me conecté totalmente con la visión estratégica que propone, junto con la orientación hacia los resultados y la importancia del trabajo en equipo.
En conversaciones que hemos tenido, e incluso en la charla que dimos en conjunto en los“Encuentros tecnológicos del Español de Málaga” en marzo del presente año con El reto de las pymes ante la Málaga tecnológica junto con mi también admirada a la par que estimada Susana Calleja, pudimos encajar las piezas para explicar el panorama que viven las pymes, los tipos de dirección, el trabajo en equipo y, por supuesto, la inteligencia artificial.
Gracias a la moderación de Ángel Recio, llevamos a los asistentes un mensaje en el que unimos los tres pilares en los que nos especializamos: Mari Carmen: Estrategia y ventas; Susana: Marketing, eventos y reputación; y en mi caso, producto y tecnología, para lograr el impacto real en el mundo corporativo.
Revisando las cifras, solo en España, de la repercusión del trabajo colaborativo en los resultados operacionales de las empresas, he visto claros ejemplos como Dacia, que logró un crecimiento del 20%, el cual fue atribuido al trabajo en equipo, o pymes como Brooklyn Fitboxing, que fue galardonada con el premio Ibercaja2025 a la mejor pyme, gracias a estar basada en una cultura de equipos organizados y co-creación.
En la “Era de la IA”, no debemos dejarnos distraer por los brillos y el hype; es importante tener en cuenta la estrategia, los objetivos y la orquestación para alcanzar verdaderos resultados.
Recientemente vi un video de Marc Vidal en el que explicaba, a su modo de ver, los pasos que deben seguir las empresas para usar la IA con cabeza, a lo cual le vi bastante sentido, enumerándolos tal que así:
- Medir los resultados, no la actividad.
- Tratar a la IA como un recurso caro, hacerlo con intención, no por inercia.
- La ventaja para las empresas será para quien mejor sepa qué preguntarle a la IA, no gastar tokens por gastar.
Con esto reflexiono que, estemos en la era de la IA o en la posterior, un negocio sin estrategia no va a ningún lado; igualmente pasa con un equipo que no trabaja orquestado, pues al final no tendrás un producto, sino un Frankenstein. En otro artículo os enseñaré más acerca de este personaje.