Cuando una semana después de declarase el incendio del hotel Ibis los bomberos siguen trabajando en la extinción, y sin que tampoco nos hayamos librado en esta ocasión de las opiniones de supuestos expertos, quizás sea bueno aclarar algunas cosas que se han escuchado estos días.

Colapso es la destrucción o deformación brusca de un cuerpo por la acción de una fuerza. En el caso de los edificios, se caen o se deforman hasta hacer inviable su uso. Y este colapso puede ser parcial o total, dependiendo de que afecte a todo o parte del inmueble. En consecuencia, cuando los bomberos indicaron que parte de los forjados habían colapsado, no estaban diciendo más que algunas zonas se habían caído o no podían garantizar que aguantasen. Otra cosa es que el edificio fuera a colapsar, como se empezó a escuchar la tarde de lunes con la reactivación del fuego.

Cuando los arquitectos proyectamos los edificios, lo hacemos conforme a una norma española acorde con la del resto de Europa y en constante revisión. El objetivo último no es que no ardan —que también se procura— sino que, en caso de incendio, se garantice la seguridad de las personas. Y conforme al uso del edificio y su altura, se establece la resistencia al fuego que debe garantizar la estructura. En el caso del hotel Ibis, y por los datos que podemos deducir, noventa minutos. A la vista del tiempo que ha ardido, la estructura se ha comportado especialmente bien, hecho que conviene poner de manifiesto ante los comentarios escuchados sobre los materiales con los que está construida.

La estructura de vigas y pilares de acero, y forjados formados por paneles de madera, no es muy habitual, pero tampoco, extraña, y sí muy lógica. Las vigas y pilares de acero permiten su preparación en taller y, una vez puestos en obra, los paneles de madera se sitúan sobre las vigas con facilidad. A cambio de un cierto aumento del coste, el resultado es un notable ahorro en el tiempo de construcción, sin merma de la seguridad. En la construcción de un hotel, esta reducción de plazos y, sobre todo, la garantía de que se cumple la fecha de entrega, son esenciales.

Porque cada material tiene sus pros y sus contras. Seguramente, el más eficiente frente al fuego sea el hormigón, aunque también puede experimentar desprendimientos explosivos conocidos como spalling que suponen un riesgo para los bomberos y disminuyen su resistencia. La madera y el acero tienen comportamientos muy diferentes. La primera arde, mientras que el acero disminuye sus características resistentes con el aumento de la temperatura. Así, mientras que la madera sigue resistiendo en tanto quede un mínimo de material, el acero, aparentemente intacto, se deforma.

Acabado el incendio, las posibilidades de reparación también varían desde las enormes dificultades de la madera hasta la mayor facilidad del hormigón. En cualquier caso, las decisiones en el diseño de un edificio no responden únicamente a su comportamiento frente al fuego.

Como tampoco lo hace la decisión de reparar o demoler. Apagado un incendio, lo normal es evaluar la viabilidad de la reparación del edificio, no solo desde un punto de vista técnico, sino también económico. Y más aún en el caso de un edificio que se ha quemado por completo y tenía previsto incrementar en tres plantas su altura, con la incidencia en la estructura que esto conlleva.

Además de garantizar una determinada resistencia de la estructura, el diseño frente al fuego contempla la configuración de una serie de sectores de incendio: zonas independientes del edificio en las que el incendio puede quedar confinado durante el tiempo necesario para evacuar a los ocupantes y permitir la actuación de los bomberos. Que finalmente el incendio se haya extendido por todo el edificio obliga a preguntarse qué ha ocurrido. Pregunta que ahora es pronto para contestar, pero que, con la prolongación de la actuación de los bomberos una semana después del inicio, ha provocado otra pregunta: ¿de qué estaba hecho edificio?

Al margen de que la extinción total de un incendio está condicionada por las posibilidades de acceder a él desde el interior, —algo que aquí ha resultado difícil— debemos saber que, del mismo modo que se establecen unas condiciones para la estructura, la norma también exige que el resto de materiales con los que se construye el edificio tengan un comportamiento determinado encaminado a evitar la propagación, la producción de humos y la caída de partículas incandescentes.

Todas estas características se reflejan en cualquier proyecto arquitectónico con el que se solicita licencia y, dependiendo del caso, son informadas por el servicio de bomberos que, dicho sea de paso, se encuentra sobrepasado en lo que se refiere a estas funciones ante la falta de técnicos. Otra cosa es lo que puede ocurrir después. Cuando el edificio está construido, se empieza a decorar y la actuación queda fuera de este sistema de proyecto y control, o sustituida por una declaración responsable.

Gonzalo Martín Benavides. Arquitecto. Vocal de la Junta de Gobierno del COAMALAGA. Coordinador del Grupo de Arquitectos Voluntarios en Emergencias (GAVE)

Antonio Vargas Yáñez. Arquitecto. Profesor de Estructuras de la EAM. Miembro del Grupo de Arquitectos Voluntarios en Emergencias (GAVE)