No pude dormir hasta que el señor Bellido declaró que las llamas estaban controladas. Al principio, la noticia, como casi todas, me pareció falsa. Luego recordé cómo se nos encogió el alma a todos con Notre Dame. Por allí se había paseado Séneca el Viejo y el joven. Allí, en aquella Betis, el pie del Guadalquivir, las primeras comunidades cristianas se habían reunido, a escondidas, a celebrar la Eucaristía. Allí un puñado de invasores —primero vándalos y alanos, y luego visigodos—, lentamente, desde el norte del limes, primero desde dentro como federados y mercenarios, arrasando Roma, con Odoacro cargándose al emperador, estableciéndose en Toulouse, luego brevemente en Barcelona, Gotalaundia y, finalmente, en Toledo.
Había una comunidad judía sefardí, que pronto se convertiría en los mejores aliados de los invasores árabes. Les convenía y financiaron y facilitaron una conquista rapidísima, milagrosa, de casi medio millón de kilómetros cuadrados con cuatro gatos supuestamente comandados desde Damasco. Otra vez Damasco. Hace menos de un año, un puñado de islamistas, cuyo jefe tenía puesta 10 millones de dólares de recompensa, dead or alive, por terrorismo, ocupó el poder milagrosamente. Todos fueron a verle, lo arreglaron un poquito, le pusieron un traje y corbata y nuestra pésima diplomacia european, incapaz de hablar con la rusa, fue corriendo a decir que eran estupendos e inclusivos.
Como la conquista había sido demasiado rápida, tuvieron meses de violencia, que sigue, contra alauitas, cristianos, drusos. En aquel lugar organizaron esas cosas que no nos suenan extrañas hoy: exterminar a la familia dominante, en aquel momento los Omeyas, pero uno se escapa a Córdoba y funda el Califato. El resto de la historia es más o menos conocida: varios sucesores, los Abdelramán engrandecen su Califato, necesitan a cristianos y judíos, a los que consideran ciudadanos de segunda, les cobran por practicar su religión, les impiden acceder a ciertos lugares, posiciones, empleos.
Siguen cientos de miles de mozárabes, la inmensa mayoría, y se constituyen grandes centros sefardíes, no solo Toledo, Girona, Hervás, Granada/Elvira. Córdoba contaba con Al Yussena, Lucena, como ciudad financiera, comercial y manufacturera que dotaba de soporte al Califato. La Mezquita sobrecoge a todos. Últimamente, cada vez veo allí a más chinos, coreanos y, desde hace tiempo, a japoneses. Pero vienen musulmanes y judíos de todo el mundo. Todos la pueden visitar. No sucede así para los no creyentes en muchísimas mezquitas del mundo (Fez, Rabat...).
Erdogan en Turquía estaba deseando convertir Hagia Sofía, la mayor basílica (del griego basileo, rey) del mundo cristiano oriental, en una mezquita de culto que limitara las visitas de los infieles. Kiev primero y Moscú después fueron refugio y sede metropolitana de la iglesia romana de oriente. Ellos preservan los valores. Ellos participan activamente en el cuidado de los santos lugares. Las comunidades cristianas más antiguas de oriente próximo, siempre perseguidas, han mirado a Rusia siempre. Roma estaba a otra cosa.
Las cruzadas —lean Amín Malouf— vistas por los árabes no eran más que salvajadas que, con el pretexto de la fe, se apropiaron de Oriente Medio. Siglos antes, el padre de Trajano había sido gobernador militar de Siria. Luego, su propio hijo sometió a los dacios para centrarse en Oriente Medio, pero fue otro hispano, el ahijado de Trajano, el que siglos después de la derrota de Casio, derrota a los Partos (Persia) y pone orden.
Adriano considera que su obra completa Roma. Ya no vale la pena ni superar el Rin, ni el Danubio, ni los desiertos al Este y al Sur del imperio. El comercio con Asia y sus rutas comerciales —India, China, estepas, Yemen, África— funcionaba. Las minas del imperio, desde los Alpes Julianos hasta los antiguos Tartesos en Huelva, y las Médulas en el norte, bien vigiladas por la VII Legio que da nombre a León, completaban lo que, si hubiera un Fukuyama en aquella época, habría sido descrito como el final de la historia: la Pax Romana.
Kant, en su sueño ilustrado, describió un estado de Pax perpetua: la pax kantiana. Los ingleses, en su imperio desde Trafalgar (1805) hasta que empiezan a quebrarles los bancos y empresas a finales del XIX, precipitaron su caída intentando romper la potencia emergente que diseñó Bismarck. Las dos guerras eran una huida perversa hacia la destrucción de Eurasia. Alemán era todo el que hablara alemán. Una idea nacionalista que casi destruye media Suiza y acaba con Austria.
Pero no es lo mismo Pomerania que Prusia, que Suabia, que Sajonia, el Palatinado o Baja Sajonia. Y ahí tienen ustedes unos alemanes orientales que abominan de los excesos de la modernidad woke, el globalismo mal entendido y la agenda 2030, instrumentada para las multinacionales, sin el hombre y la Creación en el centro. Alemanes del este que no están más cerca de los rusos o los húngaros por haber sido parte del Pacto de Varsovia, sino porque ven la vida con otros valores: menos individualistas, menos materialistas, menos licenciosos con lo que ellos ven como vicios y aquí como libertades.
Dicen los chinos, en un interesantísimo artículo de Zígor Aldama, que si un Estado no puede decir cómo vestirnos, tampoco puede una religión.
Ardía la Mezquita y me acordaba de Maimónides. A tres pasos hay una sinagoga muy antigua que se puede visitar; en la puerta está su estatua, en homenaje. En las puertas de las murallas árabes, donde empezaban los arrabales, en Madina Antaquira, hay un conjunto en bronce con una familia camino de Granada, recuerdo y homenaje a los antequeranos musulmanes que marcharon cuando el Infante don Fernando, primer rey Trastámara de Aragón, toma la ciudad. Aquellas familias fundaron el barrio granadino de la Antequeruela.
No veo yo en ningún lugar musulmán estos reconocimientos a los que un día fueron perseguidos y dejaron sus casas, hacienda y muchas veces la vida, quizá porque estas cosas no se hacen mientras los persigues. En Málaga, por haberse resistido, los castellanos, por orden del aquí no tan querido rey Fernando, nieto del de Antequera, entraron a sangre y fuego; los que no fueron ejecutados fueron esclavizados y vendidos.
Arde la Mezquita y arde, para mí, un mundo que soñó una y otra vez la Pax. Europa se va de vacaciones, de fin de semana, mientras ese fuego es el símbolo del mundo que le costó la vida a Stefan Zweig. Una Europa arrodillada, que toma lecciones de Brasil, de India, de China sobre cómo afrontar con dignidad la chapuza arancelaria de los EE.UU., que quieren volver a los tiempos de McKinley.
La presidenta de la Comisión, con el rabo entre las piernas, el mandato de Alemania, la indefinición de Francia, la creciente posición de Italia, se pone de rodillas en el complejo privado de golf de Mr. Trump, mientras les escribo este artículo en un Mac de Apple, conectado a un Drive de Google, usando IA de OpenAI, con tethering vía bluetooth con un iPhone de Apple, guardo mi trabajo en Word en un OneDrive de Microsoft. Todos mis dispositivos corren sobre tecnología americana, con chips diseñados en América y fabricados en satélites de Norteamérica.
Mientras estuvieron solos no se quejaron, pero ahora llega Huawei y contrata a todo el mundo, desde la consultora del presidente de la patronal de empresas “españolas” hasta la de Pepiño Blanco. ¿Cuál es la diferencia? No hace mucho, el secretario de la patronal era de IBM y había sido gobernador civil de Segovia; ahora, la tesorera es de Xiaomi.
Una banda de traidores, arribistas, paniaguados abrieron las puertas a las multinacionales americanas. Nadie dijo ni Spain First ni Europe First. Luchan más los nacionalistas vascos y los nacionalistas catalanes por sus empresas y sus intereses que el resto. Ahora los chinos, que son superiores técnica y económicamente, siguen la estela. Nada que reprochar a los chinos. Europa y España es un gruyere.
Mientras tanto, arde la Mezquita, arde el Donbass, arde Gaza. China, Rusia y Norteamérica queman el África subsahariana. Wagner, Halliburton y las multinacionales chinas compiten. La diferencia es que las chinas no llevan ni M16 ni Kalashnikovs. Europa de rodillas, sin gravar fiscalmente como toca, sancionando a Rusia mientras se tapa la nariz con Gaza.
Nadie cobra y ata primero fiscalmente, luego ya veremos si arancelariamente, a las multinacionales americanas y chinas. Sin nadie reclamando el Europe First. Si el PP europeo, pactando con los socialistas europeos, han conseguido esta pena de Comisión, empeñada en subordinarse a EE.UU., vendida a los lobbies, incluidos los chinos, han resuelto la inmigración haciendo que perezcan en otros sitios, incluidas las aguas del Mediterráneo, y metiéndonos en una guerra con Rusia que nadie quiere y a España no conviene, mejor nos vamos.
Nuestros compatriotas de la España Americana nos esperan. Antes que un español tenga que derramar su sangre en una guerra proxy, bye bye Europa.