No se por qué a la mayoría de las personas les molesta que le llamen Señor o Señora. Será que denota una edad. Sin embargo a mí me encanta.

Una vez, mi amigo Oti me dijo que su pareja, mi amiga Belén, era “Mi Señora”, así, a lo José Luis López Vázquez cuando le buscaba a Gracita Morales una buena casa donde servir, que tuviera una “buena Señora”, aunque al final, todas eran unas “pilinguis” en “Cómo está el servicio”. Supongo que hoy sería políticamente incorrecto hacer una película así, pero yo la vi muchas veces de pequeña y hay cosas de la infancia que se magnifican y nunca se olvidan.

El caso es que desde que cumplí 50 años estoy todo el día llamándome a mí mismo, “Señora”, hasta en el programa Llegó la Hora de 101tv donde voy todos los lunes. Su presentador, mi querido Roberto López, uno de los mejores comunicadores de Málaga, me empezó a llamar “La chica de la tele” pero yo no me sentía, en absoluto, identificada con ese término, así que reivindiqué mi nivel de “Señora de la Tele” y hasta hoy.

Pues bien, esta “Señora de la Tele” ahora se ha vuelto columnista de El Español de Málaga y como mi cabeza es caótica, he pensado contar mis delirios, que seguro son los de muchas personas como yo. Con una edad muy tonta, familia grande y clásica, es decir, marido, hijos y perra; un gran sentido del humor, heredado de mi padre; periodista y emprendedora y … esto me encanta… “amiga de mis amigos”.

El caso es que estoy cansada de escuchar que la edad está en el interior, que lo importante es sentirte joven y que los 50 son los nuevos 30. La verdad es que cuando se cruza el medio siglo, el cuerpo empieza a darte avisos, así que o te cuidas o vas para abajo a toda velocidad y sin frenos.

Por eso aprovecho el inicio del año para poner en marcha mis nuevos propósitos y hacer lo que me dice mi amiga Raquel Alguacil, que es personal shopper y de esto entiende un montón: “Rocío, tienes que tener un skincare” …¿un skin qué?, le digo yo.

No estoy acostumbrada a cuidarme con cremitas. Mi madre diría que “es el pecado de las guapas”, jajaja, ella tampoco se echa una crema ni que se la regalen. El caso es que ha llegado el momento de hacer caso a mis amigas, no solo con el tema de las cremitas, sino también en algo más importante, que es la alimentación y el ejercicio de fuerza, así que en ello estoy.

Mi colega Ana Porras estará contenta porque fue justo lo que comentamos en “El Podcast Canalla:¿Señoras? de 50” publicado en su web Urbanity. Cuántas verdades se dijeron ese día!!! Ahora estamos pendientes de su nueva novela “Los días que restan” que se presentó hace poco y es de obligada lectura.

Si lo piensas bien, y más allá de toques de belleza, los 50 son realmente interesantes. Asentada en una cómoda seguridad que hace que te resbale todo un poco más de la cuenta. Por ejemplo, esta columna, posiblemente no sería capaz de hacerla hace unos años, la opinión de los demás me afectaba más, y eso que yo siempre he tenido mucho morro. Los prejuicios van desapareciendo, la lengua se va soltando, te atreves con todo, no quieres demostrar nada a nadie, solo quieres hacer lo que te dé la gana, disfrutar de cada pequeño detalle de la vida y saborear cada proyecto, cada amigo, cada copa de vino y cada articulo de opinión, tanto al escribirlo como al leerlo.

Por todo ello, reivindico el honroso derecho de ser llamados Señor o Señora con total normalidad, con la dignidad que conlleva, con la autoestima que da la experiencia en la vida y con la convicción de que cada edad tiene lo suyo y los 50 lo tienen todo, algo que hay que aprovechar sin lamentaciones consciente de la suerte que tenemos.

Preguntas para la reflexión: ¿a qué edad se empieza a recibir el trato de Señor o Señora?