Las claves
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No todo el mundo puede decir que ha dado a luz a un bebé bajo la lluvia. Desde el pasado 7 de febrero, Sasharel, una joven uruguaya de 28 años, puede decir que sí. Su parto fue surrealista. En Mijas, en la calle, en plena borrasca, rodeada de mijeños que le ayudaron en todo lo que pudieron a la espera de que llegara la ambulancia y bajo las sombrillas de bares que no dudaron en sumarse a la causa. "Me gritaban que lo estaba haciendo genial, que era una guerrera", recuerda la mamá de Ciro, mientras le da el pecho; pues todo salió de perlas y está "enorme" y muy sano.
Ciro Fabián, así se llama realmente el bebé, podía llegar desde el 2 de febrero, cuando salía de cuentas; pero estaba muy cómodo en el interior de su madre y no fue hasta la mañana del 7 de febrero cuando dijo que quería llegar al mundo.
A las siete de la mañana, Sasharel se despertó con una ligera molestia. Nada que le hiciera pensar que ese sábado iba a cambiarles la vida a ella y a su pareja, Andrew. Las contracciones eran suaves, soportables, parecidas a las que ya había sentido en días anteriores. A las diez, sin embargo, el ritmo empezó a acelerarse. Las cronometró con su pareja. Cada tres minutos. “Yo creo que deberíamos ir al hospital”, le dijo él. Ella dudó. No sentía un dolor intenso y temía llegar y que la mandaran de vuelta a casa. Decidió esperar.
Se duchó, hizo la cama, ordenó la habitación. Llamó a su padre para que se acercara, que vivía cerca. Su pareja bajó las bolsas al coche y le dijo si le ayudaba a salir. Solo eran diez escalones. “Los subo ahora, que puedo; estoy bien”, pensó. En mitad de la escalera pasó "algo extraño" y... rompió la bolsa. Cuando su pareja terminó de cerrar la puerta y subió, ella ya sabía que el parto no iba a esperar.
La familia.
Lo que sucedió después fue vertiginoso. Sasharel se palpó y notó la cabeza del bebé. “Le siento la cabecita”, le dijo. En cuestión de segundos, la frente asomaba. Su pareja se arrodilló en mitad de la calle, se quitó la camiseta y se preparó como pudo. Ella se agarró a una reja y empujó tres veces. Ciro nació en los brazos de su padre, bajo la lluvia y con el apoyo de los vecinos. Venía con el cordón ligeramente enroscado al cuello, pero entre su padre y su abuelo lo soltaron sin dificultad. La ambulancia tardó unos quince minutos en llegar desde Fuengirola, "por el mal tiempo y el tráfico que había".
La escena, lejos de haber podido ser un drama o un caos, se convirtió en un improvisado ejemplo de solidaridad. Vecinos y transeúntes rodearon a la familia, los cubrieron con sombrillas de los bares y les dieron mantas. Dos guardias civiles le pusieron un par de paraguas alrededor para evitar que se empapara. “Lo has hecho increíble”, le decían a Sasha mientras sostenía a su hijo recién nacido.
“Si llega a ser niña, le pongo Marta, como la borrasca; no le puse Leonardo, como nos dijeron muchos, porque ya teníamos muy pensado el nombre de nuestro hijo”, comenta entre risas. El nombre ya estaba más que decidido. El pequeño se llama Ciro Fabián. Ciro fue elección de su madre. Fabián lo escogió su padre, Andrew, como homenaje a una tradición familiar que suma cinco generaciones con ese nombre. Pesó 3,940 kilos y midió 53 centímetros. Un bebé grande que decidió nacer "cuando quiso y donde quiso".
El pequeño protagonista de la historia.
Sasharel y Andrew son uruguayos. Ella llegó a Málaga hace dos años y medio, empujada por "la situación económica y de seguridad" en su país. Él se reunió con ella un año después. Ambos trabajan como camareros en la Costa del Sol, que les recibió con los brazos abiertos. Sasharel estuvo trabajando todo lo que pudo hasta el sexto mes de embarazo, pero llegó un momento en el que no pudo más.
No es madre primeriza. En Uruguay se quedaron sus tres hijas mayores, de 11, 9 y 8 años, fruto de otra relación, a las que esperan traer en diciembre a España, cuando completen los trámites y reúnan el dinero necesario. “Todo lleva su tiempo”, explica, deseosa de que todos se conozcan.
Ahora, dice Sasharel, todo se convirtió en "una anécdota" fantástica para contar. Se queda con que su pequeño nació sano y con el apoyo de todos, sobre todo del papá del menor, que fue un "partero" improvisado. Así, también está orgullosa de su espectacular trabajo de parto, pese a los nervios que sufría. Ciro nació cuando quiso, para aportarle a la Costa del Sol, precisamente, ese sol que le ha faltado varias semanas entre tantas borrascas. El regalo más grande para una familia inmigrante y trabajadora que ha encontrado en Málaga su lugar feliz.
