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Bajo el asfalto de la calle Hilera, en pleno corazón de Málaga, sigue emergiendo una parte desconocida de la historia de la ciudad.

Lo que comenzó con el hallazgo de unas tumbas durante las obras del Metro ha acabado revelando una enorme necrópolis romana que ya suma 984 complejos funerarios y más de 1.000 individuos.

Un descubrimiento de tal dimensión que no solo multiplica las evidencias sobre la presencia romana en este sector, sino que obliga a revisar cómo se configuraba el territorio de la antigua Malaca junto a la costa.

Los restos, fechados entre los siglos II y IV después de Cristo, han aparecido durante la construcción del primero de los tres tramos del ramal del Metro hacia el futuro Hospital Virgen de la Esperanza.

La investigación arqueológica sigue en marcha y condiciona el avance de los trabajos en este segmento, que discurre desde la estación de Guadalmedina, junto a El Corte Inglés, hasta el final de la calle Hilera.

La última actualización facilitada por la Junta de Andalucía permite medir la dimensión alcanzada por el yacimiento. La información difundida el año pasado daba cuenta de 274 enterramientos y más de 400 individuos. El inventario ha crecido ya hasta los 984 complejos funerarios, todos ellos correspondientes a enterramientos por inhumación.

La magnitud del hallazgo resulta especialmente relevante porque no existían datos previos de esta necrópolis. Su aparición ha abierto una nueva línea de investigación sobre la topografía funeraria de la antigua ciudad romana y sobre la evolución de este sector, que hasta ahora se consideraba terreno ganado al mar durante la época islámica.

Una posible vía romana hacia la costa

Uno de los aspectos más significativos del descubrimiento es la presencia de varios recintos sepulcrales abiertos hacia lo que podría haber sido una vía de salida de la ciudad en dirección a la costa.

La hipótesis tiene relevancia para reconstruir el entorno de la antigua Malaca. La ubicación de la necrópolis obliga a revisar la interpretación que situaba este sector como terreno incorporado a la ciudad durante la etapa islámica.

La excavación también está permitiendo documentar las distintas formas de enterramiento empleadas durante varios siglos. Las tumbas se abrieron en arcillas rojizas sobre el terreno geológico y quedaron cubiertas posteriormente por huertas islámicas y modernas.

Entre las tipologías identificadas figuran tumbas de bastidor con tégulas, mensas, cistas, cubiertas con tégulas dispuestas a dos aguas, fosas simples y enterramientos perinatales en ánforas. Los ajuares son escasos y la reutilización de las fosas aparece con frecuencia, dos características que también forman parte de la investigación en curso.

Un estudio que va más allá de las tumbas

El trabajo no termina con la excavación y documentación de los enterramientos. Actualmente, un equipo de arqueólogos y antropólogos estudia los restos para completar su inventario e interpretación antes de su depósito en el Museo de Málaga.

El análisis antropológico puede aportar información sobre las características de la población enterrada y ampliar el conocimiento de sus condiciones de vida.

La investigación de los restos humanos, junto con otros estudios que puedan desarrollarse a partir del material recuperado, permitirá profundizar en aspectos que no pueden conocerse únicamente a través de la arquitectura de las tumbas.

El descubrimiento abre una gran oportunidad para conocer cómo vivían esos romanos, cómo trabajaban, su dieta e incluso las enfermedades que padecieron. Detalles a los que se pueden agregar estudios botánicos sobre lo que cultivaban, sobre las especies arbóreas y los tipos de agricultura que practicaban.

La Junta prevé que las piezas más significativas y singulares se conserven en el futuro espacio expositivo situado junto al túnel y la estación de Guadalmedina. Este enclave ya acoge los restos del arrabal islámico de Attabanim, documentados durante las obras de la avenida de Andalucía y en el entorno del Perchel.

Aquel yacimiento, de unos 4.000 metros cuadrados, permitió ampliar el conocimiento sobre un barrio musulmán levantado más allá de la muralla nazarí y reveló una trama urbana más extensa y compleja de lo esperado. Los hallazgos de la calle Hilera añaden ahora otra etapa histórica a ese patrimonio recuperado durante la construcción del suburbano.

La arqueología condiciona el avance del Metro

El descubrimiento romano tiene también una consecuencia directa sobre una infraestructura que continúa en ejecución. La intervención arqueológica ha condicionado el desarrollo de los trabajos del primer tramo del ramal hacia el futuro Hospital Virgen de la Esperanza.

Sin embargo, la última actualización aporta un avance. Si inicialmente la zona afectada por la intervención arqueológica se extendía a lo largo de 406 metros lineales, ahora se circunscribe a 250 metros. La Junta señala que esta reducción ha permitido progresar en los trabajos pendientes de extensión y hormigonado de la losa de cubierta del túnel.

La planificación busca compatibilizar al máximo la excavación arqueológica con la ejecución de la infraestructura. Para ello, la Consejería de Fomento, responsable de la gestión de las obras, trabaja de forma coordinada con la dirección arqueológica y los técnicos de la Consejería de Cultura y Deporte.

El ramal al futuro hospital se divide en tres tramos: Guadalmedina-Hilera, Hilera-Eugenio Gross y Eugenio Gross-Blas de Lezo. Los dos últimos también se encuentran en obras. El primer segmento, donde se concentra la necrópolis, tiene que avanzar en paralelo a una investigación cuyo calendario sigue sin una fecha definitiva de conclusión.