El Pleno del Ayuntamiento de Málaga ha arrancado este jueves envuelto en un sobrecogedor clima de respeto, impotencia y dolor. La corporación municipal al completo y el público asistente se han puesto en pie para guardar un minuto de silencio en memoria de Ignacio Varela, conocido por su entorno como Nacho, el joven de 20 años brutalmente asesinado por unos sicarios el pasado viernes en la zona de Barcenillas, en Málaga capital, cuando fue confundido por un sicario.
Las palabras previas del alcalde, Francisco de la Torre, han puesto voz a la indignación de toda la capital tras confirmarse la principal hipótesis policial: la muerte del joven fue el dramático resultado de un error cometido por el crimen organizado.
"Quisiera pedir un minuto de silencio porque el viernes pasado perdió la vida en una confusión de alguno de estos grupos indeseables ligados al narcotráfico, que lo confunden con otra persona y lo asesinan", ha denunciado con firmeza el regidor malagueño ante la corporación.
De la Torre pedía así este gesto colectivo en recuerdo del joven y en homenaje a su familia, visiblemente afectado, antes de dar inicio formal a la sesión ordinaria en la casona del parque prevista para este jueves.
Detrás del tributo institucional se esconde la historia de una víctima totalmente ajena a los entornos delictivos. Fuentes de su entorno y de la propia investigación confirman que Nacho era un chico inocente, un «currante» de la obra que vivía con su madre y carecía por completo de antecedentes. Soñaba con ser mecánico de trenes de Renfe.
Su único y fatal contratiempo fue cruzarse repetidamente con tres sicarios de ascendencia somalí y nacionalidad sueca. Los tres integraban una red internacional instalada temporalmente en Málaga para ejecutar un encargo pagado.
Los investigadores señalan que los sospechosos, al ver circular a Nacho por la zona, creyeron erróneamente que se trataba de un sicario contratado por una banda rival sueca enviado para vigilarlos.
Su forma de vestir y la bandolera que llevaba consigo avivaron la paranoia de los criminales. Creían que en el bolso ocultaba un arma de fuego, cuando la realidad es que tan solo, probablemente, guardara las llaves de su casa y poco más.
La paranoia del grupo derivó en tragedia a las 11:40 horas del viernes. Al ver a Nacho sentado fumando en una escalerilla de la plazoleta Virgen del Rocío, junto a un supermercado Día, los tres individuos se acercaron y le dispararon a plena luz del día.
Malherido por dos impactos en la pierna y la espalda, el chaval logró refugiarse en el establecimiento, donde clientes y cajeros intentaron auxiliarlo. Pese a los esfuerzos sanitarios, falleció poco después en el hospital.
La respuesta de la Policía Nacional fue fulminante. Minutos después del crimen arrestaban al primer implicado en las inmediaciones de Barcenillas, mientras que el registro de su piso franco permitió detener al segundo sospechoso.
Apenas once horas más tarde, las fuerzas de seguridad localizaban y apresaban al tercer sicario en Fuengirola cuando intentaba darse a la fuga, logrando descabezar la célula en un tiempo récord.
El fallecimiento de Nacho ha dejado devastado al barrio de La Victoria y Capuchinos, también a Ciudad Jardín y Alegría de la Huerta, donde se crio desde niño. Hijo único, exalumno de Salesianos y apasionado del motor, sus amigos lo recuerdan como un chico trabajador y humilde con "cara de ángel".
"Siempre supe que no estaba vinculado a nada delictivo, amaba a su madre y a sus amigos", subrayaba su progenitora rota por el dolor en un comunicado dirigido a la prensa. Una afirmación que hoy corrobora tajantemente la investigación policial mientras Málaga despide para siempre a uno de sus vecinos mucho antes de lo que debería.
