La Nueva Rosaleda que proyecta Málaga quiere ser mucho más que un estadio de fútbol.
El estudio de viabilidad elaborado para analizar el futuro recinto plantea un modelo de explotación basado en la transformación del campo en un complejo deportivo, empresarial y de ocio capaz de generar actividad durante los 365 días del año.
El documento, que analiza las posibilidades económicas de la ubicación propuesta en Ampliación Universidad, dibuja un estadio concebido como un activo multifuncional en el que el fútbol del Málaga CF conviviría con otros usos complementarios destinados a atraer inversión privada y diversificar las fuentes de ingresos.
La propuesta contempla que el nuevo recinto disponga de aproximadamente 33.900 metros cuadrados de espacios susceptibles de explotación complementaria, entre superficies interiores y exteriores, con actividades que van desde servicios médicos y gimnasios hasta restauración, oficinas, comercio, aparcamiento o incluso un posible uso hotelero.
La idea de fondo es replicar el modelo de los grandes estadios internacionales de nueva generación: instalaciones que no permanecen cerradas seis días a la semana, sino que funcionan como polos de actividad económica, capaces de generar ingresos independientemente del calendario deportivo.
Un estadio con vocación de funcionar todo el año
El análisis económico incluido en el estudio plantea que la rentabilidad del futuro estadio no dependerá únicamente de los ingresos vinculados a los partidos del Málaga CF.
La estrategia pasa por convertir el recinto en un espacio abierto a operadores externos que puedan desarrollar negocios estables y generar tráfico diario.
Entre los usos considerados prioritarios aparecen los servicios médicos vinculados al deporte, con la posibilidad de implantar centros especializados en diagnóstico, tratamiento y rehabilitación; un gimnasio, especialmente orientado a un segmento premium; espacios de restauración; zonas de aparcamiento con doble función para días de partido y uso cotidiano; además de otros formatos comerciales.
El estudio también analiza la posibilidad de incorporar oficinas, especialmente bajo modelos flexibles como coworking, aprovechando la proximidad al entorno universitario y al futuro desarrollo empresarial de Buenavista.
Diseño original de la Nueva Rosaleda de Málaga.
El uso hotelero aparece igualmente entre las opciones estudiadas, aunque con una consideración más condicionada. El documento señala que su viabilidad dependería de una programación sólida de eventos y de la capacidad del estadio para generar demanda vinculada a conciertos, congresos o actividades corporativas.
Más de 33.000 metros cuadrados para nuevos negocios
La superficie disponible para estos usos se divide entre espacios interiores y exteriores. El encaje arquitectónico preliminar estima unos 6.900 metros cuadrados interiores destinados a actividades complementarias, además de otros 6.000 metros cuadrados vinculados a eventos corporativos.
A ellos se sumarían unos 27.000 metros cuadrados exteriores que podrían acoger diferentes actividades, siempre condicionadas por la normativa urbanística y por el diseño definitivo del complejo.
El estudio plantea que la distribución final de estos espacios dependerá de las negociaciones con operadores privados y de la capacidad de cada actividad para generar demanda. La prioridad sería apostar por aquellos usos capaces de aportar tráfico recurrente y reducir la dependencia exclusiva de los días de partido.
Uno de los pilares económicos del modelo es la capacidad del nuevo estadio para convertirse en un gran recinto de eventos.
El documento analiza la experiencia de ciudades comparables como Sevilla y Valencia y concluye que Málaga podría aspirar a captar hasta ocho grandes conciertos anuales a medio y largo plazo, aunque durante los primeros años la estimación se sitúa en torno a cuatro eventos de este tipo hasta consolidar el recinto como destino para grandes giras.
El análisis también contempla la celebración de otros eventos deportivos y espectáculos de gran formato, con una previsión aproximada de un evento anual, además de una línea específica de eventos corporativos.
En este último segmento, el estudio estima que el estadio podría acoger alrededor de 50 eventos empresariales al año, aprovechando las salas y espacios interiores del complejo y complementando la actividad del Palacio de Ferias y Congresos de Málaga.
Un modelo que busca atraer operadores privados
La estrategia económica pasa por involucrar al sector privado en la explotación de los diferentes espacios. El estudio identifica perfiles de operadores que podrían encajar en el futuro complejo, desde compañías hoteleras hasta grupos sanitarios, gimnasios, promotores musicales o empresas de restauración.
Entre los nombres analizados aparecen operadores de referencia en distintos sectores, como grupos hoteleros, cadenas de gimnasios, compañías sanitarias, promotores internacionales de conciertos o empresas especializadas en gestión de aparcamientos.
La selección no implica acuerdos cerrados, sino una identificación preliminar de posibles socios con capacidad para desarrollar actividades dentro del recinto.
El objetivo es que el estadio pueda generar ingresos recurrentes mediante contratos de alquiler o explotación de espacios, reduciendo el peso que tradicionalmente tienen los ingresos puramente deportivos en este tipo de instalaciones.
EBITDA potencial
El estudio realiza también una primera aproximación económica sobre la capacidad de generación de ingresos de estas actividades.
Según sus estimaciones preliminares, los usos complementarios podrían aportar un EBITDA anual potencial de unos 3,6 millones de euros, resultado de sumar las diferentes líneas analizadas.
La mayor aportación correspondería a los conciertos, con alrededor de 1,5 millones de euros anuales, seguidos del alquiler de espacios a operadores externos, con unos 1,1 millones, los eventos corporativos, con aproximadamente 650.000 euros, y otros eventos deportivos o de entretenimiento, con unos 350.000 euros.
El estudio también aterriza la posible llegada de actividad privada identificando, a modo orientativo, algunos operadores que podrían encajar en las distintas áreas de negocio del futuro estadio.
El documento aclara que se trata de una relación meramente ilustrativa y que no implica contactos ni acuerdos alcanzados, pero sirve para medir el atractivo que podría tener el recinto para empresas especializadas.
En el ámbito hotelero, el análisis menciona compañías como Meliá Hotels International, por su presencia en Andalucía y su experiencia en distintos formatos urbanos; Marriott International, por su capacidad de distribución internacional y sus modelos dirigidos al cliente corporativo; o Hard Rock Hotel, cuyo posicionamiento vinculado al entretenimiento y la música encajaría con la vocación del estadio como espacio para grandes eventos.
Para los usos vinculados al deporte y el bienestar, el estudio identifica operadores como GO fit, con experiencia en desarrollos asociados a colaboración público-privada; Metropolitan, orientado al segmento premium; o VivaGym, compañía de origen malagueño con presencia nacional y un modelo basado en el uso recurrente.
La vertiente sanitaria aparece como una de las apuestas con mayor encaje por la relación directa con el deporte. El documento señala posibles perfiles como Vithas, Quirónsalud o FREMAP, operadores con experiencia en asistencia sanitaria, rehabilitación y medicina deportiva.
En la explotación de eventos, el estudio pone el foco en compañías capaces de convertir el estadio en un gran escenario de conciertos y espectáculos. Entre ellas aparecen Live Nation, uno de los grandes actores internacionales del entretenimiento en directo; Get In, promotor nacional con acceso a giras musicales; o AEG, operador con experiencia en recintos multipropósito.
También se analizan posibles operadores para otros espacios del complejo. En comercio deportivo aparecen referencias como Decathlon, JD Sports o una tienda experiencial vinculada a Nike/Legends Global; en restauración, nombres como Grupo Dani García, Trocadero o McDonald's; y en aparcamiento, compañías especializadas como Telpark, Indigo o Saba.
Para la parte empresarial, el estudio apunta a operadores de oficinas flexibles y corporativas como IWG (International Workplace Group), Merlin Properties o compañías tecnológicas como Globant, aprovechando la conexión del entorno con la Universidad y el futuro polo empresarial de Buenavista.
