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Las claves

La futura casa del Málaga CF, que podría obligar a una inversión de unos 400 millones de euros, empieza a dibujarse sobre el papel.

Aunque el proyecto aún debe superar numerosas fases administrativas y políticas, los estudios técnicos impulsados por el Ayuntamiento y elaborados por Typsa y Fenwick Iribarren permiten conocer ya algunos de los rasgos que definirán una de las mayores infraestructuras deportivas proyectadas en la ciudad en las próximas décadas.

Y hay una idea que sobresale sobre todas las demás: el nuevo estadio no se levantará completamente sobre el terreno, sino que será parcialmente semienterrado con el objetivo de reducir el impacto urbano de una instalación pensada para entre 45.000 y 55.000 personas y facilitar su integración en el entorno de Teatinos.

La elección de esta fórmula no responde únicamente a criterios arquitectónicos. Detrás existe toda una estrategia urbanística, de movilidad y de funcionamiento que condiciona prácticamente el diseño completo del futuro recinto.

A esto se suma la necesidad de responder a las servidumbres aeronáuticas que pesan en la zona por la proximidad del aeropuerto de la Costa del Sol.

Otro factor que invita a intervenir en este sentido es "la naturaleza del terreno, de relleno, que aconseja excavar para cimentar a partir de una determinada profundidad".

Posible ordenación de la Nueva Rosaleda en los suelos de la Universidad. Typsa y Fenwick Iribarren

"Como consecuencia directa de esta situación del edificio, la fachada exterior queda notablemente reducida en altura, lo que se traduce en una imagen exterior de menor escala y en una reducción de la superficie de envolvente con los consiguientes beneficios económicos y de mantenimiento", se precisa, al tiempo que se añade: "La configuración semienterrada permite que la grada inferior pueda apoyarse directamente sobre el terreno, eliminando la necesidad de estructuras de soporte complejas".

De este modo, la instalación ofrecería una imagen mucho más contenida, reduciendo considerablemente su altura visible pese a albergar un aforo propio de un estadio de primer nivel.

La solución permite minimizar el impacto visual sobre el paisaje urbano de Teatinos y suavizar la presencia de una infraestructura de enormes dimensiones en una zona llamada a seguir creciendo en los próximos años.

Al mismo tiempo, facilita una mejor relación con los espacios públicos que rodearán el estadio, permitiendo generar plazas, recorridos peatonales y zonas verdes prácticamente a la misma cota de acceso.

Menos impacto y una movilidad más ordenada

La decisión de semienterrar parcialmente el estadio tiene además una importante repercusión sobre la movilidad.

Al reducir la diferencia de alturas entre el edificio y las calles próximas, los accesos peatonales pueden distribuirse de manera más homogénea alrededor de toda la instalación, evitando grandes rampas o escalinatas y facilitando una evacuación más rápida en eventos multitudinarios.

Este aspecto resulta especialmente relevante en un recinto diseñado para acoger no solo partidos del Málaga CF, sino también conciertos y otros acontecimientos con decenas de miles de asistentes.

No es casualidad que la movilidad haya sido uno de los factores con mayor peso en la elección de Teatinos frente a otras alternativas estudiadas durante los últimos años.

Parcela de la ampliación de la Universidad de Málaga donde se plantea la Nueva Rosaleda. Typsa y Fenwick Iribarren

La proximidad de la autovía, la conexión con la A-357, la cercanía de varias estaciones del Metro y la posibilidad de reforzar el transporte público mediante lanzaderas convierten este enclave en uno de los mejor comunicados de toda la capital.

Aunque la capacidad definitiva dependerá del proyecto arquitectónico que finalmente se redacte, los trabajos preliminares manejan un estadio para entre 45.000 y 55.000 espectadores.

Una cifra que permitiría responder tanto a las necesidades futuras del Málaga CF como a la organización de grandes acontecimientos deportivos y culturales de ámbito nacional e internacional.

Más detalles

La solución semienterrada forma parte de una estrategia más amplia: los estudios técnicos no plantean el nuevo estadio como un edificio aislado, sino como una pieza integrada dentro del futuro crecimiento urbano de Teatinos.

El objetivo es que la infraestructura deportiva dialogue con el campus universitario y con los desarrollos colindantes, evitando la creación de un recinto cerrado y desconectado de su entorno.

En este sentido, las recomendaciones de diseño apuntan a un estadio permeable, con una relación más directa con el espacio público que lo rodea.

La propuesta pasa por generar plazas, zonas estanciales y áreas verdes alrededor del recinto, además de incorporar fachadas activas y usos complementarios en planta baja vinculados a actividades comerciales, culturales o de ocio.

La intención es que el estadio tenga vida más allá de los días de partido y funcione como un nuevo nodo urbano para Málaga.

Otro de los elementos que empiezan a perfilar la futura infraestructura es su apuesta por convertirse en un recinto multifuncional. Más allá del terreno de juego y las gradas, el diseño de referencia contempla espacios destinados a restauración, comercio, zonas corporativas, eventos y otros usos capaces de mantener actividad durante buena parte del año.

Radiación solar sobre la Nueva Rosaleda. Typsa y Fenwick Iribarren

La filosofía responde al modelo de los grandes estadios internacionales, donde el fútbol es solo una parte de la explotación del edificio. La futura Rosaleda aspira así a convertirse en un equipamiento deportivo, pero también en un nuevo polo de actividad económica y social dentro de la ciudad.

El entorno también condiciona la forma en la que se plantea el recinto. Los estudios técnicos recomiendan integrar el sistema verde del ámbito, con especial atención al arroyo de las Cañas, como elemento vertebrador del paisaje alrededor del estadio.

La incorporación de zonas verdes, vegetación adaptada al clima de Málaga y soluciones para mejorar el confort térmico busca reducir el efecto de isla de calor y crear un espacio más amable para espectadores y ciudadanos.

La sostenibilidad aparece como uno de los ejes del futuro proyecto, con recomendaciones relacionadas con la eficiencia energética, la gestión del agua, el uso de energías renovables y la posibilidad de incorporar certificaciones ambientales reconocidas.

También empieza a definirse la imagen exterior del recinto. El documento técnico recomienda una orientación del terreno de juego próxima al eje norte-sur, siguiendo los estándares internacionales para reducir problemas de soleamiento y mejorar la experiencia de jugadores y espectadores.

Además, plantea una cubierta completa del graderío como una condición especialmente relevante en Málaga por las altas temperaturas y la elevada exposición solar durante buena parte del año.

La cubierta no se plantea únicamente como un elemento de protección frente a la lluvia, sino como una herramienta para mejorar el confort térmico, reducir la incidencia directa del sol sobre las gradas y garantizar mejores condiciones en un estadio preparado para acoger grandes eventos durante todo el año.