Aprendió a coser en el norte, donde el frío empuja a quedarse en casa y las tardes se llenan de manualidades en familia. Creció entre el punto de cruz y la ropa que su madre confeccionaba para sus cuatro hermanos, y de aquellos inventos infantiles nació la vocación de la diseñadora Marian de las Heras, que la llevó de Palencia a diferentes puntos de la geografía española haciendo diseños en el mundo textil hasta acabar aterrizando en Málaga, una ciudad de la que se confiesa toda una enamorada y que no cambiaría por nada.
Es muy tímida y cuando responde a las preguntas más personales de su primera entrevista parece querer esconderse detrás de la Coca-Cola que toma para refrescarse del calor malagueño, pero es de esas personas a las que la mirada le brilla cuando habla de su trabajo.
Porque ella es el ejemplo de ese refrán que dice que cuando eliges un trabajo que te guste, no vas a trabajar ni un día del resto de tu vida. Un oficio que su padre, fallecido hace poco, veía al principio como "un pinta y colorea" y sobre el que le costó confiar, aunque acabó sintiéndose más que orgulloso de una hija brillante que jamás dejó de trabajar en su sueño.
Tras años trabajando para firmas como Mayoral o El Corte Inglés, fue en su casa de Málaga, frente al mar y rodeada de palmeras, donde Marian fundó Ataez, una marca de autor que viste a mujeres "seguras de sí mismas" con prendas exclusivas, estampados propios y muy pocas unidades de cada diseño.
Al echar un vistazo a los tejidos, colores y bordados de su colección de verano, una se traslada a los atardeceres en la playa y a unos tintos con amigas compartiendo unas risas.
Diseñadora, madre de tres varones y una pequeñaja que viene en camino, además de emprendedora, reivindica el valor de lo artesanal en una ciudad copada, cada vez más, por las grandes cadenas con nombres internacionales tras ella. Quiere que su marca crezca sin perderse a sí misma por el camino. Hablamos con ella, a título personal, de su recorrido, de sus referentes mediterráneos y de los retos de hacer moda de autor desde Málaga.
¿Cómo te definirías a ti misma?
Soy muy creativa, y por eso creo que me dedico al mundo de la moda. Desde pequeña me ha gustado muchísimo hacer inventos, como mi madre. A nivel personal soy un poco vergonzosa, me cuesta mucho estar en las redes sociales ahora que están tan de moda, aunque estoy haciendo un esfuerzo para darnos a conocer. Y creo que puedo decir que me considero buena persona.
¿De dónde sale el nombre de Ataez?
Sale de mi segundo apellido, que viene por parte de mi madre. Quería que la marca tuviera algo mío, algo propio. Además me encanta que tenga la primera letra del abecedario y también la última. Y a nivel de webs, cuando buscas una marca, siempre salen primero las que empiezan por A, así que tiene su toque pensado. Pero sobre todo viene de mi segundo apellido.
Defines tu marca como moda para mujeres seguras de sí mismas. ¿Qué mujer tienes en la cabeza cuando diseñas?
Tiene que ser una mujer a la que le guste sentirse segura, porque es una ropa muy especial, que no es tan común, y hay que sentirse segura para llevarla. Y que le guste vestir cosas que no llevan los demás, que sea exclusivo. Al final, en las grandes marcas tienes la ropa masificada y todo el mundo va igual. Esto es algo más especial.
Cuéntame de dónde viene tu pasión por la moda. ¿Tuviste algún referente desde pequeña?
Mi madre siempre ha cosido para todos los niños. Cuando éramos pequeños nos hacía la ropa, y eso me encantaba. No recuerdo estar nunca viendo la tele, siempre estaba haciendo punto de cruz o cosiendo ropa para los Pin y Pon. Somos del norte, allí no hace calor y pasas más tiempo en casa, así que necesitas hacer labores. La verdad es que la confección estuvo en mi vida casi antes que el diseño.
¿En qué momento decides que tu camino era este?
Yo necesitaba hacer algo creativo, cosas que dieran luz. No me veía sentada en una oficina todo el día con un Excel, creo que me hubiera aburrido. Necesitaba movimiento, algo divertido. Me encantan los tejidos, las telas, los estampados, hacer los bordados. Creo que no podría dedicarme a otra cosa. Mi marido a veces me dice que me vaya con él, que el mundo inmobiliario, al que se dedica, es más rentable, pero es que mi mundo me gusta tanto que no sé si hasta lo haría gratis.
¿Dónde naciste y cómo fue tu camino hasta Málaga?
Nací en Palencia, de casualidad, porque fui seismesina, aunque mis padres en esa época vivían en Valladolid. Siempre hemos estado entre Valladolid y Palencia. Luego me fui a estudiar a Barcelona, y de Barcelona me vine a Málaga a trabajar. Después estuve entre Madrid y Málaga, constantemente en el tren, y hasta hoy, que ya puedo decir que estoy aquí oficialmente. Llevo dos años y medio asentada, aunque pisé Málaga por primera vez hace 16 años, cuando empecé a trabajar por aquí.
¿Cómo viviste tu aterrizaje en Málaga?
He vivido en Barcelona, en Madrid y en Castellón, y la calidad de vida que tiene Málaga no se puede comparar. Barcelona podría ser algo similar, pero no tiene nada que ver el ambiente, la gente, la comida. Es una ciudad muy cómoda para ir andando, y a nivel familiar, tener hijos aquí es un lujo, con la montaña y la playa tan cerca. Estoy enamorada de Málaga.
Marian de las Heras, en un momento de la entrevista.
Estudiaste en una de las escuelas de diseño más importantes del país. ¿Cómo fue tu formación?
Estudié en ESDi, la Escuela Superior de Diseño, adscrita a la Universidad Ramon Llull. Fue duro, te exigían mucho. Los dos primeros años hacíamos diseño en general, con compañeros de gráfico y de audiovisuales, y luego te especializabas. Yo elegí moda. El proyecto final de carrera también fue una lucha. Lo hice inspirado en Miró, con un patronaje todo en formas circulares, e hice los patrones y lo cosí todo. Lo mejor de aquella época fue salir de casa, vivir en una residencia y conocer a muchísima gente.
¿Cómo fue decir en casa que querías estudiar moda?
Muy complicado. Yo era la mayor de cuatro y mis padres querían que estudiase una carrera. Para ellos, el diseño de moda no era una carrera, sino un "pinta y colorea", y me costó mucho convencerles de que era una profesión de verdad, con muchas salidas y con trabajo.
¿Recuerdas qué hiciste con tu primer sueldo?
Me compré un bolso de Loewe, el clásico del candadito. Ya no me lo pongo, pero ahí lo tengo guardado.
Al final, con tu currículum vieron que no ibas precisamente de farol ¿Cómo llega el momento de emprender?
Desde luego. Fue un poco por necesidad. Yo quería quedarme en Málaga y estaba trabajando entre Madrid y Málaga, así que tomé la decisión de emprender y quedarme aquí definitivamente. Siempre he tenido la espinita de hacer mis cosas, de poder vestirme con lo que tengo en la cabeza. Emprender es difícil porque no solo diseñas, conlleva muchísimas cosas más...
Esa parte más aburrida que no le gusta tanto a una diseñadora pero que, cuando tienes una empresa, hay que sacar.
Efectivamente, esas que son algo más rollo.
Antes de Ataez pasaste por varias marcas reconocidas. ¿Qué aprendiste de esa etapa?
Lo primero, que cuando trabajas para una empresa importante debes adaptarte a sus ventas y a su estilo, que no es el tuyo. Hay que analizar muy bien cada marca y saber qué va a funcionar, observar a la competencia.... No tiene nada que ver una con otra, y creo que fui bastante buena en lo mío porque me adaptaba muy bien a lo que se necesitaba, aunque no fuera mi estilo. Pasé por Charanga, por una firma de mujer llamada BDBA, por Mayoral y por El Corte Inglés.
En Mayoral recuerdo que se viajaba muchísimo, hacíamos análisis de tendencia y viajes de shopping, me fui hasta Miami. Iba a ferias, veía tiendas, competencia... Y a partir de todo eso se crea un board con las ideas que pueden encajar en la siguiente producción. Y ya luego, planteas diseños y detalles, así en general. Luego tienes que estructurar bien las fichas técnicas, que hay quien se cree que el diseño se basa en dibujar. De eso nada. Hay que hacer una ficha técnica muy completa sin defectos, ya que en las empresas grandes los talleres están en países como China, Marruecos o Turquía. Ellos siguen a rajatabla lo que pones en la ficha. Si te olvidas de un lazo, ese lazo no sale. Hay que ponerlo todo detalladísimo.
En BDBA, por ejemplo, aprendí bastante del tema de proveedores, de luchar que hicieran cada cosa bien. Porque es verdad que luego, por ejemplo, en Mayoral está todo tan segmentado que tú diseñabas y te despreocupabas. O sea, luego tú pasabas las fichas técnicas y ya producción se encargaba que eso se llevara a cabo bien. Pero por ejemplo, en BDBA no, tú lo hacías todo, diseño, producción, todo.
¿Cómo pones en marcha Ataez en Málaga?
Tengo la suerte de poder meter la marca dentro de una tienda, Chavala, que es de mi suegra, y por ahí he empezado a darla a conocer. Ella lleva 47 años en el Centro de Málaga con su tienda multimarca y es un orgullo que mis prendas estén allí. Además, siendo sincera, en parte emprendí porque tenía esa ventaja. Es una tienda con marcas muy exclusivas, españolas, francesas e italianas, prendas muy diferentes que no vas a ver a nadie llevando por la calle. A partir de ahí, lo más importante han sido las redes y darme poco a poco a conocer.
Sin esa oportunidad, no sé si hubiera acabado como freelance. Desde China me contactaron para trabajar con ellos, pero no me daba mucha fiabilidad y al final opté por emprender.
¿Cómo ves el ecosistema de moda en Málaga?
No hay tantas marcas ni tantas tiendas como parece. Lo comento mucho con mis amigas, porque Sevilla, que está al lado, tiene muchísimas más calles con tiendas. Aquí hay mucha multinacional y poco negocio local, poca marca española pequeña con cosas especiales. De hecho, la tienda de mi suegra funciona bien precisamente porque son marcas muy exclusivas y diferentes.
Hay diseñadores que se quejan de la falta de tejido de producción en Málaga. Dicen que no hay talleres. ¿Es viable hacer el "Made in Málaga"?
Me encantaría trabajar con talleres de Málaga. De hecho, ya colaboro con algunos, pero esta temporada he tenido problemas. Tenía dos colecciones cuya producción se ha quedado parada porque a los talleres no les daba tiempo y han priorizado encargos más grandes. Al final es complicado encontrar talleres que funcionen bien y que puedan asumir el volumen de trabajo.
De cara al futuro mi idea es montar mi propio taller. En la oficina tengo una habitación libre y ya viene una costurera que hace arreglos para mí y para la tienda. Quiero aprovechar ese espacio para empezar a confeccionar allí parte de mis diseños. Seguiré haciendo fuera los bordados y las piezas más complejas, pero todo lo que pueda fabricar en España quiero hacerlo aquí.
Para mí el sello 'Made in Málaga' o 'Made in Spain' tiene mucho valor, aunque también supone un esfuerzo enorme. Me gusta producir aquí porque puedes seguir todo el proceso de cerca y reaccionar mucho más rápido. El problema es que la producción está muy fragmentada: el tejido va por un lado, las fornituras por otro, el patronista, el cortador y la confección trabajan por separado. Todo eso encarece muchísimo la prenda, mientras que un taller en India puede ofrecer el mismo servicio por la mitad de precio.
Aun así, creo que fabricar aquí aporta calidad, pero es muy complicado, y ese valor añadido también tiene que reflejarse en el precio. Si quieres mantener una marca sostenible y apostar por la producción local, es inevitable...
La etiqueta de su marca, con el logo, que es una palmera.
¿Cómo se convence a una clienta de pagar 200 euros por un vestido cuando compite con plataformas tan baratas?
Lo que lo hace especial es saber que no vas a vestir en masa, como en las grandes empresas. Hago muy pocas unidades, prefiero ofrecer muchos más diseños que dar más cantidad de uno solo. Prefiero la variedad antes que encontrarme a media España con el mismo vestido. La marca tiene que hacerse valer porque ofrece algo diferente.
Trabajas con estampados propios. ¿De dónde sacas la inspiración?
Me inspira mucho lo mediterráneo, las palmeras. Si te fijas, el logo es una palmera. Me despierto en casa con el mar y las palmeras delante, y me encanta. Me encanta dibujar y pintar, soy muy creativa, estoy todo el día pintando, y hay muchísimas cosas que luego no ven la luz, las guardo como pruebas.
Igual que un artista guarda letras en un cajón. ¿Cuántas personas forman Ataez?
Ahora mismo estoy prácticamente yo sola. Ha estado una chica conmigo de prácticas, y lo llevo casi todo: la página web, las redes, todo. Estoy intentando delegar las redes en alguna agencia, pero mi estilo es muy personal y, hasta que tenga clara la línea a seguir, necesito seguir haciéndolo yo.
Marian nos enseña tejidos para próximas temporadas, colores en tendencia...
Detrás hay una red de colaboradores que no son Ataez, pero en el fondo sí son Ataez, ¿no?
Llevas razón, el cortador y el patronista son precisamente malagueños, y tengo el apoyo de los talleres de confección, dos de ellos aquí en Málaga, otro en Jaén... Y sigo buscando al fallarme uno. No depende de mí sola la marca, de mucha gente que hay detrás que la hace realidad.
¿Eres de las que se emociona cuando se topa con un diseño suyo por la calle?
El año pasado mi prima me envió la foto de una chica llevando un conjunto mío en la Catedral de Sevilla. Lo tengo grabado como una de los primeros momentos de más ilusión con la marca. Que alguien que no conoces haya comprado tu ropa y te llegue esa imagen es un orgullo enorme. Es de esas cosas que te hacen sentir un poco 'artista'. Me hizo muy feliz.
Se dice que en la moda hay mucho ego, y veo que en su mismo bloque tiene a otra diseñadora. Además, en Málaga han nacido diferentes marcas femeninas en los últimos años. ¿Cómo lleva la competencia?
No me importa nada, al revés. Creo que tiene que haber competencia y que, precisamente en Málaga, cada uno tiene su estilo y su público. Hay hueco para todos. Al final, la competencia es buena, es la manera de hacerlo mejor.
Marian, rodeada de sus prendas, que se venden a pie de calle en Chavala.
En Málaga cada vez es más difícil tener un local a pie de calle. ¿Cómo ves ese panorama?
Es complicado. Si me planteara coger un local y montar mi primera tienda solo con mi marca, los alquileres están por las nubes, piden barbaridades, y tendría que buscar, muy probablemente, una zona que no fuera el centro. Málaga está rozando a Barcelona y Madrid en precios comerciales. Por eso cada vez más diseñadoras montan un piso tipo showroom, que es más económico y da más intimidad.
¿Qué perfil de compradora tienes?
Mujeres entre 30 y 50 años, aunque también compra gente más mayor. Al final, son mujeres que quieren vestir especial, da igual la edad.
¿Crees que montar tu propia marca te ha cambiado como mujer?
Un poco sí. Es mucha más presión y mucho más trabajo. Antes tenía mi sueldo, mi horario y mi trabajo, y desconectaba. Ahora te llevas el trabajo a casa, y con él el agobio. Esa es la parte negativa. La positiva es que te llega un sábado lleno de pedidos, o un mensaje bonito de una clienta, o una foto de alguien con tu ropa puesta, y eso compensa. Pero bueno, ya mejorará la cosa, estoy segura.
¿Dónde te gustaría ver a Ataez dentro de cinco años?
Para empezar, crecer sin perderme. Y luego me encantaría abrir una primera tienda en Málaga, y más adelante quizá en Madrid o Barcelona. Sobre todo me gustaría tener mi propio taller de costura y centralizarlo todo aquí, sin tener que hacer tantas cosas fuera. Y delegar, el marketing, los envíos. En septiembre mi idea es contratar a la chica que ha estado de prácticas, que es de Córdoba y estudió aquí en Málaga, para que empiece conmigo. Es muy proactiva y he tirado mucho de ella, porque cuando viajaba a Valladolid necesitaba que sacara las cosas adelante aquí.
¿Tienes algún sueño concreto con la marca? ¿Que la vista alguien?
No soy mucho de querer ver a una celebridad concreta con mi ropa, eso me da más igual. Me gusta más que una clienta cualquiera me diga que es feliz llevando mis prendas, que me compra todos los años porque le encanta. Eso me llena más. Aunque, si la Reina Letizia quiere un look, se le envía... (ríe)
Marian, durante la entrevista.
Antes me decías que Málaga te ha enamorado. ¿Qué mejorarías de ella?
Desde que vine por primera vez ha cambiado y ha mejorado una barbaridad. Pero hay cosas que cuidar, sobre todo de cara al turismo y al comercio. Hay mucha gente pidiendo por la calle y da mala imagen. Hay que cuidad más la calle. Tengo amigas con hostels que lo sufren todavía más, que a veces tienen que llamar a la Policía. Lo que es bonito cada vez está más bonito, pero esa parte hay que mejorarla. En los Premios Woman se lo comenté al alcalde, a Paco de la Torre.
¿Y qué te dijo?
Me respondió que están en ello.
Precisamente es el momento ideal para la pregunta estrella de la entrevista. Si te convirtieras en alcaldesa de Málaga por un día, ¿a qué le meterías mano?
Intentaría ayudar con la problemática de los alquileres tan altos en los comercios, y sobre todo al comercio malagueño y español, para que pueda funcionar aquí. Que no se lo coman todo las empresas extranjeras, tanto en pisos turísticos como en locales de marcas que no son españolas. Ayudaría a la gente de aquí a tener su negocio a pie de calle.
¿Y si fueras presidenta de España?
Habría que mejorar muchísimo las cuotas de autónomo. Comparado con una empresa privada, pagamos muchísimo más y a veces no compensa, llegas a plantearte tirar la toalla porque pagas más de lo que casi ganas. Aunque, uf, si te soy sincera, no me gustaría ser presidenta, es demasiada presión y estar en el ojo del huracán.
Marian de las Heras, con uno de sus vestidos más vendidos.
¿Cómo definirías a Málaga con una de tus prendas?
Con el vestido de palmeras que saqué el año pasado, que fue un poco inspiración de Málaga. Quería que llevara las palmeras que me han inspirado, y cada vez que lo veo me da ese buen feeling.
Me contabas que tu padre ha fallecido hace muy poquito tiempo. ¿Qué diría si te viera aquí, defendiendo tu propia marca y tu sueño?
(Sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas) Creo que alucinaría, porque él nunca creyó mucho en esto. Pero al final estaba orgulloso de mí, de toda mi trayectoria, de haber trabajado tantos años. Mi padre siempre nos educó en que, hiciéramos lo que hiciéramos, fuéramos trabajadores, que nunca dejáramos de trabajar. Y creo que estaría súper orgulloso de hasta dónde hemos llegado.
