El virulento incendio que desde la madrugada de ayer lunes ha arrasado por completo el Le Grand Café y el hotel Ibis Centro de Málaga se da por extinguido.
Tras una noche completa de trabajos, el amplio dispositivo de Bomberos desplegado en el Pasillo de Guimbarda, donde se localiza el inmueble afectado por las llamas, ha podido sofocar el fuego.
El control definitivo tiene lugar más de 30 horas después de que saltasen todas las alarmas alrededor de las 01.25 horas de la madrugada de lunes. Y de que, pese al presunto control que se tenía de la situación, el fuego se reavivase en el interior del hotel alrededor de de las 18.00 horas de ayer.
En ese momento se generó una inmensa columna de humo que llegó a verse desde diferentes puntos de la ciudad.
Otro vídeo de los trabajos de extinción del incendio del hotel Ibis Centro de Málaga.
Pese a la espectacularidad del suceso, no hay lamentar personas heridas. Sí son visibles los daños materiales causados. De hecho, a la espera de los informes técnicos correspondientes, varias fuentes dan por seguridad la necesidad de actuar de manera drástica sobre el edificio.
Sí fue necesario el desalojo inmediato de alrededor de un centenar de personas que estaban en el interior del alojamiento.
Detalles del suceso
El siniestro deja sobre la mesa una pregunta que técnicos e ingenieros tratan de responder: ¿por qué este edificio en concreto ha ardido con tanta virulencia y por qué partes de su forjado llegaron a desprenderse?
La respuesta está en una combinación muy concreta de materiales: acero, madera y materiales especiales de insonorización.
Tres elementos que, aislados, son perfectamente habituales en la edificación. Juntos, y sometidos a un incendio con elevada carga de fuego como el originado en el Le Grand Café, conforman lo que un técnico en emergencias describe como un escenario "nefasto" en el que el edificio funciona literalmente como un horno.
La primera clave técnica está en el comportamiento del acero estructural frente a la temperatura.
Lejos de ser inmune al fuego, el material empleado en las vigas de acero de los edificios disminuye de forma drástica su capacidad portante a medida que aumenta la temperatura y el tiempo de exposición a esa temperatura, sin necesidad siquiera de llegar a fundirse.
Un Técnico Superior en Coordinación de Emergencias y Protección Civil, con años de experiencia como bombero, sitúa el umbral crítico a partir de los 500 °C, una temperatura que un fuego virulento como el del Le Grand Café alcanza en pocos minutos. El acero pierde aproximadamente el 50% de su resistencia mecánica y se vuelve elástico.
Esa franja coincide con lo que la normativa española maneja. Según ha explicado un ingeniero bombero, el acero pierde en torno a la mitad de su capacidad portante al alcanzar los 600 °C, y a 550 °C la pérdida ya es del 60%. Es decir, antes incluso de llegar a los 600 grados, una viga ha perdido más de la mitad de su capacidad para sostener el peso del edificio.
Es habitual oír en la calle que el punto débil de las construcciones de acero son los remaches o las soldaduras. El técnico en emergencias matiza esa idea extendida: aunque esas uniones efectivamente sufren tensiones brutales durante un incendio por las dilataciones térmicas, el verdadero peligro del acero está en su propia naturaleza física ante el calor.
Al calentarse, las vigas no se limitan a perder resistencia: se dilatan longitudinalmente y empujan con enorme fuerza los pilares o los muros hacia los lados, desestabilizando el "esqueleto" del edificio.
Y cuando esas vigas se enfrían bruscamente, por ejemplo, con el agua de la extinción, se contraen de golpe. Es entonces cuando soldaduras y tornillos pueden romper por cizallamiento. Es decir, las uniones efectivamente fallan, pero no por debilidad propia, sino arrastradas por el comportamiento térmico del conjunto.