El Puerto de Málaga da un nuevo paso en su apuesta por curar las heridas que presenta el espaldón del dique de Levante, una gigantesca estructura de unos 1.200 metros de longitud.
Tras activar a mediados de octubre del año pasado el concurso mediante el que contratar la tercera de las fases de reparación de esta infraestructura, el organismo presidido por Carlos Rubio acaba de adjudicar los trabajos a la empresa Copesol.
La propuesta de la constructora malagueña es la mejor valorada por la mesa encargada de analizar las ofertas presentadas. En concreto, obtiene 88 puntos sobre un total de 100, aventajando a los 87,69 de Seranco; los 85,13 de Sato, y los 80,33 de Verosa.
En el plano económico, la adjudicación se hace por un valor de 2.430.373,02 euros (a los que sumar 510.378,34 de IVA). El plazo estimado de obras es de 6 meses.
La operación, según el pliego de condiciones que rige este procedimiento, afecta a los cajones que van del 9 al 13, ambos incluidos. El dique dispone de 30 cajones, de 42,20 metros de largo por 20 de ancho, en parte de los cuales ya se ha actuado.
El objetivo marcado por el Puerto es el de mejorar la seguridad y la operatividad del espaldón, garantizando su protección frente a temporales y reforzando las condiciones de abrigo para el tráfico marítimo.
La necesidad de estas actuaciones queda patente al observar los estudios técnicos disponibles. En los mismos se precisa que el espaldón del dique, construido en los años 1998 y 2001, "presenta patologías a lo largo de toda su longitud que podrían afectar a la capacidad portante del mismo en un breve periodo de tiempo si no se llevan a cabo actuaciones de rehabilitación".
Taras que, se apostilla, "se encuentran en un grado de avance muy elevado por lo que no es posible realizar únicamente un mantenimiento sobre el dique sino que resulta necesario efectuar una intervención de mayor envergadura".
Desde que se completó la construcción del dique han pasado ya unos 25 años. Cuando se desarrolló la obra nadie pudo imaginar que la robustez con la que fue desarrollada dejaría entrever evidentes debilidades.
El impacto lesivo del ambiente marino dio lugar a un descarnamiento más que evidente en el espaldón, así como una reducción de su capacidad portante. La solución manejada hasta ahora supone un regreso a las técnicas tradicionales, aplicando hormigón en masa. Y, con ello, eliminando las características costillas del espaldón.
