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Las claves

Una promoción residencial reactiva, casi veinte años después, la obra enterrada que quedó paralizada en 2007 en el número 23 del Camino de Suárez, en pleno barrio popular y consolidado del mismo nombre.

La operación, promovida ahora por la empresa Anzur Siglo XXI, plantea una intervención compleja sobre un solar en esquina y con cuatro plantas de sótano ya ejecutadas —muros pantalla, forjados y los huecos de ascensor y montacoches—, pero sin estructura en altura construida.

​El Estudio de Detalle redactado por el arquitecto Ángel Jaime Rivas propone concentrar toda la edificabilidad en una única torre de siete plantas con fachada a Camino de Suárez, respetando la normativa de manzana cerrada del PGOU y la obligación de alcanzar, como mínimo, seis alturas en este vial.

La solución obliga a encajar viviendas y núcleos de comunicación vertical en una parcela muy estrecha hacia la avenida principal, mientras se libera un gran patio trasero que mejora la ventilación y la iluminación de los edificios colindantes y de la propia calle Nicaragua, de apenas 2,55 metros de ancho.

Volumen edificatorio propuesto.

​La nueva ordenación reduce de forma drástica la densidad residencial respecto al proyecto fallido de 2007. Entonces se autorizó un bloque de 21 viviendas sobre un aparcamiento subterráneo de 23 plazas, mientras que ahora el Estudio de Detalle concentra la edificabilidad en una torre mucho más compacta, con solo 6 viviendas de dos dormitorios —una por planta desde la primera a la sexta— sobre un local en planta baja.

Pese a esta reducción del número de viviendas, el documento ajusta el volumen para mantener prácticamente el techo edificable permitido por el PGOU: la edificabilidad propuesta (671,91 m²) es incluso ligeramente inferior a la teórica máxima calculada para la parcela (677,15 m²), de modo que no se produce exceso de edificabilidad.

Tras casi dos décadas de parón, el proyecto actual mantiene el uso residencial y comercial originalmente previsto, pero adapta el volumen para hacerlo viable sin alterar la edificabilidad, en un contexto de fuerte presión inmobiliaria sobre barrios tradicionales como Camino de Suárez.

Todo ello en un tramo del Camino de Suárez plenamente consolidado y de marcado carácter popular, donde la presión del mercado ha empezado a reactivar solares y proyectos que llevaban años bloqueados.