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Las claves

El bando del alcalde lo dejaba negro sobre blanco: nada de sillitas plegables, sillones ni mobiliario de “primera fila” para ver las procesiones en las calles más saturadas del centro.

Pero basta asomarse a los recorridos estos días para comprobar que muchos fieles siguen plantando sus sillas de playa como si la prohibición no existiera, desafiando una norma que, año tras año, se queda más en el papel que en la calzada.

Un simple paseo por el recorrido que este Lunes Santo va a hacer El Cautivo, uno de los grandes atractivos de la Semana Santa de Málaga, para constatar el incumplimiento de la normativa municipal.

La estampa difiere poco o nada de lo que se ha convertido en tradición en muchos puntos de la capital de la Costa del Sol. Rincones alejados del recorrido oficial, tomado por las sillas de pago.

Y constata el escaso peso que tiene el bando que año tras año lanza el Ayuntamiento, en el intento de organizar un evento de tan magna dimensión como el de la Semana Santa.

El texto, de manera literal, recoge la prohibición de colocar sillas, sillones, mesas u otros muebles móviles en calles estrechas o de cruces complicados sin autorización, así como subirse a árboles o a estructuras temporales como plataformas de retransmisión, que deberán ir igualmente revestidas de telas granates para integrarse en la estética de la Semana Santa.

Eso en lo tocante al hábito de ponerse en primera línea de procesión muchas horas antes de que pasen las hermandades. Aunque son muchas las cofradías, hay dos fechas marcadas en el calendario de muchos: el Lunes Santo, con El Cautivo como ‘estrella’, y el Jueves Santo, tomado por el desembarco de la Legión y el Cristo de Mena.