Málaga

Málaga sigue en la búsqueda de un destino cierto para la parcela de los antiguos cines Astoria y Victoria. Más de diez años después de que el alcalde, Francisco de la Torre, desembolsase del orden de 21 millones de euros (la mayoría de ellos en forma de solares) a la entonces propietaria de la parcela, Baensa, el futuro de esta estratégica pastilla sigue en el aire.

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A lo largo de esta década, cada uno de los muchos planes ideados por el regidor para rentabilizar la onerosa adquisición se han visto seriamente alterados por unas u otras circunstancias.

La crisis económica y la incapacidad real de las arcas municipales para afrontar la construcción del que fue bautizado como Museo de Museos dio al traste con el verdadero anhelo del mandatario local. El regidor pensó en este espacio de la Plaza de la Merced como el adecuado para seguir consolidando la ya entonces destacable oferta cultural de la capital de la Costa del Sol.

El fallido intento por sumar un nuevo museo a la ciudad dio paso a una especie de travesía por el desierto, en el que los antiguos cines acumularon años y señales de abandono. Pero el paso de los meses no solo no mejoró las posibilidades del Ejecutivo local para afrontar una intervención millonaria, sino que obligó a los responsables municipales a cerrar la vía de lo público para abrir una puerta alternativa en forma de colaboración privada.

Diseño del edificio ganador del concurso de ideas para el Astoria.

En este escenario secundario, se pusieron las bases de un concurso internacional de ideas con el que diseñar el futuro Astoria. Pero no sólo. Porque con la percha de la propuesta arquitectónica se pretendía encontrar un socio capaz de, por sí mismo y a cambio de ciertos aprovechamientos lucrativos, borrar la ruina de las viejas construcciones.

El fallo final dejó en manos del arquitecto José Seguí la forma final del edificio futuro. Suya era la firma impresa sobre el proyecto ganador, pero era Antonio Banderas y la firma Starlite los que daban músculo empresarial a la iniciativa.

La vinculación del afamado actor fue celebrada por buena parte de la sociedad malagueña, al tiempo que contestada por una minoría política que preguntaba lo que consideraban un concurso elaborado con la clara intención de que fuese Banderas quien se hiciese con la concesión del espacio.

Las críticas generadas por el procedimiento derivaron, apenas mes y medio después de la adjudicación, en la renuncia final por parte del actor, quien dio por cerrado el capítulo del Astoria, donde pretendía cumplir su viejo anhelo de crear un espacio teatral propio. Una aspiración ahora satisfecha en el Teatro Alameda.

El impacto del revés dejó a De la Torre y su equipo en un plano de indefensión que se alargó durante meses. Un periodo en el que se abrió un proceso de reflexión tomando en consideración las otras propuestas que concurrieron al concurso de ideas.

Vista del Malaga All Space, edificio de uso privado con un auditorio de dos plantas soterradas.

Tras analizar el contenido de las mismas y subrayar la necesidad de disponer de un plan empresarial sostenible y ejecutable, una empresa de Córdoba dio el paso para, formalmente, solicitar al Ayuntamiento la concesión de la parcela. Su proyecto, bautizado como Malaga All Space (MAS), incluía la construcción de un edificio con una sala de conciertos subterránea, con capacidad para unas 1.200 personas.

Sin embargo, pese a que la iniciativa fue incluso aprobada como de interés público y cuando todo parecía dispuesto para cerrar la adjudicación formal de la parcela, la hoja de ruta diseñada en los últimos años por el equipo de gobierno se vino nuevamente abajo. Las excavaciones arqueológicas ejecutadas sobre el terreno, tras la demolición de los antiguos cines, sacaron a la luz restos de época romana, árabe y cristiana de valor suficiente como para que hayan sido salvaguardados por la Consejería de Cultura.

Una determinación de consecuencias evidentes sobre el tercero de los planes previstos por el alcalde para sacar del ostracismo una solar que sigue a la espera de destino definitivo. Ante este nuevo revés, el futuro del Astoria parece inevitablemente abocado a tener un uso público.

El propio De la Torre reconoce su intención de activar a más tardar el año que viene los primeros pasos en pro de dar forma a un equipamiento de poco impacto visual, permeable y que respete la configuración original de la Plaza de la Merced, con sus cuatro laterales cerrados.

De hecho, según reconoce el propio concejal de Ordenación del Territorio, Raúl López, los técnicos del departamento de Arquitectura ya trabajan en sentar las bases del inmueble.

Pese a ello los interrogantes son numerosos. No sólo sobre la forma final de la construcción que se alzará sobre restos de hasta 2.000 años de antigüedad, sino sobre el contenido que se dará al nuevo Astoria. ¿Cultural? ¿Tecnológico? ¿Una mezcla de ambos? Parece claro, en cualquier caso, que la riqueza arqueológica descubierta será protagonista clave en la decisión que, casi once años después, tendrá que tomar De la Torre.