"Nací en la ciudad de Málaga, en un barrio en el que siempre se estaba jugando en la CALLE, las madres llamaban a sus hijos para comer por la ventana y en el que se compraba “fiao”, obvio, para poder llegar a fin de mes. Miraflores de los Ángeles se llama, vergel de vida donde aprendí a comerciar con cromos y canicas, y en el que nos manteníamos en plena forma jugando al “poli-ladrón” y al “sota, caballo, rayo”.
Así arranca su biografía en su página web el empresario malagueño Paco Ávila, considerado uno de los gurús de la educación en España tras la creación del gigante de la Formación Profesional MEDAC o ahora de la universidad UTAMED, la primera online privada andaluza.
Ávila es un torbellino, casi todo lo que toca lo transforma en oro (aunque él mismo recuerda que una de sus empresas quebró) y no tiene pelos en la lengua para hablar de ningún tema.
Es políticamente incorrecto, pero con el sentido común por bandera, algo que siempre gusta a cualquier periodista que le entreviste y al público que llenó este pasado lunes la fábrica de Cervezas Victoria en el XLIV Encuentro Tecnológico organizado por EL ESPAÑOL de Málaga con la colaboración de Victoria, la Diputación de Málaga, el Ayuntamiento de Málaga y OneNext.
Si no pudo asistir personalmente no deje de leer esta entrevista porque Ávila, fiel a sí mismo, no le va a dejar indiferente.
-Cuenta usted en su biografía que un año suspendió todas las asignaturas en COU pero que, tras pasarlo, fue un estudiante compulsivo haciendo Ciencias del Deporte y Derecho. ¿Qué le pasó ese año?
-Tenía TDAH, dislexia y discalculia. Siempre era el tonto de la clase. Me sacaban, me liaba y lo compensaba en los barrios jugando al fútbol y peleándome. El profesor Ferrer, que daba Biología, se dio cuenta. Creo que hay una diferencia muy grande entre un docente, un profesor y un maestro. Él estaba muy pendiente y empezó a preguntarme cosas y dijo: “Este niño no es tonto”.
Me hicieron pruebas y gracias a él, a mi madre y a mi padre, que fueron muy resilientes conmigo y me contaban muchas cosas, empecé con las adaptaciones, empecé a estudiar, a sacar las cosas. A mí me gustaba mucho leer, aunque leía con dificultad, me gustaba mucho estudiar y era muy curioso. Lo que pasa es que no podía.
-Ha habido un cambio importante porque hace unas décadas nadie se fijaba en eso.
-Ahora se han pasado de vuelta. Ahora todo el mundo le pone apellido a todo.
-Pero los profesores siguen sin estar bien preparados.
-Sí, hace falta mucha adaptación todavía. Hace falta mogollón. Además yo lo vivo con mi hija. Mi hija pequeña tiene dislexia, discalculia y TDAH. El padre le ha dejado una herencia fantástica. Y estamos ahí peleando con los coles y cuesta. Incluso hay profesores que te dicen que la niña es floja.
Apoyo educativo
"Tenía TDAH, dislexia y discalculia. Siempre era el tonto de la clase. Hasta que un profesor se dio cuenta, estuvo muy pendiente y vio que no podía"
-¿Cómo y cuándo decidió ser empresario?
-No he tenido nunca vena emprendedora. Mi padre era autónomo y repartía bolsas de plástico por los mercados, siempre se estaba buscando la vida. Yo no pasé nunca necesidad ni hambre. Venía de un barrio humilde, pero era un niño de papá. Mis padres me criaban y me cuidaban. Me da coraje esa imagen que se está haciendo de empresarios que venimos de cero en los barrios.
No comíamos en restaurantes, pero comíamos pipas en el parque y éramos felices. El día que nos mandaba mi padre un domingo a comprar mejillones a la bodeguita era una fiesta. Pero no es verdad esa imagen dramática.
Nunca he tenido intención de ser empresario, solamente de buscarme la vida. Trabajaba mientras estudiaba, era inquieto y siempre buscaba la manera de sacar dinero.
La primera empresa que montamos era un club. Técnicamente no tenía ningún glamur. No sabía lo que era una SL ni una factura. Montamos un club hacia el año 1997 porque necesitaba dinero.
Me di cuenta de que en las actividades extraescolares de los niños las madres y los padres se aburrían, así que les puse aeróbic, luego body pump y luego hicimos una guardería para los más pequeños.
Empezamos a ir por los colegios y llegamos a facturar 80 millones de pesetas. Todo en B y sin saber hacer facturas, un desastre. Hasta que llegó alguien que sabía más que yo y me dijo que lo tenía que soltar porque me iba a buscar un problema.
-Ha creado 7 empresas e invierte en muchas más. Entre ellas Medac y UTAMED.
-Una de ellas la quebré, que era Gurucall, y perdimos 2 millones y pico de euros.
-Bueno, una de siete no está mal.
-Ya, ya, pero como dicen los americanos, la siguiente te toca. Medac fue la que me sacó de debajo de la tierra, con la parte buena y la parte mala que tiene, la más sonada.
-Centrándonos en UTAMED, nacéis como universidad 100% online y tecnológica en un mercado concurrido. ¿Por qué se lanza a crearla?
-A ver, ¿os acordáis de Javier Imbroda? Cuando se metió en política en 2018 hablaron conmigo para entrar, pero la política como profesión no me gusta. Javi me decía siempre: «Eres un torero de salón porque hablas mucho, pero no te metes». Él fue consejero de Educación y yo, para no ser un torero de salón y decir que la universidad está mal, tenía que meterme en el sistema desde dentro para intentar cambiar las cosas.
Esa es la parte romántica. Luego había una parte mercantil y matemática muy obvia: teníamos grados medios y superiores de FP; si añadíamos universidad y máster, el lifetime value del alumno se multiplicaba porque lo retienes durante más años.
-Han sido muchos años de trámites administrativos. ¿Pensó en algún momento en tirar la toalla?
-Sí, han sido muchos años. Desde 2015 que empezamos hasta 2023. Cuando Javier Imbroda muere, mi socio Miguel y yo nos quedamos muy solos sin su referente. Yo siempre he sido más asustadizo y muy de matemáticas. Javi era el osado y todo le parecía pequeño.
Hubo momentos en que quise tirar la toalla, pero mis socios y amigos me decían que le echáramos huevos para tener una universidad de gente del barrio, que no fuera de la Iglesia, de aristócratas ni de apellidos pijos de Madrid.
-Tras todo ese proceso, recuerdo que en la inauguración del primer curso de UTAMED no se le borraba la sonrisa de la cara. ¿Qué siente cuando el proyecto es una realidad?
-Siento responsabilidad, porque una universidad puede transformar a muchas personas, cambiarles la vida y generar muchos puestos de trabajo. Siento responsabilidad y estrés. Te ríes porque estás viendo a tus amigos y socios el día de la inauguración y recuerdas todo el barro por el que has pasado, pero la responsabilidad es brutal.
-Conforme va creciendo, más responsabilidad.
-Sí. Vamos a terminar casi con 1.000 trabajadores a final de año. Cuando las compañías crecen tan rápido es muy difícil gestionar, vas achicando agua como puedes.
Proyecto muy largo
"Pensé en tirar la toalla, pero queríamos tener una universidad de gente del barrio, que no fuera de la Iglesia, de aristócratas ni de apellidos pijos de Madrid"
-Siempre ha defendido que la educación esté alineada con la empresa. ¿Cómo lo habéis traducido en los planes de estudio?
-Nos hemos obligado a revisar todos los contenidos al menos un 20% cada dos años. En 2024, un año antes de salir, hacíamos reuniones sectoriales con profesionales para que nos dijeran qué demandaba el sector e implementarlo en los currículos.
Además, hemos metido de forma transversal formación obligatoria en habilidades blandas, especialmente comunicación, oratoria y pensamiento creativo.
Si entras en la guerra de precios, UNIR siempre me mataría porque es más grande. La adoro y la admiro, no hay nada más bonito que tener competidores potentes porque es una motivación. Ahora soy el gato pequeño y ellos el tigre gigante de Bengala, son nuestro referente al que aspiramos.
-Están demostrando que van fuertes. En el primer año tuvisteis 1.300 alumnos y ahora vais por 6.000. ¿Qué plan os marcáis a 5 o 10 años?
-La Universidad de Granada tiene más de 50.000 alumnos y es la más grande andaluza. De las 15 universidades andaluzas, nosotros somos ahora la décima en número de alumnos en nuestro segundo año, y el año que viene superaremos a Huelva y Jaén. Mi objetivo a 5 años es estar los segundos con en torno a 30.000 alumnos y en 10 años estar compitiendo con la UNIR en Latinoamérica y en España.
Ahora mismo nos estamos centrando en el mundo hispanoparlante y tenemos detectados los sitios. Ya que nos hemos metido con la edad que tenemos es para hacer algo gigante. Y si no lo hacemos habremos fracasado.
Hay mucho mercado. Hay mucha gente que no puede estudiar por precio, por trabajo o por cuidar a alguien, y acercar la universidad a su casa es clave. En mi barrio nadie estudiaba en la universidad; hay que romper eso.
-En Andalucía han empezado a la vez tres universidades privadas y eso ha generado recelo y protestas en la universidad pública. ¿A qué cree que se debe esa resistencia?
-Confundimos la universidad pública —donde hay docentes e investigadores espectaculares— con la gente que gobierna, unos pocos rectores y vicerrectores. ¿Hay algún sitio en el mundo donde la competencia no mejore el producto y abarate el precio? Lo que quieren es mantener sus reinos de taifas tranquilos.
Hay mucha presión en la universidad pública. Pero la manera de competir es colaborando entre la pública y la privada. Hay que dejarse de discursos ñoños. Yo lo que quiero es hartarme de hostias con el resto, eso es competir, y para ello hay que cooperar con mucha gente.
Competidor
"Adoro y admiro a la UNIR, no hay nada más bonito que tener competidores potentes porque es una motivación. Ahora soy el gato pequeño y ellos el tigre gigante de Bengala"
El mercado no es un juego de suma cero. La gente piensa que somos consumidores y no creadores, que somos bocas y no mente, y es mentira. Si dejas que la gente coopere es cuando se genera innovación, eso crea riqueza, nos mejora la vida y sube el PIB de todos. Tenemos que cooperar entre nosotros para competir con el resto del mundo. Yo no soy el enemigo. El enemigo es el rubio americano o el chino que nos quiere machacar a Europa.
Los sistemas se cambian con cuatro reformas legislativas. De nuestros 6.000 alumnos, el 80% está trabajando y tiene más de 40 años. Hemos creado una demanda para gente que trabaja y estudia de noche reventada.
-Una crítica recurrente de la universidad pública a la privada es que el alumnado paga por aprobar. ¿Cómo se acaba con ese estigma?
-Lo peor es cuando alguien sabe la verdad y miente. Nosotros no recibimos un duro de la administración pública. Pasamos las mismas comisiones de calidad externas con catedráticos de la pública y los mismos controles de calidad. Decir que no tenemos calidad o que quitamos dinero a las universidades públicas es falso y muy duro de escuchar. ¿Qué puedo decir ante eso? Si ladran cabalgamos, pero esto tiene que cambiar culturalmente.
-¿Cómo están integrando la IA en el modelo pedagógico?
-Nosotros estamos usando la IA para casi todo. Cuando algunas grandes empresas dijeron de pararla, es absurdo porque los rusos, los chinos y los malos siguen corriendo. ¿Cómo vas a pararte? La IA no es cuestión de moral, es cuestión de abrazarla, controlarla y liderarla los occidentales o estamos muertos.
Nosotros la metemos en todo. Y quiero que los estudiantes estudien con IA. La IA no te va a enseñar a razonar, ni a pensar creativamente, ni a mirar a los ojos a alguien para levantarle 50 millones de euros. Por eso hay que formar en habilidades blandas, porque la tecnología pura se está comoditizando.
El reino de las STEM está muerto. Ahora el valor está en quien sepa comunicar, resolver problemas, pensar fuera de la caja, preguntar a las IA más potentes. Los ingenieros y los matemáticos seguirán siendo fundamentales, pero eran los dioses y ya dejan de serlo. Ahora el dios va a ser otro.
-¿Se quedan ya los grados de cuatro años obsoletos? ¿Hay que apostar más por las microcredenciales?
-El mundo va todavía donde diga el MIT, Stanford, Harvard… Las universidades americanas de élite impulsan las microcredenciales porque dicen que el conocimiento evoluciona rápido. ¿Estamos locos o qué?
Si quieres enseñar a alguien a pensar hay que dejarlo en un entorno concreto y estudiar a largo plazo. Confundimos la especialización pequeña con los fundamentos básicos. Hay que saber Derecho Romano, quién es Marx, los románticos alemanes etcétera. Si no, cómo vas a construir un pensamiento creativo. Nos estamos confundiendo mucho. La formación a largo plazo es fundamental. Las microcredenciales valen cuando ya tienes esa base.
Ahora hay muchos en las redes que dicen que te van a hacer millonario invirtiendo. Si no saben ni qué es un balance o un cash flow. Los fundamentos son clave.
-Al final tanta tecnología y velocidad nos acaba llevando de nuevo a una defensa del pensamiento humanista y de defensa de las habilidades humanas.
-Sin duda. La IA nos va a forzar a un pensamiento humanista. Sé que esto no gusta. Las habilidades blandas se pueden entrenar y aprender con método para el que no las tenga.
-Se define a sí mismo como “optimista racional”. ¿Cómo se conjuga con la IA y sus riesgos, con despidos masivos, ciberataques…? ¿Le asusta?
-El riesgo de la superinteligencia es real y asusta. Por eso no se puede parar. Ya está habiendo despidos masivos.
-Hace un año o dos decían los expertos que la IA no supondría despidos, sino que la misma gente haría otras cosas.
-Claro que iba a haber despidos. No hay tecnología que no haya llegado al mercado que no haya generado paro en algunos sectores. Pero luego, a largo plazo, todas esas tecnologías han generado más riqueza que daño. ¿Por qué vamos a pensar que esta es distinta? Sí es cierto que esta nos puede matar, un pequeño detalle (ser ríe).
La gente tendrá que adaptarse a las nuevas realidades.
-¿Pero cree que va a ser todo tan rápido como se dice o hay mucha exageración?
-Nosotros tenemos en nuestras empresas a muchos ingenieros picando códigos, pero con Copilot o Claude se va más rápido. Pero luego hay que limpiarla y curarla, se requiere revisión humana. Esto no es tan rápido, pero sí es cierto que va brutalmente rápido.
Me voy a San Francisco el día 10 para hablar con una gente de IA que dicen que tienen una aplicación que pica código de una forma mucho más eficiente sin tener ningún curador que cualquier humano. Va muy rápido.
Algunas preguntas del público
-¿Qué legislaciones cambiaría en el sistema universitario?
-Paco Ávila: Primero, el sistema de elección del rector. En otros países se exige un perfil gestor con experiencia en dirección. Aquí se autoelige la propia comunidad docente sin exigir competencias de gestión. Segundo, separar la figura del docente puro y del investigador puro, como ocurre en el extranjero, en lugar de exigir a todos ser Superman en ambas cosas.
-¿Tenéis pensado abrir más grados o másteres?
-Paco Ávila: Todo lo que nos dejen. El decreto del Gobierno limitaba mucho la capacidad de presentar nuevos títulos. Si nos dejan crecer, lo que planeamos a 10 años lo hacemos en 5.
-¿Cómo encontrar un socio fiel y cómo gestionar el impacto social con la monetización?
-Paco Ávila: Si buscas capital, busca a alguien con pasta que no se meta en la gestión; si buscas experiencia, busca un mentor. Y sobre lo social: no hay nada más social que crear una empresa próspera que dé trabajo a miles de personas. No os enamoréis de las subvenciones; los proyectos sociales deben ser rentables y autosuficientes a largo plazo.
-¿Qué consejo le darías a un joven de 20 años que quiere emprender?
-Paco Ávila: Empieza con lo mínimo y con tu propio dinero trabajado; no pidas dinero a la familia ni a amigos para no arriesgar su patrimonio. El emprendimiento va de métricas y matemáticas, no de sueños.
-¿Es compatible la humanidad con las nuevas tecnologías?
-Paco Ávila: No solo es compatible, sino que hoy es más imprescindible que nunca volver al humanismo, a los clásicos y a enseñar a pensar a través de la formación a largo plazo.
