Málaga

Las cifras no dan lugar a error: el 45% de los coches vendidos en Málaga en 2022 llevaban cambio automático, una cifra extrapolable al resto del país. Aun así, es un dato muy por debajo de la media europea pero que se está acelerando con la llegada de los coches híbridos.

Es frecuente que algunos conductores reticentes hayan usado frases como a mí me gusta cambiar o incluso los cambios automáticos son para torpes. Atendiendo a esas dos excusas, un cambio automático moderno permite cambiar de marcha y, además, no hay compra más inteligente que optar por uno de ellos. Por lo tanto, aunque sea más tarde que en el resto de países que llevan años disfrutando de ellos, la normalización de su venta y, por lo tanto, de su uso, está generando entre los conductores que los tienen la frase contraria: cómo no he comprado antes un coche con cambio automático. Sea como fuere, que un mecanismo electro-mecánico se encargue de una de las tareas más tediosas de la conducción, solo tiene ventajas.

Los cambios automáticos que tenemos hoy en día tienen formas de funcionar muy distintas, pero todos consiguen lo mismo: que el conductor no tenga que pisar el pedal de embrague. De hecho, ese pedal ni siquiera existe. Por lo tanto, desde el punto de vista de la comodidad y de la seguridad, la ausencia de pedal de embrague proporciona a los conductores una conducción más relajada, sobre todo en entornos urbanos. Además, la gestión electrónica de ese mecanismo consigue que siempre esté conectada la marcha más adecuada a la conducción que llevemos, cosa que no podríamos conseguir con un cambio manual ya que, en la práctica, un conductor medio con cambio manual hace consumir más al motor que uno con cambio automático.

Así las cosas, la llegada de los híbridos ha supuesto el asentamiento de los cambios automáticos. Para este tipo de coches la eficiencia es lo más importante y, sin ninguna duda, la gestión electrónica consigue mejores datos de consumo. Solo conductores muy expertos pueden conseguir datos similares con un coche manual, pero sumando la facilidad de uso la elección parece clara hacia los automáticos. Incluso las marcas de coches muy deportivos llevan años fabricando coches con este tipo de cambios automáticos.

Aunque hay muchos tipos de cambios automáticos son principalmente tres los que tienen una mayor implantación en la actualidad.

Cambio automático de convertidor de par: Es el más antiguo y no solo se usa en automóviles sino también en locomotoras diésel y maquinaria de obras públicas principalmente. Es capaz de transmitir unas cifras enormes de par, aunque su eficiencia no es lo más destacable. En Estados Unidos se popularizó a finales de los años cuarenta y desde entonces todos los vehículos allí se comercializan con este tipo de cambio, con cuotas de venta de aproximadamente el 95%, gracias también a que tienen allí el combustible mucho más barato. En Europa también es frecuente, sobre todo en los coches de alta gama o de lujo. Tiene un funcionamiento muy suave gracias a su principio de funcionamiento, con un aceite hidráulico que es proyectado desde una bomba hacia una turbina, que recoge el movimiento. No se monta en los coches híbridos porque es el menos eficiente desde el punto de vista del consumo.

Cambio de doble embrague: Realmente es una caja de cambios manual, pero el accionamiento del embrague lo realiza un servomotor, consiguiendo que el pedal desaparezca y liberando al conductor de tener que mover la pierna izquierda. En la práctica se puede cambiar de marcha manualmente, pero sin pisar ningún pedal y en un tiempo de unas 80 milésimas de segundo, acción que no puede realizar ni el más experto de los conductores. Se llama de doble embrague porque en realidad tiene dos, donde van conectadas las marchas impares a uno y las pares a otro a través de dos trenes de engranajes independientes. Es el cambio habitual en los coches muy deportivos y de gran potencia, donde el conductor tiene la misma sensación de control que con un cambio manual, pero solo preocupándose de acelerar y frenar.

Cambio de variador continuo: Su popularidad se ha incrementado exponencialmente desde que la mayoría de los fabricantes de vehículos híbridos lo han escogido como el mejor para lograr unos consumos contenidos. Sin embargo, su funcionamiento es de lo más simple porque es el mismo que tienen los ciclomotores de nuestra juventud o los escúteres urbanos actuales y donde dos poleas con forma cónica son recorridas por una correa en forma de V que sube o baja entre las dos, dando como resultado un número de marchas infinito, consiguiendo la gestión electrónica que se mueva siempre en la zona de mayor par y, por lo tanto, de eficiencia. Aunque son los menos agradables de usar en marcha, sobre todo por el ruido generado, no tienen rival por ahora entre los vehículos híbridos por su simplicidad, aunque haya algunos fabricantes que estén montando cambios de doble embrague, más caros, en los híbridos.

Quien siga pensando que un cambio manual es lo mejor, a veces por miedo a lo desconocido o a no saber cómo usarlo, solo hay que conducir un coche con cambio automático unos días para ya no querer otro.

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