El algodón no engaña. El Málaga CF está un par de escalones por debajo que la burguesía de Primera División. En ese grupo está la Real Sociedad, como estaba el Villarreal, que volvió a mostrar todas las costuras del equipo de Funes, al que metió cinco y le podía haber metido alguno más. No se puede ir por la élite del fútbol español siendo una calamidad en defensa, regalando espacios, balones y dando facilidades a jugadores que tienen el callo hecho. Y así lo castigó el conjunto vasco en La Rosaleda.
Desde el minuto 3, en el que Kubo adelantó a los visitantes, el Málaga persiguió sombras. Tuvo dos amagos de reacción que tiró por la borda con una pasividad defensiva que en Primera no perdona.
Matarazzo superó y desbordó a Juanfran Funes con su planteamiento. Y el de Loja tampoco fue capaz de corregir las pistas de aterrizaje que había en el centro del campo del Málaga, a merced de Gorrotxategi.
Funes insistió con Pablo Martínez escorado a la izquierda en el once, Salinas fue titular y Niño formó dupla con Chupe arriba. El centro del campo, con Izan y Dotor, desprotegido como se fue demostrando con el paso de los minutos.
La primera parte empezó prometiendo con un robo de Dotor y con Niño plantándose al borde del área para chutar. Armó el disparo con la izquierda y le pegó al aire. En la siguiente, en una transición, Kubo se plantó en el borde del área y sacó un tiro combado que Pablo Martínez desvió con la puntera y la pelota se coló por la escuadra.
A raíz de ahí, una lección de la Real Sociedad con balón y sin balón. Remiro siempre encontró cómo sacar el balón limpio desde atrás, y ahí la Real encontró una autopista por el todo el carril central. Carlos Soler y Gorrotxategi destrozaban al centro del campo del Málaga, en inferioridad.
Así encontró la Real varias veces más a Kubo por la derecha y también a alguna a Barrenetxea por la izquierda mientras el Málaga perseguía sombras.
Los de Funes no sabían cómo sacar el balón, cómo superar al conjunto vasco. Solo Salinas y Pablo Martínez hacían daño desde la izquierda. En una combinación entre ellos y Dotor llegó la más clara.
Salinas la puso atrás para que Niño rematase con el exterior en el primer palo. Remiro la sacó de la escuadra a los veinte minutos.
La respuesta fue Oskarsson ganándole la partida a Calero cruzando demasiado el balón. Pero no perdonó a la siguiente. Adrián Niño fue a robar un balón en el centro del campo con la mala fortuna de que acabó en una asistencia perfecta para Oskarsson, que batió muy cómodo a Alfonso con Calero saliendo en la foto de nuevo. Muy mala tarde del central, también con el balón.
Lo que siguió hasta el descanso fue un calvario para el Málaga. La Real Sociedad jugando a placer, Alfonso Herrero evitando el tercero en más de una ocasión y los jugadores. del Málaga desesperados sin evitar los pitos de la grada.
La manta corta
Funes a Izan Merino y Salinas -de lo mejor- en el vestuario para darle sitio a Ramón y Aznou. La segunda mitad fue un tobogán de emociones, pero la inferioridad numérica seguía en el centro del campo y las dos primeras circulaciones de la Real dejaron las costuras al aire.
Pero el fútbol tiene momentos. Pablo Martínez cruzó un balón al área y Niño lo recogió en el segundo palo y se la dio atrás a Aznou. Tuvo tiempo para controlar y disparar. La mandó a las nubes con todo a favor.
En la siguiente no perdonó el Málaga. Pablo Martínez encontró otra autopista por la derecha y tuvo la pausa necesaria para ponerla atrás. Niño la reventó y la mandó a la red.
Sin tiempo para saborear el gol, Oyarzábal -homenajeado al principio del partido como campeón del mundo- ajustó cuentas pendientes consigo mismo. No había marcado todavía esta temporada y eligió La Rosaleda para estrenarse. Controló sin oposición un balón dentro del área y sacó un disparo seco imposible para Herrero.
El tanto llegó después de un circulación muy larga de la Real, de esas que no gustan en La Rosaleda.
El Málaga lo siguió intentando y encontró de nuevo premio. Remiro tocó con la yema de los dedos un cabezazo de Chupe para mandarlo al larguero. Del córner vino el segundo del Málaga. Pablo Martínez la puso al área y recogió la segunda jugada en el segundo palo enganchando una volea imparable.
Pablo Martínez celebra su gol contra la Real Sociedad en La Rosaleda.
Otra vez el jaleo en la grada. Otra anestesia de Oyarzábal. Esta imperdonable. Castigó con crueldad una pérdida de Chupe en tres cuartos de campo del Málaga. Desde el borde del área sacó otro zapatazo al palo corto imposible para Alfonso.
Un minuto de diferencia entre ambos goles, que dieron al traste con cualquier esperanza de un Málaga de mantequilla, derretida, en defensa.
El quinto llegó con Guedes ganándole un rechace dentro del área a tres jugadores del Málaga. Era ya un equipo desdibujado, con Joaquín en la derecha, al que le ganaron la espalda con facilidad en esa jugada.
El Málaga tuvo alguna más para maquillar el resultado, también con el 2-4, pero la diferencia fue abismal. No se enteró del partido. Y no se está enterando de qué va la Primera División.
