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Las claves

El futuro de la Nueva Rosaleda de Málaga, marcado a fuego en el fracasado sueño del Mundial 2030, se aleja definitivamente de la vieja Rosaleda.

Aunque sin un calendario cierto que permita imaginar el momento en que el barrio de Martiricos dirá adiós al templo blanquiazul, que lo ha acogido durante décadas, la realidad es que la separación parece obligada.

Y ello abre la puerta, de par en par, a una operación urbanística de enorme calado que, aunque ya recogida en el Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU) de 2011, había quedado encerrada en un cajón.

Una intervención que, llegado el caso, permitiría a las tres administraciones propietarias del estadio (Ayuntamiento, Junta de Andalucía y Diputación provincial) hacer negocio con la parcela del campo actual y sufragar parte de la millonaria inversión que requerirá la construcción del nuevo complejo.

El estudio técnico disponible concluye de manera clara que la localización adecuada es la de los terrenos de ampliación de la Universidad. Según estas aproximaciones, la construcción del estadio en este emplazamiento, incluyendo las intervenciones necesarias en su entorno, podría requerir unos 414 millones de euros, por debajo de los 434 millones de La Rosaleda y los 588 millones de San Cayetano.

Ordenación recogida en el PGOU de Málaga para los terrenos de La Rosaleda.

Los redactores del planeamiento urbanístico condicionaron, eso sí, cualquier aprovechamiento futuro del solar a la construcción de un nuevo estadio. Incluso, en previsión se llegó a dibujar una gran reserva en el sector de San Cayetano, en Puerto de la Torre, para el nuevo estadio.

De ir adelante la apuesta por un nuevo estadio en otra zona de la ciudad, podría recuperarse la apuesta por reclasificar los actuales terrenos junto al cauce del Guadalmedina, abriendo la puerta a la construcción de 404 viviendas.

Atendiendo a la ficha urbanística, se dibujan cinco edificios de 8 plantas. Del desarrollo residencial completo, 283 viviendas serían de régimen libre, a las que sumar otras 121 de protección oficial.

A estos aprovechamientos se añaden otros 13.300 metros cuadrados de techo para uso terciario, comercial y empresarial.

Todo el desarrollo relacionado con equipamiento público y privado, comercial, terciario y empresarial se proyecta en un conjunto unitario que iría en una banda paralela a la fachada del río, con 35 metros de ancho por 350 metros de largo.

La misma podría tener una gestión mixta-pública, configurándose como "un gran centro de servicios y de equipamientos públicos y privados".

Hay que recordar que el plan de regeneración del cauce del río Guadalmedina, sobre el que sigue trabajando el Ayuntamiento, otorga especial relevancia al emplazamiento del estadio.

En este sentido, en el plan especial se llega a señalar la posibilidad de impulsar una reordenación del espacio libre junto al estadio de La Rosaleda y la construcción de un aparcamiento.

Limitaciones

La opción de intervenir sobre La Rosaleda para ampliar su capacidad queda extremadamente afectada por su emplazamiento. Encajado entre el río y la Avenida de la Palmilla, cualquier agrandamiento de su capacidad quedaría acotada a un máximo de 43.000 asientos, según los datos hechos públicos estos días. Un valor muy alejado de los 55.000 que permitirían otras ubicaciones.

A esto se suma la apuesta clara del De la Torre y el resto de instituciones por diseñar un complejo de ciudad con capacidad de albergar no sólo eventos deportivos, sino grandes conciertos e incluso congresos.

En este sentido, la aspiración pasa por plantear el campo de fútbol, previsiblemente techado, con césped retráctil, al tiempo que superficie comercial y hotel.