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Las claves

Al pisar por primera vez el imponente estadio de Daegu (Corea del Sur) para recoger su dorsal del Mundial F75, la antequerana Pepi Sánchez miró con cara de sorpresa a su entrenadora, Malu, y le confesó entre risas: "¡Pero si esta pista es muy chiquitita, esto me lo hago yo en nada!".

A sus 76 años, jamás había corrido en un estadio de esas dimensiones olímpicas, con capacidad para más de 60.000 espectadores. Ese detalle, cuenta, cree que fue clave a la hora de convertirse en campeona del mundo en 400 metros.

"Me dio confianza antes de correr tanto la semifinal, como la final. Yo decía que me la iba a tragar, que esa pista no me iba a costar trabajo, y así fue", asevera. En la semifinal corrió por la calle 7, lo que le dio la sensación de adelantarse a mitad de curva. El resultado, asegura, fue que la carrera "se le hizo súper fácil".

La de Pepi es una historia de superación en toda regla que la ha hecho llegar a la cumbre del atletismo rozando los 80, convirtiéndose en campeona mundial en la prueba de 400 metros de la categoría F75.

Aunque hubiera podido permitirse que el logro se le subiera a la cabeza, lo llamativo de todo esto es que Pepi no olvida sus orígenes. Es muy humilde, lleva su Antequera por bandera y presume orgullosa de nietos, casi lo mismo que ellos presumen de la valía de su abuela.

La deportista reconoce que la experiencia en este campeonato del mundo le ha dejado sensaciones "buenísimas", aunque también ha sido muy exigente. Según cuenta, durante los dos días de competición apenas comió ni durmió, en parte por los nervios y en parte porque su alimentación es delicada: no quería que nada le sentara mal en un lugar como Corea del Sur, con una gastronomía que está en las antípodas de la española. "A eso hay que sumar el jet lag. Porque nada tiene que ver el horario de allí con el nuestro", sostiene.

La final, cuenta la atleta, estaba más igualada sobre el papel. Sánchez detalla que la carrera final llegó "preparada al milímetro" gracias al estudio previo de los tiempos de sus rivales, entre ellas una atleta estadounidense y otra inglesa, esta última con un largo palmarés de medallas internacionales, según describe la propia Sánchez. "Eran dos grandes competidoras, guapísimas, grandísimas y en una genial forma", explica.

La estrategia acordada con su entrenadora, cuenta la atleta, pasó por no salir fuerte y controlar a su rival americana durante los primeros 200 metros, y apretar a partir de ahí. Sánchez recuerda que fue precisamente en esa segunda mitad cuando lanzó su ataque, a base de bracear con fuerza hasta cruzar la meta por delante. "Por eso es tan importante no olvidarnos de los brazos en el atletismo, a mí me dieron la victoria más que las piernas", sostiene la corredora del club Trops-Cueva de Nerja.

No era la primera vez que se cruzaba con la atleta inglesa. El año pasado, en el campeonato celebrado en Madeira (Portugal), Sánchez quedó segunda por detrás de ella en los 800 metros, con récord de España incluido. Esta vez, subraya, el resultado fue distinto. "Me lo he currado y he acabado ganándole el terreno".

Una segunda vida a partir de los 58 años

La trayectoria deportiva de Pepi Sánchez no empezó en la infancia ni en la adolescencia, como la de otros muchos deportistas de su nivel. Antes de dedicarse al atletismo, trabajaba en una fábrica de trajes de flamenca, confeccionando y repartiendo vestidos hasta altas horas de la madrugada, subiendo y bajando escaleras a diario, una rutina que, según ella, le fue forjando una base de fuerza física que después ha podido aprovechar, como muestran sus resultados.

"Me subí, aunque haya quien no se lo crea aún, a una bici por primera vez con 58 años", cuenta la atleta. Sus amigas del gimnasio la animaron a sumarse al cicloturismo y así logró recorrer Europa sobre dos ruedas. "Me he llevado experiencias maravillosas", declara.

El salto a correr, donde ahora triunfa, llegó un poco más tarde, en un contexto personal difícil. Su marido pasó largas temporadas hospitalizado y ella empezó a acudir a la playa a correr como vía de escape mientras compaginaba el running con su trabajo.

Sánchez explica que necesitaba "hacer algo fuerte de impacto" para liberar la ansiedad de aquellos meses, algo que la bicicleta no terminaba de darle. Cuenta que se iba a correr a la playa y que después, de vuelta en el hospital, se lo contaba todo a su marido.

Se jubiló a los 66 años y empezó entonces a practicar carreras de montaña. El salto al atletismo de competición llegó en 2020, año de la pandemia, cuando conoció a Malu, su actual entrenadora, que le hizo una prueba. En febrero y marzo de ese mismo año disputó su primer campeonato. Fueron los primeros pasos para convertirse en la atleta reputada que es a día de hoy.

Tres días de pista y bici los domingos

Su semana de entrenamiento, cuenta, se reparte en 3 días de pista, sesiones de fuerza, un día de series en calle y un día de descanso, habitualmente el sábado. Los domingos los dedica a salir en bicicleta con su grupo de amigas, con rutas de entre 50 y 70 kilómetros.

Sánchez reconoce que no todos los días son iguales y que hay jornadas en las que el cuerpo no acompaña. Su fórmula pasa por no dejarse vencer por la falta de ganas iniciales: "En 5 o 10 minutos ya se ha calentado, te has animado, y así me voy animando yo sola". Así, la rutina siempre se adapta a su situación de competición. En el caso del campeonato ha sido un verano intenso con rutinas "al pie de la letra".

"Si te duele la rodilla y no corres porque te duele la rodilla, al día siguiente esa rodilla te va a doler más", advierte Sánchez a quienes son de su edad y les cuesta moverse. Su receta pasa por no parar, cueste lo que cueste, adaptando el nivel. "Es cuestión de levantarse, andar un rato aunque cueste, o recurrir al yoga o al pilates cuando correr no es una opción", añade.

La atleta insiste en que hay que darle importancia al trabajo de fuerza y musculación, que considera tan esencial o más que el propio ejercicio cardiovascular, tanto para mantener la masa muscular como para el estado de ánimo. "Te sientes más ligera, más fuerte, y entonces estás más contenta contigo misma", resume.

Familia

Aunque suelen viajar a su lado en competiciones importantes, ningún familiar pudo acompañarla en el campeonato del mundo por la distancia y el coste del desplazamiento. "Era carísimo ir hacia Corea", reconoce. Aun así, la familia no se lo perdió: hijos y nietos se conectaron de madrugada, entre las 2.00 y las 2.30 horas el día de la final, desde Sevilla, Málaga y Fuengirola, pues tiene a la familia muy repartida, para seguir la final en directo.

Sánchez recuerda esa noche como "apoteósica", con toda la familia llorando de emoción al otro lado de la pantalla. La atleta tiene tres nietos, Marta, de 16 años, y Pablo y Alejandro, de 15, que siguen "alucinados" con la hazaña de su abuela. Son sus tres soles.

Uno de esos nietos, Pablo, le dejó una frase que todavía la emociona al contarla: "Abuela, ¿tú sabes que cuando entraste en la pista me pareció que el abuelo era el que te estaba empujando para ganar?". Sánchez confiesa que se echó a llorar al escucharlo.

Sobre sus próximos objetivos, la atleta prefiere no ponerse metas nuevas y centrarse en mantener su estado físico y mental actual, consciente de que una lesión o un imprevisto pueden truncar cualquier planificación a su edad. "Que me sienta bien y que siga con la misma fuerza, con la misma gana y con la misma energía para seguir luchando", resume.