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Las claves

En el barrio malagueño de Bonaire hay una barbería donde el incienso quita protagonismo al olor de la laca. Está en el ambiente, dejando una leve humareda similar a las nubes que crean los monaguillos frente a los tronos en Semana Santa. Suenan marchas, hay carteles de salidas procesionales por las paredes, preciosas fotografías de imágenes icónicas de Málaga y el resto de Andalucía y, en la tele, está puesta siempre una retransmisión televisiva de Semana Santa. Cuando llegamos, coincide que se emiten imágenes del Jueves Santo del pasado año.

Detrás de este original local está Gonzalo Martín, un joven malagueño de 26 años que ha hecho de Essenzia algo más que un negocio. "Yo no quería crear una barbería para que la gente se corte el pelo y se vaya", dice. Él buscaba que su barbería fuera un local donde clientes se conozcan, charlen de Semana Santa... Para eso puso un sofá cómodo. "Muchas veces pasa, hay gente que se queda aquí una hora después de pelarse", cuenta.

Para él, ser cofrade es una manera de entender la vida. Aunque en su casa no había una hermandad concreta marcada, sí había Semana Santa. "Éramos semanasanteros, no de una cofradía en concreto", explica. Su madre fue clave en ese vínculo con las cofradías. "Me vienen escenas a la cabeza. Que me tuvieran cogido en la Alameda Principal, con olor a buñuelos y algodón de azúcar...", recuerda.

El salto a vivir la Semana Santa desde dentro llegó a través de la música. Recuerda tocando en un tupperware que usó a modo de tambor y unos rotuladores que bien hacían por unas baquetas. Comenzó a profesionalizarse en el tambor en Churriana, luego pasó a la Trinidad Sinfónica, estuvo un corto periodo en San Lorenzo Mártir y desde 2019 y hasta ahora forma parte de la Banda de Cornetas y Tambores del Cautivo.

Para Gonzalo, la Semana Santa no entiende de rivalidades. "Si tú desmejoras una hermandad por engrandecer la tuya, no eres cofrade", asegura. Su discurso se mueve en lo contrario: en disfrutar de todo. Habla de Málaga, pero también de Sevilla, Córdoba, Cádiz o Granada con la misma admiración. Cree en una forma de vivir lo cofrade abierta, donde cada sitio tiene su historia y su manera.

Esa forma de pensar es la que termina dando sentido a su barbería. El nombre no es casual. "Mi madre siempre me ha dicho que no pierda mi esencia", explica. A partir de ahí construyó Essenzia, una palabra que mezcla lo personal con lo cofrade. "Creo que la Semana Santa tiene su propia esencia y quería tirar por ahí". Cree que en una Málaga que se desmorona en lo identitario, "que pierde esencia", este tipo de proyectos ayuda a sumar contra la gentrificación desde su punto de vista.

Una imagen de Gonzalo.

El camino hacia ser barbero no fue recto. Gonzalo tuvo muchas dudas. Estudiaba Proyectos de Edificación, pero no terminaba de verse ahí y decidió parar, ya que no tenía claro qué objetivo tenía en su vida. "Tuve que decirle a mis padres que no iba a estudiar más y fue muy duro, pero lo entendieron". Después de un tiempo ayudando en casa, encontró en la barbería una posibilidad real. "Siempre me había llamado la atención. Dije, ¿y si pruebo?, nunca se sabe".

Empezó a formarse en plena pandemia, trabajó para otros y terminó emprendiendo con un proyecto propio. Abrió su primer local en 2023, a apenas unos metros del suyo, que se encuentra en la actualidad en la calle Maera, y poco después dio el salto al espacio actual. Allí ha podido desarrollar la idea que tenía en mente: un sitio donde el corte de pelo es solo una parte de una experiencia inmersiva cofrade.

Empezó sin una temática completa y dio el paso para distinguirse de los demás. Detrás hay mucho más trabajo del que se ve. "Tú estás aquí con el cliente y luego te vas a tu casa a seguir trabajando", explica. Redes sociales originales, un cartel anunciador de la peluquería, igual que las cofradías, organización y gestión… todo recae sobre él y parte de su equipo. Y, además, añade la dificultad de ser autónomo. "Es complicado, más ahora que hace años", reconoce.

En la barbería se cruzan clientes de distintas hermandades, músicos, capataces y también personas que no tienen relación directa con la Semana Santa, pero que terminan entrando en ese ambiente. "Es lo que más disfruto de un trabajo como el mío", expresa.

Crecer

Una de las iniciativas que mejor refleja esas ganas suyas de no perder identidad malagueña es el cartel propio que ha lanzado esta Cuaresma desde su barbería. Sin presentación oficial, pero con intención de crecer y convertir este gesto en tradición. "Ojalá pronto hacer tertulias cofrades aquí, sería un sueño", asevera.

El primer cartel cofrade de los muchos que espera sacar con el paso de los años está dedicado al Rocío, por varios motivos. "Es una hermandad muy alegre y además es la virgen de la casa de mi novia", cuenta.

Una imagen de carteles en las paredes. A.R.

Cuando habla de lo que ha vivido como cofrade, se le nota especialmente feliz. Recuerda su primera salida con la Trinidad Sinfónica como un momento difícil de explicar. "Cuando suena la campana y empezamos a tocar… es una barbaridad", describe. También menciona la petalada a la Virgen del Amparo en 2017 como uno de esos instantes que se quedan para siempre guardados en la memoria.

Si tuviera que comparar su barbería con una cofradía, lo tiene claro. "Sería una hermandad alegre, como el Rocío o la Pollinica", dice. Porque, aunque le guste también lo clásico y sobrio, cree que su negocio transmite cercanía, ambiente y ganas de compartir.