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Las claves

En los alrededores del Hospital Materno Infantil de Málaga, la mañana de este Lunes Santo tenía algo distinto. Se notaba. Las floristerías no daban abasto preparando ramos con un destino muy claro: la calle Trinidad, donde Nuestro Padre Jesús Cautivo y María Santísima de la Trinidad esperaban en sus tronos para recorrer las calles de Málaga. Los balcones ya estaban engalanados y en el barrio las conversaciones se centraban en a qué hora salía el Cautivo o lo guapísima que iba la noche del Domingo de Ramos la Virgen de la Salud.

Pero no todo el mundo puede salir a la calle a buscar tronos, por desgracia. Dentro del Materno, cientos de niños permanecen ingresados por distintas enfermedades esta Semana Santa. Muchos de ellos son cofrades y viven la Semana Santa desde la televisión, con la ilusión puesta en el año que viene. Otros ni siquiera pueden acercarse a una bulla: su sistema inmunodeprimido se lo impide. Para ellos, estos días se viven entre cuatro paredes blancas y lo más parecido que verán a la túnica nazarena es la bata blanca de uno de sus doctores.

Por eso, el Colegio El Divino Pastor de Málaga decidió el año pasado cambiar las reglas del juego. Si ellos no pueden ir a la Semana Santa, la Semana Santa va a ellos. Y este Lunes Santo lo han vuelto a hacer, de la mano de la Asociación AVOI.

Desde primera hora, en la entrada principal del hospital, aguardaban los tronos de María Santísima del Divino Pastor y el Santísimo Cristo del Colegio. También colocaron en la sala enseres de esta escuela cofrade, con más de treinta años de historia, y del Grupo Parroquial Luz y Mar, muy vinculado al colegio de la calle Gaucín.

Poco a poco, el hall se fue llenando. Pero no de público cualquiera. En primera fila, como tenía que ser, los protagonistas: una representación de los niños y niñas ingresados. A su alrededor, padres, abuelos, médicos, personal sanitario, profesores… La viva imagen de que la unión, hasta en los casos más complicados, hace la fuerza.

En un lateral, se colocó la banda del colegio, con su ejército de flautas dulces y tambores como mejor arma para emocionar a su público. En el centro, los tronos. Y junto a los varales, algunos de los alumnos que los sacaron el pasado Viernes de Dolores por las calles del barrio de El Torcal. Esta vez, el recorrido era otro. Y los capataces, también.

Con la ayuda de Francis Lorente, profesor del centro, fueron los propios niños enfermos los que hicieron de capataces. Entre ellos, India, de 9 años o Eloy, de solo seis, que lo vivía todo con una sonrisa enorme que se intuía tras su mascarilla. “Es mi cole y la seño Lourdes, mi seño”, contaba feliz.

Su madre, Irene, lo miraba emocionada. “Está ingresado por una recaída importante en la leucemia y está siendo complicado todo”, explicaba. A continuación, hizo una pausa y volvió a mirar, con los ojos llenos de lágrimas, a su hijo. “Esto ha sido muy bonito. Ojalá dentro de unos años sea él quien, en cuarto de la ESO, pueda llevar los tronos. Ojalá”. Este Viernes de Dolores no pudo salir con su hermana en la procesión del colegio por motivos de salud. Este Lunes Santo, de alguna forma, sí lo ha hecho.

También cogió el martillo Pablo, de apenas un año y medio. Y no lo soltaba. Su familia recibió el golpe de su primer diagnóstico de leucemia en noviembre y el mundo entero se les cayó encima. Desde entonces, tratamientos, ingresos y muchas idas y venidas. “Somos cofrades y esto se agradece muchísimo. Te saca de la rutina del hospital”, contaron.

Porque de eso iba todo. Desde AVOI, una de sus responsables, Desirée Montoya, ha explicado que estas experiencias solo suman, ya que "son un gesto maravilloso para que los niños puedan disfrutar de la Semana Santa. Si ellos no van a ella, ella va a ellos. Estamos muy agradecidos por la organización, porque ellos han alucinado. Y José Páez, el conserje del cole y voluntario nuestro, es el que ha hecho de puente para que esto ocurra un año más", ha añadido. En Navidad, Páez también crea en el pasillo de oncología una especie de mini calle Larios para llevar las luces a todos los que no pueden ir a verlas.

Precisamente Páez explicó que este año en la procesión de El Divino Pastor salieron con un lema: el de fomentar la donación de sangre y de médula ósea. También, durante la procesión, todos los profesores y hombres y mujeres de trono llevaban un lazo dorado que simbolizaba al cáncer infantil. "Ojalá todo el mundo se conciencie de la lucha tan importante que hacen estos niños". Además, desde el centro están tratando de que todos los centros educativos de España tengan un día dedicado a la donación de médula, en el que se enseñe lo sencillo que es ayudar a los que lo necesitan.

Cuando ya estaban todos en sus puestos, las marchas empezaron a sonar. Los tronos se mecieron. Hubo aplausos, pero también alguna que otra lágrima. Durante un rato, el hospital dejó de ser hospital para convertirse en la tribuna más preciosa que puede existir. Varios pulsos generaron un gran aplauso por parte de los más pequeños y, como colofón final, una preciosa petalada tiñió el suelo del hospital con cientos de pétalos de colores, provocando una imagen bellísima y difícil de olvidar.

Y aún quedaba lo más importante. Porque no todos, por desgracia, podían bajar a vivir el acto en primera persona. Si en Navidad hicieron del pasillo de la cuarta planta, la de oncología, un mundo mágico navideño; en Semana Santa han logrado que el pasillo se convierta en una pequeña Alameda Principal con el caminar de sus tronos. Desde las habitaciones, padres y niños se asomaban a disfrutar de la escena como podían. De fondo, un tambor tocado por un alumno marcaba el ritmo.

El verdadero triunfo de este Lunes Santo en el Materno no ha sido una buena maniobra de curva o una marcha perfectamente interpretada, sino la fuerza con la que Pablo se aferraba al martillo y esa sonrisa de Eloy que ni la mascarilla podía contener. Hoy, el Colegio El Divino Pastor y AVOI no han llevado solo unas imágenes y flores al hospital; han llenado sus plantas de fe y esperanza.

La mirada de Irene a su hijo resume todo lo que supone un gesto como este. Porque mientras media Málaga ha rezado este Lunes Santo por la salud ante la túnica blanca del Señor de Málaga; en la cuarta planta, padres y madres se agarraban con fe en el Cautivo a la labor de los profesionales de la bata blanca. Ojalá el tiempo vuele y el año que viene sea el propio Eloy quien cambie el pijama por la túnica de su colegio, dejando atrás las cuatro paredes de su habitación para fundirse, por fin, con el ambiente cofrade de su cole de siempre.