Las claves
nuevo
Generado con IA
El pasado Jueves de Pasión, las calles de Dos Hermanas se abarrotaban para acompañar al colegio Espíritu Santo en su procesión escolar, que este año ha tenido una novedad de lo más especial: la vuelta a las calles de Nuestro Padre Jesús de los Niños, que no procesionaba desde hacía una década.
La imagen, que pertenecía al grupo parroquial Luz y Mar en sus inicios, fue cedida el pasado mes de julio al colegio Espíritu Santo, perteneciente a la Fundación Victoria. Desde entonces, la imagen recibe culto en dicho centro educativo donde, según explicaba José Pérez, hermano mayor de Luz y Mar, "será guía espiritual y referente de fe para todos los niños y niñas del colegio".
La acogida de la imagen, según explican varias fuentes, ha sido excelsa en el centro, pero aún más por parte del barrio. La vuelta a la calle de Nuestro Padre Jesús de los Niños llegó a llenar los ojos de muchas vecinas de la zona de San Andrés y Dos Hermanas que, en su día, lo llevaron sobre sus hombros por las calles de Málaga.
"Qué bonito ha sido verlo y ser partícipe del comienzo de una nueva historia para Él, de la mano de tantos niños y de la Fundación Victoria", decía en sus redes sociales Bea, que en su día fue portadora de la imagen y estuvo en los principios de Luz y Mar.
Los orígenes del grupo parroquial de San Andrés, Luz y Mar, se remontan a 1999, cuando un grupo de amigos vinculados al Carnaval y a la vida cofrade del barrio decidió colocar una pequeña imagen, similar a un Cautivo, en la cruz de mayo de su peña. Lo llamaban "el Cautivito".
Aquella iniciativa, casi improvisada, tuvo más respuesta de la que esperaba este grupo de amigos: vecinos que se detenían ante la talla, se arrodillaban o se santiguaban, evidenciando que en el barrio no faltaba devoción. Fue ese pulso del barrio el que llevó a Miguel González, conocido como ‘El Cabeza’ en el Carnaval de Málaga, a impulsar la creación de una hermandad. Así, en el año 2000, nacía la Asociación de Fieles que daría forma al actual grupo parroquial, comenzando con reuniones modestas de apenas una decena de personas que, en poco tiempo, se transformaron en un importante proyecto con decenas de integrantes.
En ese contexto fundacional, la primera imagen titular en consolidarse fue Nuestro Padre Jesús de los Niños, una talla encargada al imaginero Pepe Dueñas que vino a sustituir al primitivo “Cautivito”. Su incorporación marcó un punto de inflexión en la evolución del grupo, no solo por dotarlo de una identidad propia, sino también por canalizar y fortalecer la devoción que ya había comenzado a germinar en las calles de San Andrés. A partir de ahí, el crecimiento fue progresivo, asentando las bases de una corporación que, con el tiempo, ampliaría su patrimonio devocional y su arraigo en el barrio.
