Málaga ha vivido este Jueves Santo el sueño que llevaba tiempo esperando. El día grande de la semana grande relució más que el sol. Calor de media tarde para acoger en las calles a las cofradías que, con un amplio abanico de estilos, procesionaron este 14 de abril.

Hubo Legión y elegancia; jolgorio y silencio; sol y penumbra; exacerbadas medidas y recoletas andas; flores salvajes y buqués refinados… Amargura y Esperanza. La ciudad se echó a la calle y malagueños y visitantes disfrutaron de un día completo.

Las hermandades de la Cena, los Viñeros, la Vera-Cruz, la Santa Cruz, la Congregación de Mena, Zamarrilla, la Misericordia y la Esperanza lucieron en un día soñado que comenzó a las 17:15 horas en el entorno de calle Carretería. Como cada Jueves Santo, el callejeo se convirtió en una misión casi imposible.

La Cena

La jornada traía el estreno de los hábitos penitenciales de las dos secciones de la Hermandad de la Sagrada Cena. La primera hermandad en entrar en el recorrido oficial salía a las 17:15 desde su casa de hermandad en el entorno de calle Compañía. A las 18 horas firmaba en el control de toma de horarios.

En apenas 20 minutos, la sección del Señor de la Cena avanzaba y permitía que el misterio de la institución de la Eucaristía entrase en la tribuna oficial. Lo hacía, como es habitual, con los característicos pasos. El capataz, José Carlos Rojas, mandaba desde la delantera y los hombres de trono trabajaban con izquierdazos, dobles pasos y mecidas.

La Virgen de la Paz lucía un exorno con flores en tonos pastel. La vestimenta, exquisita, mostraba el encaje recogido en el pecho con formas de rosas. La banda de la Paz ponía música tras la Virgen de Luis Álvarez Duarte.

Los Viñeros

Tras la Cena, con un pequeño margen por lo compacto del cortejo de la primera hermandad, llegaba la cofradía de los Viñeros. Aunque el tiempo estimado era de unos 50 minutos, ambas hermandades hicieron su paso por la tribuna oficial en unos cuarenta.

El Nazareno de los Viñeros entraba con Padre Nuestro, la oración de Pascual González, interpretada por la agrupación musical de la hermandad. Un sonido afinado y envolvente que acompañó durante toda su estación de penitencia al caminar del Señor.

Toques fúnebres para la Virgen de Traspaso y Soledad, que avanzó en el inicio del recorrido oficial con la marcha fúnebre de Chopin. El trono de la Señora iba exornado con dos jarras escoltando a la imagen y un friso sencillo de claveles blancos. 

La Vera-Cruz

La última de las secciones de Fusionadas en procesionar lo hacía en tercer lugar en el Jueves Santo. Llegaba con cinco minutos de adelanto y un cortejo con medio centenar de participantes. El tiempo de paso fue de menos de veinte minutos.

En el transitar del Crucificado se alternaba el silencio con la música fúnebre interpretada tras el trono. La cruz se alza sobre un monte sencillo y a los lados de la imagen, sendas jarras con un exorno en tonos morados y fucsias.

La Santa Cruz

Después de su participación en el Vía-crucis extraordinario de la Agrupación de Cofradías con la imagen del Santísimo Cristo de la Victoria, la hermandad de la Santa Cruz volvía a su ser habitual.

La cruz de guía de la cofradía llegaba tras más de 20 minutos de tiempo con la Vera-Cruz. El recoleto trono de la Virgen de los Dolores en su Amparo y Misericordia lucía un curioso adorno floral que traspasaba los límites del cajillo. Un salpicado de flores y dos sencillas jarras de rosas.

23 minutos de paso en la tribuna para la única sección de esta hermandad. Un cortejo muy bien organizado y cuidado que mantuvo un buen ritmo.

Mena

Es imposible entender el Jueves Santo de Málaga sin la Congregación de Mena y la Legión. El himno oficioso de este cuerpo militar es esperado cada año y los malagueños responden: "Soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tal leal compañera".

La cofradía presentaba un cortejo muy numeroso, destacando la gran cantidad de hermanos que acompañaron con cirios en ambas secciones, aparentemente equilibradas.

Sonó el canto legionario, pero la Banda de Guerra interpretó otras piezas. A destacar, Cristo del Amor, de Francisco Javier Moreno, para la curva de Larios a Martínez. Sonó de dulce. La sección del Cristo pasó en 20 minutos y la de la Virgen en 40.

La Virgen de la Soledad lucía la saya de coronación, una obra donde el soporte textil apenas es perceptible por la profusión del bordado. Acompañada por su banda, entró en el recorrido oficial con la Salve Marinera

Zamarrilla

El día comenzó a acumular un ligero retraso. El Cristo de los Milagros entró en la Constitución a las 22:40 y la Virgen pasadas las once de la noche. En ambos casos, es de destacar la calidad musical de las bandas que acompañaban.

Tras el Crucificado, la banda de cornetas del Carmen, que ya lleva demostrando un altísimo nivel y que este Jueves Santo ha quedado patente en el conjunto de la formación.

Por su parte, la banda de música de la hermandad ha tomado un rumbo muy claro recientemente. La nueva dirección ha mejorado mucho la calidad de una formación que, como otras bandas de hermandades, ha vivido altibajos. Ahora está arriba. Que dure.

La Misericordia

Desde El Perchel llegaban la cofradía de la Misericordia. El Chiquito perchelero lucía un gran centro en tonos morados y rojo en la delantera de trono. Estética tradicional: cíngulo en la mano izquierda que sostiene la cruz, potencias y túnica bordada. La entrada en el recorrido oficial, especialmente significativa gracias al sonido de la banda de Bomberos.

La Virgen del Gran Poder dejó una preciosa estampa en calle Ancha del Carmen, con la luz del ocaso como fondo. Las flores, en tonos morados oscuros, contrastaban con el color plata del conjunto.

La Esperanza

El Nazareno del Paso llegaba a la plaza de la Constitución con la cadencia con la que históricamente acostumbra a caminar. Antes de llegar al palco presidencial, el trono bajaba para encarar uno de los momentos más esperados de cada Jueves Santo: la bendición.

Nazareno del Paso, de Benjamín Esparza, sonaba para la maniobra del Cristo. Tras encarar Larios, el Señor modificaba su posición hasta volverse a Cisneros y bendecir al pueblo.

El Señor vestía túnica bordada con la cruz de plata sobre una alfombra de lirios. Tras el trono, la banda de música de los colegios Miraflores y Gibraljaire.

Se escuchó el soneto, pronunciado en esta ocasión por Fray Carlos Amigo Vallejo. Así dice la composición de Joaquín Díaz Serrano:

Medianoche. Se acerca el Nazareno

por entre un mar de corazones fieles.

Sobre alfombra de rosas y claveles

camina con vaivén blando y sereno.

Lleno de excelsitud, de gloria lleno,

reflejando en su faz penas crueles

va poniendo en las almas luz y mieles,

mieles y luz que del dolor son freno.

Se detiene la imagen soberana.

Suena un clarín. La voz de una campana

algo divino y mágico predice.

Se oye un himno triunfal. La luna brilla.

El pueblo emocionado, se arrodilla,

y el Dulce Nazareno lo bendice.

Y llegó la Esperanza. La Virgen llegó para rematar el sueño del Jueves Santo que los cofrades necesitaban tras la pandemia. Fue completo porque sonó el Himno de Coronación de la Esperanza, de Perfecto Artola, y la Señora anduvo como nunca.

Vestida a la perfección, como acostumbra en los últimos años, y con una cuidada y tradicional ornamentación floral, la Virgen avanzó por el recorrido oficial con más brío y soltura que en otras ocasiones.

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