Aunque Javier Calvo y Javier Ambrossi exhibieron su talento ecléctico y diferenciador con Paquita Salas, La llamada, Veneno o La Mesías, 'La bola negra' es la demostración definitiva de una fuerza visual (a años luz de la mayoría) que intuíamos desde hace mucho.
Y es que el largometraje son tres historias, cada una en una época, entrelazadas que desembocan en una misma, con un poso, una cadencia y una profundidad inusuales y nunca pretenciosos, previsibles, fáciles o manipuladores.
Aunque se puede entender como una (o tres) historia sobre la homosexualidad durante la dictadura, lo cierto es que 'La bola negra' ha calado entre el público por ser algo más amplio: la soledad, la familia, la aceptación, las expectativas o el ser distinto en un mundo que nos pretende iguales son solo algunas de las temáticas que se tocan. Algunas de manera implícita y otras de manera directa y en mayúsculas, aunque siempre formando un todo caleidoscópico que invita a un segundo visionado.
Voluntariamente excesiva, y en el buen sentido, los recursos (de todo tipo y para todos los gustos, desde los íntimos a los que buscan la espectacularidad más hipnótica y lograda) están al servicio de la historia y no como una llamada de atención efectista para un público amplio.
Ambrossi y Calvo muestran su más y mejor en este aspecto, siendo capaces de crear una montaña rusa de imágenes y sonidos que trasciende con creces cualquier localismo para tocar lo sublime una y otra vez, por partes y en el todo.
'La bola negra' es un drama social, un poema, una obra de teatro, una cinta con mensajes transversales, una fotografía de una época no tan lejana y una carta de amor a un poeta universal cuyos ecos aún resuenan.
Por supuesto, la banda sonora está especialmente escogida, no solo por los nombres, sino también por una selección de canciones que están en su momento justo y en su estrofa adecuada. Judeline, Roza Esquenazi, Angelillo, María Terremoto e incluso Chumbawamba están donde tienen que estar, mucho más allá del titular que generan. Todos forman parte de una película que es un estímulo constante y que nos lleva de la mano a un maremoto que nos sacude como quiere y cuando quiere y ante el que no podemos hacer nada. Y eso es maravilloso,
El futuro de Calvo y Ambrossi, si no se disuelven como sociedad creativa, es apabullante. Y es que lo que en otras manos podría haber sido una alegoría caduca, previsible, revanchista y con olor a perezosa naftalina, aquí es una obra maestra a la que hemos asistido a tiempo real. El mundo será de ellos.
