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Cuando rodaron la boda de Diego y Lucía, casi nadie en el reparto de Los Serrano se conocía. Habían hecho una única lectura de guion y apenas tenían tres o cuatro episodios escritos.

23 años después de la emisión del primer capítulo, los protagonistas lo recuerdan como el inicio de una familia.

Lo han contado en el panel 'Los Serrano: La reunión', celebrado este jueves en la San Diego Comic-Con Málaga, con Antonio Resines, Antonio Molero, Víctor Elías, Natalia Sánchez, Jorge Jurado y Fran Perea. Belén Rueda fue la gran ausente.

Resines eligió la boda como uno de sus recuerdos favoritos. Para él fue "maravillosa", aunque nadie sabía qué sería la serie.

Lo más sorprendente, ha contado, es que el engranaje funcionó desde la primera lectura. "Todo el mundo entraba al trapo".

Al verla ahora, ha añadido, uno se cree la historia: los enamorados, los hijos con sus caracteres ya definidos, las miradas entre los jóvenes.

Resines ha elegido como uno de sus recuerdos favoritos el rodaje de la boda de Diego y Lucía, grabada al comienzo de la serie. "Nos echaron de la iglesia porque había un funeral", ha rememorado.

El panel ha dejado también un juego: ¿en qué personaje se habrían metido durante un capítulo? Uno de los participantes ha elegido a Bonilla por su libertad y porque "no había que estudiar".

Hubo quien se decantó por el magnetismo de África Zapata y quien destacó a Joan, el novio catalán que aparecía cada pocos meses para reventar la relación de Eva y Marcos. Según el reparto, el actor lo disfrutaba enormemente.

Sobre quién se parece menos a su personaje, el reparto ha coincidido en que el casting fue muy certero y que todos tienen algo de lo que interpretaron.

Jorge Jurado sería, quizá, el que menos, por ser el más pequeño. Guille, han dicho, también era "un cacho de pan" con un punto gamberro.

Eran personajes estereotipados, pero con "mucho fondo, mucho corazón, mucha humanidad".

Sin pretender ser "la serie más educativa del mundo", el reparto ha defendido que cada capítulo dejaba un valor y un final con corazón, incluso cuando era agridulce.

Hacia el final, ha reconocido el reparto, eran como familia, porque sabían de antemano qué se iba a decir en las conversaciones y se llamaban entre ellos por el nombre de sus personajes.

"Esa es la clave para decir: vamos a dejarlo", ha bromeado Resines.

Años después mantienen una relación estrecha, de las que parecen no haberse interrumpido. "Nos vemos y parece que nos hemos visto ayer", ha comentado Perea.

Pasaron más tiempo en la casa de los Serrano que en las suyas, y todos aseguran poder recorrerla con los ojos cerrados y saber a qué distancia está cada puerta.

La cocina, donde coincidían todos y donde terminó la serie, ha sido el rincón más evocado, con ataques de risa que obligaban a parar el rodaje.

En cuanto al desenlace de la serie, Resines ha explicado que el equipo estaba "muy cansado" y que, aunque el público quisiera más, "ya no podíamos más".

La ausencia de Lucía (Belén Rueda) también pesó, según han asegurado.

Víctor Elías habría preferido un cierre como el de Siete vidas, con el reparto ante público y la revelación de estar en un plató, mientras que Perea ha afirmado que es "un final de los que la gente se acuerda".

Resines ha cerrado subrayando que Los Serrano les cambió la vida "a todos y siempre para bien", y que supuso un cambio también para cadenas y productoras.