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Las claves

El próximo 6 de junio, el recinto de Marenostrum Fuengirola acogerá un concierto de Pablo Alborán con una particularidad. Por primera vez en este escenario, el artista malagueño cantará para un público que también incluye a personas sordas, gracias a un dispositivo de accesibilidad que combina intérprete de lengua de signos en directo, camisetas hápticas, mochilas vibratorias y el bucle magnético.

La iniciativa forma parte de la apuesta de Marenostrum Fuengirola por convertirse en un recinto verdaderamente accesible, una línea de trabajo que el festival lleva años desarrollando y que ahora da uno de sus pasos más visibles.

La historia no empieza realmente con el concierto del próximo 6 de junio de Pablo Alborán. Marenostrum puso en marcha en 2019 un plan de adaptación alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030. "Hay 17 ODS y ahora conseguimos cubrir 10, y entre ellos están la gestión del agua, la gestión de los residuos, la inclusión, la paridad, y una cosa muy importante era la inclusión", explica Daphne Martínez, responsable de Sostenibilidad y Accesibilidad del recinto.

La normativa obliga a contemplar plataformas y entradas adaptadas para personas con movilidad reducida, pero en el festival detectaron pronto un vacío. "Hay un colectivo enorme que se queda afuera, que son las personas sordomudas o ciegas". A partir de ahí empezaron a colaborar con la Fundación ONCE para organizar grupos de interés en determinados conciertos y ofrecer acompañamiento.

El paso decisivo llegó el año pasado, cuando el recinto incorporó por primera vez intérprete de lengua de signos en el concierto del artista gaditano Antoñito Molina. Aquella prueba abrió una puerta "maravillosa". "A partir de ahí ya hemos conseguido calar en el colectivo de personas sordas para que tengan la inquietud de venir a un espectáculo de música en vivo, que evidentemente tampoco es un público habitual, porque los sitios no están adaptados", prosigue Martínez.

La elección del concierto de Alborán para iniciar esta aventura no es casualidad. Marenostrum envió el calendario de conciertos a la Sociedad Federada de Personas Sordas de Málaga y dejó la decisión en sus manos. Sobre la mesa había varias opciones, entre ellas La Oreja de Van Gogh o Alejandro Sanz, pero el público que se organizó finalmente fue para Pablo Alborán.

"Son ellos mismos los que han decidido y han comprado sus entradas, y vienen como un espectador más, lo que pasa es que van a tener un servicio adaptado a su necesidad", apunta la responsable de Accesibilidad.

El compromiso del artista resultó clave para hacer posible la propuesta. La intérprete necesita el setlist completo de la actuación con antelación para preparar el repertorio, algo que no se improvisa sobre la marcha. "Pablo se ha volcado y desde que nos pusimos en contacto con su equipo dijo que por supuesto participaba". En principio, la intérprete, Chus Beltrán, estará situada en una plataforma lateral del escenario, ya que la integración dentro de la caja escénica depende de la organización del equipo del artista.

Una camiseta que vibra al ritmo de la música

La gran novedad de esta temporada es un chaleco háptico desarrollado por dos empresas malagueñas. La firma OWO, que lleva años patentando este tipo de camisetas para el mundo del videojuego, ha puesto la prenda, y la start-up fuengiroleña Rhytmo ha desarrollado el software que la adapta al mundo de la música en directo.

Un equipo de once personas ha trabajado durante dos años en este sistema, que apenas pesa 400 gramos frente a los tres kilos de las mochilas vibratorias tradicionales, e incorpora una decena de puntos que mandan pulsos al cuerpo al ritmo de la música. El retardo se ha conseguido rebajar hasta los 11 milisegundos, lo que hace que la experiencia sea prácticamente instantánea.

La tecnología incorpora además una inteligencia artificial que interpreta el estilo de la música, el ritmo, el artista y el género, de manera que una balada activará solo algunas zonas de forma suave, mientras que un tema más enérgico hará vibrar todo el chaleco. "Las personas sordas, cuando están cerca de los altavoces, sienten más la vibración, con lo cual les llega en esa forma el sonido. Con la camiseta lo van a tener directamente sobre el cuerpo", explican desde Marenostrum.

El sistema se ha probado en los últimos meses con personas con ceguera, sordera y movilidad reducida, con resultados muy positivos. En Marenostrum habrá camisetas disponibles para los conciertos que tengan lugar en la loma del recinto, y el de Pablo Alborán será el primero en estrenarlas.

Quienes quieran utilizarlas deberán solicitar el servicio en el correo accesibilidad@marenostrumfuengirola.es. Junto al acceso principal se habilitará una carpa donde las personas inscritas podrán colocarse la prenda, que debe estar en contacto directo con la piel, y allí mismo se calibrará de forma personalizada según el nivel en el que cada persona empieza a sentir y hasta dónde quiere sentir.

Las camisetas hápticas estarán a disposición del público general en los conciertos del escenario principal Unicaja. Todos los asistentes que quieran vivir esta práctica podrán informarse en cada evento en el acceso B del recinto fuengiroleño, donde estará disponible un stand de la marca Rhytmo.

Mochilas, cascos y bucle magnético

A la camiseta háptica se suman otros recursos que el recinto pone a disposición del público que lo solicite. Por un lado, cascos antirruido y tapones para minimizar el ruido, especialmente útiles para familias con niños o personas con sensibilidad acústica. Por otro, las mochilas vibratorias, un sistema que se creó originalmente para técnicos de sonido y que después se trasladó al uso de personas sordas, ya que traduce el sonido en vibración perceptible por el cuerpo.

A todo esto se suma el bucle magnético, un sistema que mejora la audición de quienes usan audífonos o implantes cocleares, además del aparcamiento reservado para personas de movilidad reducida, la plataforma elevada, los aseos adaptados, la barra accesible, la admisión de perros guía y una señalización completa mediante códigos Navilens con audiodescripción del espacio.

Una cadena que necesita visibilidad

Desde Marenostrum insisten en algo. Para que estos servicios crezcan, hace falta demanda, y para que haya demanda, la gente tiene que saber que existen. La comunicación se convierte así en una pieza más del engranaje.

Preguntada por el estado de la accesibilidad en los conciertos en España, Martínez se muestra sincera: "El progreso es real, pero es muy lento. La arquitectura misma ha tardado 50 años en adaptarse a los pasos de peatones con desnivel para carritos, para personas con sillas de ruedas".

Aun así, defiende que el camino no admite vuelta atrás. "La cultura debe ser universal, igual que la enseñanza. Las personas que puedan tener cualquier tipo de discapacidad, ya sea de movilidad, ya sea neurológica, ya sea de sentidos, deben tener la oportunidad de asistir a espectáculos en los que la energía que se siente, la vibración de la colectividad en un concierto, en un teatro, al final es algo digno de vivir".

La satisfacción mayor para Daphne y todo el equipo de accesibilidad llegará la noche del 6 de junio, cuando todas las personas que han trabajado durante meses para hacerlo posible vean cumplido el objetivo. "Cuando los ves disfrutar, salir de su rutina, de su esfuerzo diario... La mayoría de estas personas hacen esfuerzos diarios por algo que los demás damos por garantizado y sin duda es lo mejor de este trabajo".