Las claves
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Hablar de la muerte no es un tema de conversación que a muchas personas les gusta abordar, pero para el director de Montejaque (Málaga), Manolo Orellana, es algo que prefiere tratar con naturalidad y humor en lugar de esquivarlo.
Con esa idea en la cabeza y tras una conversación con un amigo nació su último corto: En Toronto no pasan estas cosas. Este se ha presentado en el 29 Festival de Málaga en la sección Cortometrajes Málaga.
En esta historia “surrealista”, el malagueño mezcla humor costumbrista, crítica social y una mirada muy personal al mundo desde su pueblo, Montejaque, donde lo cotidiano y lo extraordinario conviven con naturalidad.
A lo largo del audiovisual, el director cuenta la llegada a la Tierra de un ángel enviado para advertir a la humanidad de su posible desaparición ante la guerra, el cambio climático o la contaminación, pero este sufre un accidente, se rompe un ala y cae en un patio de Montejaque.
En ese momento la situación se complica y “lo confunden con la muerte y, en vez de dar un mensaje de paz lo único que consigue es provocar más violencia”, explica el director en una entrevista con EL ESPAÑOL de Málaga.
“Muchas veces, ante problemas muy grandes, nos miramos solo a nosotros mismos, como si esos problemas no nos influyeran”, señala. Para él, existe un “egoísmo de cara a la supervivencia” que impide comprender que la comunidad es la mejor forma de afrontar las crisis.
El corto aborda esas ideas a través de la muerte, un elemento que atraviesa toda la historia. A su parecer, “cuanto más se hable de la muerte o se haga presente, mejor” porque “la única forma de vencer a la muerte es aburrirse”.
“La muerte es mala, pero peor es el aburrimiento porque el aburrimiento te dice que estás vivo. Por eso pienso que lo único que te salva es vivir y la forma de estar vivo es intentar no aburrirte”, añade.
A Orellana le gusta contar historias desde el humor, sobre todo cuando es costumbrista, porque parte de lo local para contar algo de lo universal. De ahí que Montejaque vuelva a ser su escenario, y que le permite “hablar del mundo de una manera más concreta”.
Montejaque no es solo el escenario de esta historia, sino también una especie de universo paralelo, ya que “el Montejaque de las películas es otro Montejaque diferente al que existe” porque en él, tras haber grabado el corto, “están vivas cosas que ya no están y son posibles otras que ojalá existieran”.
El regresar al Festival de Málaga para Orellana es como volver a casa, sobre todo tras conseguir la Biznaga de Plata del público hace dos años con su corto Los horrores de la guerra. Ahora, vuelve al certamen para compartir la experiencia con su familia y con la idea en la cabeza de seguir creando nuevos audiovisuales, pero “siempre con Montejaque en la cabeza”.
