Samuel Baeza
Publicada

Las claves

Antonio Pampliega fue, durante muchos años, un yonki de la guerra. Ya no las cubre, pero sigue siendo periodista con todas sus letras. Su bagaje lo confirma; su mirada humana lo dispara a las atalayas de la profesión periodística.

Y cuando habla de su última obra, Cowboys en el infierno, solo puede trazar una sonrisa en su rostro. Lo hace por quienes ya no pueden, como James Foley.

Ha estado en Málaga con una agenda muy apretada. Ofreció una conferencia a jóvenes estudiantes de Periodismo titulada Los ojos de la guerra, donde abordó el dolor de los conflictos armados que ha cubierto. Por la tarde, un club de lectura en la misma facultad de Ciencias de la Comunicación para compartir impresiones sobre la obra.

Entre medias, Pampliega concedió una entrevista a EL ESPAÑOL de Málaga sobre el recorrido de Cowboys en el infierno y su curtida trayectoria en primera fila de las peores guerras contemporáneas.

¿Cómo ha sido la acogida en Málaga de Cowboys en el infierno?

Teniendo en cuenta que soy malagueño de adopción, como quien dice, yo estoy muy contento de presentar el libro en casa. Sobre todo, ver la acogida que ha tenido en la Facultad de Ciencias de la Comunicación y luego en el club de lectura. No esperaba la acogida que está teniendo en los diez meses que lleva en la calle.

¿Ve pasión en los jóvenes periodistas?

La semana pasada estuve en Zaragoza presentando el libro y de estudiantes solo fue una, quien me presentó. El resto de chavales eran de Criminología porque me habían visto con Jordi Wild y vinieron a verme. No había ni un solo estudiante de Periodismo y era algo que a mí me parecía curioso. Me dijeron: “Si te llevamos a una universidad, iría menos gente”.

¿Cree que desmotiva al alumno al hablar de reporterismo de guerra o al contrario?

Tengo dos vertientes: una muchacha quería ser corresponsal y al acabar la conferencia me confesó que “ni de broma”. Luego he tenido otro caso de un compañero de Periodismo que está haciendo el TFG y que lo tiene rotundamente claro.

¿Acabamos banalizando la labor del corresponsal?

Creo que no se valora o no se tiene en cuenta todo el esfuerzo que hay que reunir para conseguir una noticia en una zona en conflicto. Es uno de los puntos fuertes de Cowboys, detrás de esas noticias hay personas que tienen sus miedos, que se juegan la vida y encima por el poco dinero que nos pagan. Creo que era un tema que había que poner encima de la mesa, que la gente sea consciente de lo que supone ser corresponsal de guerra, todas las cosas que te pierdes. El sábado me voy a Londres con mi familia y nunca he viajado allí porque lo que ganaba lo reinvertía.

Es una cuestión de vocación y pasión. Debe haber algo que te motive y sobre todo, algo que te empuje a continuar dentro de lo que es la profesión. Como no lo encuentres, al final lo acabarás dejando.

Cuando ha publicado Cowboys, ¿qué elemento diferenciador quería aportar con respecto al resto de obras? De la guerra ya ha hablado mucho…

Sobre todo, una perspectiva diferente porque el último libro que se hizo sobre la guerra es el de Pérez-Reverte, Territorio comanche. David Jiménez también escribió El corresponsal, pero hay que eliminar ese halo romántico que existe a través de la figura del corresponsal de guerra, que es una invención de Hollywood y de los medios de comunicación, y decir: somos seres terrenales, muchos de nosotros no tenemos ni dónde caernos muertos y hacemos esto porque nos motiva.

Otro de los motivos es contar la guerra de Siria, pero contarla bien porque durante muchos años no lo hemos hecho y eso ha sido un problema porque después han aparecido grupos terroristas tipo Estado Islámico o Al Qaeda que no sabíamos de dónde venían ni cuáles eran las consecuencias que había.

¿La técnica para contar esto cuál ha sido?

La primera persona para que fuera lo más visual posible. Que cuando Corzo o El Guaje van recorriendo una avenida en Alepo y estén buscando si hay francotiradores, que perciban ese miedo. Yo creo que la figura de la primera persona para estas cosas es vital.

Escribí otra novela que se llama Flores para Ariana y era lo mismo: era una niña afgana en el Afganistán de los talibanes. Los golpes que sufría esa niña los sentía el lector.

Entiendo que hay una parte comercial…

La parte comercial es que es novela y no ensayo. Pero más que la editorial, porque la editorial Diéresis es especialista y especializada en temas de periodismo, yo le propuse: si publicamos un ensayo esto va a ser un nicho, es decir, no nos va a leer nadie. ¿Por qué? Porque tiene que gustarte mucho el periodismo o mucho Siria o mucho Oriente Medio. Entonces la parcelita es muy pequeña. Por eso decidimos abrirlo y que fuera una novela de aventuras basada en hechos reales.

Con la escalada del conflicto en Oriente Medio, ¿qué futuro vaticina?

Hacer un vaticinio de lo que va a pasar es bastante complicado. Se hablaba primero de que iba a ser una ofensiva de un par de semanas, ahora no tienen fecha. España ya no se sabe si va a entrar. Donald Trump ha dicho que iba a mandar tropas y hasta 50.000 soldados. Británicos, franceses y alemanes van a mover fragatas. Entonces no sabes si vamos a un conflicto de larga duración y sobre todo las consecuencias que va a haber.

Pero ya no se va, ¿no?

No, no me voy. Con 44 años, se acabó ser freelance. Tengo una niña pequeña, una mujer y quiero vivir. Es hora de disfrutar de la vida.