Málaga

Henry Miller definió a Gyula Halász Brassaï como "el ojo insaciable". "No tiene necesidad de distorsionar. Ve el mundo exactamente como es y pocos hombres lo ven, porque rara vez nos encontramos con un ser humano dotado de vista normal. Explora con el mismo interés una grieta en un muro y el panorama de una ciudad", destaca el escritor norteamericano en El ojo de París, un ensayo dedicado al fotógrafo húngaro.

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El autor de El coloso de Marusi afirma en el libro, publicado en 1937, que "no hay fase de la vida cosmopolita que haya escapado a sus ojos". Sus álbumes en blanco y negro, sostiene, "constituyen una vasta enciclopedia de la arquitectura urbana, del crecimiento, historia y orígenes" de la ciudad de la luz. El Museo Picasso le dedica ahora una de las exposiciones temporales más ambiciosas de su historia.

El París de Brassaï. Fotos de la ciudad que amó Picasso reúne 200 fotografías donde el artista retrata la París más icónica y la de los bajos fondos, además de 16 obras del pintor malagueño. La muestra se fraguó durante la época dura de la pandemia. "Queríamos traer esta París en unos tiempos donde no se podía viajar", ha explicado el director artístico del Museo Picasso, José Lebrero.

El autorretrato del artista húngaro que corona la primera parte de la exposición. I. V.

La muestra presenta a uno de los fotógrafos más reconocidos de la primera mitad del siglo XX. Brassaï supo como nadie retratar la "imagen universal" del París eterno, que va desde la ciudad a orillas del río Sena de noche a sus personajes únicos en cada esquina (intelectuales de la época en cafés, trabajadores en la calle y personas de mala vida en cabarés y lupanares).

El fotógrafo capturó la romántica y precaria ciudad cuando ya no era una fiesta. Europa contemplaba en los años 30 la posibilidad de nuevos conflictos bélicos y revueltas que desembocarían el auge de los totalitarismos. Los artistas nacidos y afincados allí no eran ajenos a tales circunstancias, pero irresistiblemente buscaban en la ciudad de la Torre Eiffel una nueva vida artística y personal llena de libertad. 

Es el caso de Picasso, quien mantuvo una estrecha relación de amistad con el húngaro durante 40 años. Brassaï tuvo libre acceso a los talleres durante décadas y fue el primero en fotografiar sus esculturas. El malagueño, de hecho, le abrió una y otra vez las puertas de sus estudios en Boisgeloup, la Boétie y Grands Augustins (en este último pintó el Guernica y Dora Maar fotografió el proceso de creación de la obra y los dibujos y pinturas asociados a la misma).

Ambos genios retratados. I. V.

El público podrá ver más de 300 obras entre fotografías, dibujos y esculturas de los archivos de la familia Brassaï (Esteta Brassaï Succession) junto a trabajos de Pierre Bonnard, Georges Braque, Lucien Clerge, Fernand Léger, Dora Maar y Henri Michaux. Sin olvidar la cuidada selección de obras de Picasso, fotografiada por Brassaï a lo largo de cuatro décadas

Las obras expuestas de Picasso

Entre ellas hay una tinta guache preparatoria del Hombre del cordero (1943); el cuadro Mujer sentada en un sillón; la escultura en yeso Mujer con follaje donde se refleja la diversidad de los materiales utilizados por el malagueño en su escultura y su carácter de collage surrealista; o una curiosa vista de Notre-Dame pintada por el genio malagueño.

En octubre de 1932, el crítico de arte Tériade invitó a Brassaï a que fotografiara al pintor, su estudio y sus esculturas para ilustrar el primer número de la revista Minotaure. "Se atravesaron. Va más allá de un encuentro entre un pintor y fotógrafo. Se trata de una conexión entre los dos", ha destacado el sobrino del fotógrafo, Philippe Ribeyrolles, durante la inauguración de la muestra que "ha permitido a Picasso y Brassaï volver a codearse una vez más a través de su arte". 

Los dos "inmensos" artistas tienen en común, según Ribeyrolles, sus originales miradas. Miller destacaba los "insaciables ojos" nada ordinarios del húngaro. Mientras que Brassaï dijo del malagueño: "Es el ensanchamiento de los párpados lo que hace su mirada fija, alucinada, loca. Es el ojo de un visual hecho para el asombro perpetuo, cuya esclerótica refleja la luz para jugar en destellos. Todo se centra en la flamante fijeza de su mirada, que te atraviesa, te subyuga y te devora".

Un hombre sencillo (y con chófer)

Cuando el fotógrafo atravesó por primera vez el umbral de su estudio, cuenta en su libro Conversaciones con Picasso, "el malagueño acababa de cumplir 50 años e indudablemente su fama estaba labrada". "Tenía todos los atributos, todos los signos exteriores del artista consagrado: un Hispano-Suiza conducido por un chófer de librea, trajes de los mejores sastres, perros de raza, un dúplex, propio de un gran burgués y hasta un pequeño castillo en Normandía", cuenta.

Sin embargo, ante él se presentó "un hombre sencillo, sin afectación, sin endiosamiento, sin disimulo". "Su naturalidad y gentileza me tranquilizaron al momento. Observaba también el extraño lugar: yo esperaba el estudio de un artista y me encontraba un piso trasformado en leonera. [...] Andábamos sobre un parqué deslucido, con pátina, sin encerar, alfombrado de colillas", recuerda. 

A su sobrino, quien llegó a convivir con el fotógrafo, no le extraña nada que su amistad durase tantos años. "Están unidos por el don de observación extraordinario que cada uno veía en el otro. Y esa curiosidad siempre despierta que se ha traducido en un respeto mutuo a través de una relación de más de 40 años", ha destacado el representante del Esteta Brassaï Succession, que ha definido a su tío como "una artista permanente, excesivamente culto y un cuentacuentos excelente".

El recorrido arranca bajo el título Quiés es Brassaï donde se exhiben varios autorretratos, unos impresionantes hechos con su cámara (¡qué selfi ni que niño muerto!) y otros a carboncillo; fotografías familiares; y una colección de instantáneas de la París de principio de siglo que el propio artista conoció cuando llega acompañando a su padre como profesor de francés. 

"Fue en aquella época cuando la escritora Anaïs Nin anotó en su diario: Brassaï no se separa jamás de su cámara fotográfica. Tiene los ojos saltones como si hubiera mirado demasiado tiempo a través de las lentes de una máquina. Parece no observar, pero cuando su mirada atrapa una persona o un objeto queda como hipnotizado. Sigue hablándote sin mirarte", se lee al inicio en una de las paredes.

El siguiente apartado, París de día, descubre algunas de las mejores fotografías del artista, que en muchas ocasiones evocan su infancia. Es el caso de La vendedora de globos y Estanque de los jardines de Luxemburgo. "Las llamaba imágenes latentes. Quiso sacar fotos a los niños que jugaban con los barcos en los jardines de Luxemburgo, su magdalena de Proust", ha desvelado su sobrino.

Otra de las instantáneas más famosas es La niña de las joyas en el bar Luna donde aparece retratada una señora de compañía muy conocida, que acabó ganándose la vida vendiendo sus joyas y leyendo la mano. "La vio una sola vez. Cuando volvió al bar había desaparecido. Un año más tarde, ella vio su foto en un libro y vino a quejarse", ha relatado Ribeyrolles durante un tour por la muestra.

Una imagen tomada para 'Titanic'

Treinta años más tarde en Francia, cerca de Niza, su tío organizó una exposición con la misma imagen. "Un hombre mayor llegó y dijo que había sido su amante. "Te quiero contar su historia", le indicó. Pero Brassaï le dijo que no podía. Cuando volvió al hotel la gente le dijo que había fallecido. Nunca llegó a conocer la historia de la historia de niña de las joyas", se ha lamentado el sobrino. La mujer se volvió tan famosa que incluso apareció retratada por DiCaprio en la película Titanic.

El artista fotografió fortuitamente a un hombre muerto desde la ventana de su hotel, el Hotel des Terrases. La secuencia, publicadas el 27 de julio de 1932 en el magacín Vu, puede verse en la exposición. La presencia insólita del cadáver dio lugar a una serie de situaciones. Incluso Brassaï cambió el orden de la sucesión real para conseguir una tensión dramática mayor.

"No era un reportaje sino la forma de expresar un momento. Era su forma de contar algo. Hizo trampa con el orden de las fotos. Era una fusión entre todos sus dones y sus ganas de hacer películas", ha reconocido su sobrino. De hecho, su corto Tant qu'il y aura des bêtes ganó el premio a la película más original en el Festival de Cannes de 1956.

El creador también fijó su objetivo en la París lluviosa y en enclaves icónicos de la ciudad como los jardines de Luxemburgo, Notre-Damme y Montmartre. Incluso nos acerca por momentos a la Segunda Guerra Mundial porque tomó fotos de la París ocupada. 

París de noche 

El fotógrafo capturó esa París nocturna y oculta que tan bien representa el Moulin Rouge y la bailarina Joséphine Baker. El Senna, los cabarés, la gente de mala vida y la que se podía permitir una buena vida, los trabajadores y trabajadoras, aparecen retratados a lo largo de su obra. "Trabajaba con unas placas de fotografía muy poco sensibles y tenía tres aliados: las personas que encendían las farolas, la niebla y la nieve", ha contado Philippe Ribeyrolles. En esta sección destacan Chica de vida alegre jugando al billar ruso en Montmartre; Un encendedor de gas en la plaza de la Concordia y Conchita con unos marineros en la Place d'Italie.

También fijó su objetivo en los cafés de París con algunas fotos emblemáticas porque reflejan bastante bien aquella París de los años 30, cuyos protagonistas eran los espejos. En lugar de sacar fotos a los personajes, jugaba con los perfiles de los personajes y los cristales. 

Además de ser un fotógrafo de calle en unos años donde la foto no estaba consideraba una manifestación artística de alto nivel, Brassaï experimentó con la fotografía. Formó parte de ese ambiente intelectual formado por Picasso, Dalí y compañía. Incluso se pueden observar retratos de Samuel Beckett, Simone de Beauvoir, Dalí y Miró.

Lo mismo retrataba a la bailarina de danza clásica Margot Fonteyn en su camerino que a un humilde carnicero: él creía que la cultura popular abarcaba todo esto. Incluso dedicó gran parte de su vida a fotografiar grafitis cuando el término ni siquiera se había acuñado. Creador prolífico, realizo también dibujos y esculturas, escribió numerosos artículos y publicó 17 libros. Hazañas de un Premio Nacional de Fotografía de Francia que pueden verse concentradas desde este martes en el Museo Picasso.