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Los administradores de fincas alertan de la escasez de profesionales cualificados para reparar ascensores, puertas de garaje y otras instalaciones, y advierten de que la situación puede agravarse.

Encontrar una empresa que repare una avería, conseguir que envíe un presupuesto y lograr que los trabajos comiencen en un plazo razonable se está convirtiendo en un problema para numerosas comunidades de propietarios de Málaga.

La falta de profesionales cualificados y la elevada carga de trabajo de las empresas de mantenimiento están alargando los tiempos de respuesta y, en algunos casos, encareciendo las obras hasta el punto de que los presupuestos iniciales dejan de ser válidos cuando llega el momento de ejecutarlas.

La situación ha llevado al Colegio Territorial de Administradores de Fincas de Málaga y Melilla a trasladar una comunicación informativa a las comunidades de propietarios de la provincia.

El objetivo es explicar las causas de unas demoras que están generando malestar entre los vecinos y que, según advierte el presidente del colectivo, Manuel Jiménez Caro, pueden agravarse.

"Es serio. Es verdad que se está generando mucha molestia en comunidades de propietarios y creemos que va a ir a más", señala Jiménez Caro a EL ESPAÑOL de Málaga.

El representante de los administradores sostiene que la falta de mano de obra no afecta únicamente a la construcción y la rehabilitación, sino también a los trabajos técnicos que necesitan los edificios para funcionar con normalidad.

Panel informativo sobre la situación a la que se enfrentan las comunidades de propietarios. Administradores de Fincas de Málaga y Melilla

Entre los servicios más afectados menciona el mantenimiento de ascensores, grupos de presión, bombas de achique y puertas de garaje.

Son instalaciones cuya avería puede ocasionar problemas importantes en el día a día de una comunidad, desde dificultades de accesibilidad hasta inundaciones en los aparcamientos.

El problema, explica, es que las empresas no siempre disponen de personal para atender las incidencias con la rapidez que necesitan los vecinos. Y no se trata exclusivamente de reparaciones complejas. También pueden producirse demoras en trabajos relativamente sencillos, como el arreglo de un bajante.

Presupuestos que se encarecen

Las dificultades afectan igualmente a las actuaciones de rehabilitación y mejora de los edificios. Según relata el presidente del Colegio, las comunidades pueden solicitar presupuestos y encontrarse con que las empresas tardan en prepararlos. Cuando finalmente llega el momento de iniciar los trabajos, el coste puede haber cambiado y el presupuesto inicial ya no se mantiene.

A eso se suma la falta de disponibilidad. Jiménez Caro describe situaciones en las que una comunidad ha conseguido financiación bancaria para acometer una intervención y, cuando comunica que está preparada para empezar, la empresa le informa de que no tiene hueco hasta varios meses después.

La dificultad para encontrar profesionales también está afectando a empresas que prestan servicios habituales en las comunidades.

Las fuentes consultadas apuntan a casos de compañías que renuncian a determinados contratos porque no encuentran personal para cubrir las tareas de mantenimiento de jardines u otras prestaciones.

El déficit es especialmente visible, según esas fuentes, en perfiles técnicos como electricistas y electromecánicos, necesarios para el mantenimiento y la reparación de ascensores. Algunas empresas llegan a ofrecer posibilidades de promoción profesional para captar trabajadores.

La falta de alternativas complica la respuesta de las comunidades cuando el servicio contratado no funciona como esperan los propietarios. El administrador suele convertirse en el primer destinatario de las quejas, aunque la ejecución material dependa de una empresa externa.

El Colegio pretende que los vecinos comprendan esa diferencia y que las demoras no se atribuyan automáticamente a una deficiente gestión administrativa.

La circular explica que los administradores tramitan las incidencias comunicadas, realizan el seguimiento y reclaman a las empresas intervinientes, pero que los plazos efectivos de visita, presupuesto y ejecución dependen en gran medida de profesionales y proveedores externos.

La sustitución de una compañía tampoco garantiza que el problema desaparezca. “Es probable que ocurra lo mismo”, advierte Jiménez Caro al referirse a la posibilidad de cambiar de empresa de mantenimiento de ascensores.

La razón es que, si la falta de técnicos afecta al conjunto del sector, el nuevo proveedor puede encontrarse con las mismas dificultades para atender una avería.

El presidente resume así la preocupación del colectivo: "No tiene fácil solución y probablemente se va a agravar".

La presión de la construcción

Detrás de esta situación, los administradores sitúan la competencia por los mismos profesionales entre la obra nueva, la rehabilitación y el mantenimiento de los edificios existentes.

Jiménez Caro explica que los oficios vinculados a las reparaciones y los servicios técnicos han funcionado tradicionalmente como una alternativa laboral cuando la construcción atraviesa etapas de menor actividad.

En cambio, cuando se multiplican los proyectos de obra nueva, estos trabajos compiten por una mano de obra limitada.

"Quien se lleva el gato al agua es la obra nueva. Se lleva a los mejores técnicos", afirma.

La consecuencia es que las comunidades pueden tener más dificultades para encontrar empresas disponibles incluso cuando se trata de intervenciones necesarias para conservar sus edificios.

El problema no parece limitarse a un municipio concreto: el presidente considera que afecta de manera generalizada a la provincia.