Publicada
LO ESENCIAL
Exclusivo suscriptores

Juan José Sibina llegó a Málaga con ocho años, después de haber nacido en Melilla en el seno de una familia vinculada al mar. Su padre fue capitán de la Marina Mercante y durante su infancia pudo acompañarlo en distintos buques, desde petroleros y cargueros hasta los barcos de pasajeros que cubrían las conexiones con Melilla.

Economista, especialista en logística, aduanas y transporte, Sibina ha desarrollado buena parte de su trayectoria profesional en empresas vinculadas al comercio exterior y al sector portuario. Desde hace unos años dirige la Asociación de Consignatarios de Málaga, una entidad que, según explica, ha pasado de agrupar a unas diez empresas a contar actualmente con 23 miembros.

En esta entrevista analiza la transformación del puerto de Málaga, la necesidad de ampliar el espacio logístico, el futuro del Muelle 8, las conexiones ferroviarias y viarias, el potencial de los tráficos con Marruecos y la llegada de vehículos procedentes de China.

¿Dónde nació usted?

Nací en Melilla, en 1971, y provengo de una familia de marinos mercantes. Mi padre fue capitán de la Marina Mercante y he estado toda mi vida entre barcos y camiones.

Mi padre era catalán, estudió Náutica en la Escuela de Náutica de Barcelona y se licenció como piloto de la Marina Mercante de Segunda en los años sesenta. Comenzó su carrera profesional en petroleros y cargueros y estuvo destinado en Algeciras, en la refinería.

Mi madre había ido a Melilla con su familia y yo nací allí. Después, por circunstancias familiares y por la dificultad de conciliar la vida familiar con un trabajo en el mar, mi padre decidió quedarse más cerca de nosotros. A partir de 1973 o 1974 empezó a trabajar en Transmediterránea y la familia decidió instalarse en Málaga. Llegamos cuando yo tenía algo más de ocho años.

¿De ahí nace su vinculación con el puerto y con el sector marítimo?

Sí. Tuve la oportunidad de enrolarme con él en los barcos en los que estuvo como segundo oficial, primer oficial y, en algunos casos, como capitán. Tenía la libreta de navegación y pude viajar en distintos buques: en canguros, en barcos a Canarias, por el Estrecho, hacia Algeciras, Ceuta, Tánger y en el triángulo Málaga-Melilla-Almería.

Principalmente lo hacía para ver a mi padre y compartir tiempo con él. Esa experiencia me fue curtiendo. Pensé en seguir la tradición familiar y estudiar Náutica en Cádiz, pero a mi padre no le gustaba la idea y acabé estudiando Económicas en la Universidad de Málaga.

Juan José, junto a una imagen de la Asociación de Consignatarios. Carlos Martín

¿Cómo empezó su trayectoria profesional?

Cuando terminé Económicas, en torno a 1997 o 1998, tuve la oportunidad de hacer prácticas en Total Logistics, una empresa con una larga trayectoria en Málaga y vinculada a Melilla. La experiencia me gustó y realicé también un curso de Comercio Exterior.

Mi primer trabajo estable fue en Seur, donde estuve cerca de siete años. Tuve la oportunidad de crear el departamento de Exportación y Aduanas, centrado en buena medida en las exportaciones a Melilla.

En el año 2000 empecé a trabajar como apoderado de agente de aduanas en la Aduana Marítima de Málaga y estuve unos siete años despachando allí. Fue también mi primer contacto directo con la Asociación de Consignatarios.

Más tarde, gestioné una empresa de transporte con más de 120 autónomos y una facturación superior a seis millones. Estuve unos cuatro años en el Centro de Transporte de Mercancías (CTM), una etapa que me permitió conocer en profundidad el transporte terrestre y las cooperativas de transporte de todo el país.

También trabajó en Madrid.

Sí. En una etapa complicada de mi vida y con una hija pequeña, decidí trasladarme a Madrid. Estuve aproximadamente un año y medio o dos años como delegado de una empresa de capital catalán y mallorquín. Fue una experiencia muy intensa. Finalmente regresé a Málaga por motivos familiares, especialmente por mi hija, en 2011.

¿Cuándo empezó su vinculación con la Asociación de Consignatarios?

Después de trabajar en Transcoma, se me ofreció el proyecto de la Asociación de Consignatarios. La asociación había tenido su mayor esplendor durante la etapa de Jerónimo Pérez Casero. Pero tras su jubilación, la entidad quedó en una situación más residual. Presenté un proyecto y el presidente y el tesorero me propusieron ponerlo en marcha.

En menos de tres años hemos dado un salto importante. Cuando llegué éramos aproximadamente diez empresas y actualmente somos 23. Queremos ser los interlocutores y representantes de las empresas portuarias.

Nosotros trabajamos para el puerto, colaboramos con el puerto y vivimos del puerto. Somos un colaborador necesario para que el puerto siga creciendo.

Consignatarios

"Cuando llegué éramos aproximadamente diez empresas y actualmente somos 23. Queremos ser los interlocutores y representantes de las empresas portuarias. Trabajamos para el puerto, colaboramos con el puerto y vivimos del puerto"

¿Cómo recuerda aquel puerto al que llegaba de niño?

Pues muy fácil: el puerto era una frontera. Todos recordamos el muro que separaba el puerto de la ciudad, y era una separación real. Antiguamente estaban el Vicente Puchol y el Antonio Lázaro, y mis primeros paseos fueron en esos buques. Acceder a ellos era prácticamente una excursión.

Lo que veía era que la ciudad no estaba abierta al puerto. Era un espacio muy desconocido. Yo decía “voy al puerto” y parecía poco más que una excursión. Gracias a Dios, eso ha ido cambiando.

Parte de mi trabajo tiene una dimensión pedagógica: explicar qué se hace en el puerto y qué riqueza genera.

Las manos de Juan José, durante la entrevista. Carlos Martín

¿Cuándo empezó a romperse esa frontera entre Málaga y su puerto?

Antiguamente, gran parte de la financiación del puerto procedía de los petroleros. Hubo un antes y un después del cierre de esa fuente de ingresos. La Autoridad Portuaria empezó a preguntarse qué podía hacer y qué nuevas opciones podía ofrecer el puerto.

A partir del año 2000 se planteó la terminal de contenedores, que se construyó aproximadamente entre 2001 y 2005. Ha habido etapas y altibajos, pero considero que aquel fue el punto de partida para poner en valor el espacio.

Actualmente es un puerto multipropósito en el centro de una ciudad que cada vez crece más. Siempre hemos dicho lo mismo: a Málaga le va bien cuando al puerto le va bien y al puerto le va bien cuando a Málaga le va bien.

Estamos en un momento dulce. Llevamos dos años de crecimiento importante y ha sido un momento ideal para poner en valor lo que tenemos y lo que vamos a tener.

Las inversiones previstas por la Autoridad Portuaria, como el Muelle 8, la mejora de la seguridad de los accesos, el acceso norte por el Guadalmedina y el soterramiento de las vías del tren, son esenciales para que las empresas portuarias puedan seguir creciendo.

¿Cuál ha sido la operación más importante de las últimas décadas?

Creo que ha sido un cúmulo de situaciones y circunstancias. Una de ellas puede ser el muelle de contenedores, porque representó una licitación a la que acudió una empresa que decía invertir. El problema era que las empresas no invertían en el puerto. Ahí se produjo un cambio importante.

Fue importante el impulso de los muelles 6 y 7, destinados a graneles. Y fue fundamental la apertura a la ciudad con el Muelle Uno en 2011.

Para los profesionales, perder para la labor comercial el Muelle 1 o el Muelle 2 no es fácil, pero entendemos que el puerto tiene que abrirse a la ciudad. La apertura de estas zonas permitió que el ciudadano conociera el puerto y pudiera llegar hasta la terminal de cruceros.

¿Qué otros tráficos han sido importantes para esa transformación?

Probablemente el establecimiento de Baleària y Acciona fue el momento más álgido del tránsito con Melilla. Hubo líneas comerciales con Tánger que queremos recuperar y en las que se está trabajando.

Y llegó la marina. El puerto ha sabido diversificar el negocio marítimo y dar oportunidades a los grandes yates. Eso permite mejorar los ingresos y que Málaga siga siendo conocida internacionalmente.

¿Qué actividad tiene actualmente el puerto?

El puerto de Málaga es multipropósito. Tiene tráficos de contenedores, graneles, vehículos, cruceros y pasajeros. En cruceros, el año pasado tuvimos unos 570.000 pasajeros y 331 escalas. Se prevé que este año podamos acercarnos a 400 escalas y a 600.000 pasajeros.

En graneles, terminamos 2025 con aproximadamente 5,6 millones de toneladas y este año podríamos llegar a las seis millones.

Creo que el puerto puede especializarse algo más con el Muelle 8, especialmente en la parte de transporte Ro-Ro. Hablamos de transporte marítimo de corta distancia con buques especiales en los que la carga se transporta en camión. Además del cabotaje entre puertos, como la conexión Málaga-Melilla, puede haber tráficos internacionales con Tánger, Nador o Beni Ensar.

Sibina, en primer plano, y un barco de Balearia, al fondo. Carlos Martín

¿Cuál es la pieza fundamental que queda por desarrollar?

Buena parte del futuro del puerto pasa por el nuevo Muelle 8 en lo que se refiere a la explotación. Las empresas portuarias no juegan con la incertidumbre. Hay que asegurar que puedan seguir trabajando y que haya espacio.

La ventaja del puerto es que es multipropósito, pero nos falta espacio. Y el Muelle 8 supone un salto muy importante, tanto cuantitativo como cualitativo. Estamos hablando de unos 70.000 u 80.000 metros cuadrados de explanada y unos 300 metros de muelle. Con la ampliación del Muelle 9, la terminal de contenedores ganaría aproximadamente otros 100 metros. Pasaríamos de unos 720 metros a 900.

Además, esa explanada ofrece la posibilidad de instalar una nave a temperatura controlada. Eso facilitaría la llegada de tráfico marítimo del norte de África y el transporte Ro-Ro de productos perecederos.

Una operación como la del Auditorio de la Música, en la que el Puerto 'vende' suelo a la ciudad, ¿se entiende desde el punto de vista empresarial?

Está muy bien tener un auditorio en una ciudad que es referente en Andalucía y en España. Si el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria han decidido que la mejor ubicación es esa, nosotros lo aceptamos. Pero eso implica buscar alternativas, que es lo que se está haciendo.

Una de ellas puede ser un centro de actividad y logística en Los Prados, que implica salir del recinto portuario. Sabemos que el Muelle 8 nos permitirá crecer, pero para que un puerto pueda seguir creciendo tiene que salir de sí mismo.

Una zona de actividad logística de 30.000 o 40.000 metros cuadrados podría facilitar el intercambio marítimo-ferroviario, marítimo-terrestre y el tráfico rodado. Es imprescindible.

Málaga y la provincia crecen aproximadamente en 10.000 personas al año. Depender solo de lo que pueda llegar desde puertos como Algeciras o Valencia nos limitaría y complicaría el coste del abastecimiento. La última milla es imprescindible.

Auditorio

"Está muy bien tener un auditorio en una ciudad que es referente en Andalucía y en España. Si el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria han decidido que la mejor ubicación es esa, nosotros lo aceptamos. Pero eso implica buscar alternativas"

Hace poco tuve una reunión en Mercamálaga y nos trasladaron que también prevé crecer entre un 15% y un 20%. Eso da una idea del consumo que puede generarse con el incremento de población durante los próximos años y décadas.

Si el puerto no puede ganar terreno al mar, debe crecer en tierra. Una opción es contar con un centro de actividad logística o conectar con el puerto seco de Antequera, que está a poco más de 40 kilómetros y puede convertirse en un nexo de unión importante.

Eso pasa necesariamente por el ferrocarril.

Tanto en Los Prados como en el puerto seco de Antequera existe la posibilidad de que la mercancía marítima se transborde al tren.

En todos los puertos se intenta avanzar en sostenibilidad y optimización de recursos. Aunque exista un acceso viario, el soterramiento de las vías del tren y su conexión con María Zambrano debe convertirse en una realidad.

De esa forma se reducirá la huella de carbono y mejorará la sostenibilidad. Además, estará en línea con los objetivos de Puertos del Estado para que, a partir de 2030, los medios estén electrificados. El suministro eléctrico a los buques en puerto será cada vez más importante.

El soterramiento permitiría potenciar el tráfico ferroviario y ferroportuario y retirar camiones de la carretera. Actualmente, la única conexión es hacia la zona oeste. Los vehículos pesados salen por allí para acceder a las autovías AP-7, A-7, A-45 y AP-46.

El tren puede retirar una parte importante del tráfico rodado y permitir que las mercancías salgan directamente del puerto hacia María Zambrano o Los Prados para realizar allí el transporte ferroviario de mercancías.

¿Por qué el soterramiento no se ha convertido en una prioridad para el Gobierno?

Eso ya no lo sé decir. Sabemos que existen proyectos y que la Autoridad Portuaria lo tiene en cuenta. Supongo que se hará porque está presupuestado y esperamos que en los próximos años pueda ser una realidad.

¿Qué importancia tiene el nuevo acceso viario en el que ya empieza a trabajar el Puerto?

Nos hemos reunido con el Ayuntamiento, la Autoridad Portuaria y la Junta de Andalucía y hemos apoyado ese proyecto.

El primer estudio realizado por el Ayuntamiento planteaba que el recorrido por el Guadalmedina hasta Ciudad Jardín era viable y que podía ejecutarse en los laterales del cauce. Lo que pedimos fue que tuvieran en cuenta el gálibo necesario para que el transporte pesado pueda circular en el futuro.

Creo que las administraciones se han coordinado y nuestra asociación ha apoyado esas conversaciones. No sabemos cuánto tiempo puede tardar, pero al menos los proyectos contemplan ese túnel, de aproximadamente 5.700 metros, desde el acceso norte por el Guadalmedina hasta la zona de Ciudad Jardín.

La conexión con la A-45 es importante y vuelve a relacionarse con el puerto seco de Antequera, que consideramos vital para el futuro del puerto de Málaga.

Juan José, delante de la Estación Marítima del puerto de Málaga. Carlos Martín

¿El futuro del puerto queda condicionado sin el soterramiento y sin una nueva conexión viaria potente?

Muchísimo. Se condiciona porque esas infraestructuras pueden determinar que el puerto se estanque o siga avanzando. Van a influir en las inversiones presentes y, sobre todo, en las futuras. El empresario no quiere incertidumbre, las empresas que apuestan por el puerto de Málaga tendrán en cuenta que esas obras se aprueben y se ejecuten, porque de ellas dependerá el crecimiento del puerto. Málaga necesita esas infraestructuras para mejorar sus conexiones y el puerto las necesita para asegurar el abastecimiento.

¿Existe el riesgo de que, si no se afrontan esas operaciones, la inversión empresarial se frene?

No lo afirmo, pero creo que al final repercutirá.

¿Les preocupa el tema del hotel junto al dique de Levante?

Yo ahí tampoco me voy a mojar mucho. Desde el punto de vista empresarial siempre vamos a intentar que el puerto sirva para lo que es: para la explotación portuaria.

Si se decide políticamente o desde una Administración que haya un hotel en una parte del puerto, o un auditorio, son decisiones políticas. Nosotros no vamos a entrar en ese debate, que es un debate de ciudad.

Lo que queremos es que el puerto siga creciendo, siga dando servicio y siga apostando por navieras como MSC o Japan, y por empresas de cruceros como Costa Cruceros o AIDA. Queremos que cualquier empresa que quiera llegar a Málaga encuentre unos muelles acondicionados.

Al final, esos son ingresos para la Autoridad Portuaria y riqueza para las empresas. Damos trabajo directamente a más de 600 o 700 personas e indirectamente a miles. No queremos perder esa actividad, queremos potenciarla.

¿Es el norte de África uno de los grandes mercados que el puerto tiene por desarrollar?

No es que se deba desarrollar, es que ese tráfico siempre ha existido. Tanto la Autoridad Portuaria como las empresas portuarias están muy interesadas en captar tráficos con el norte de Marruecos, con Tánger Med, Nador West, Alhucemas o Beni Ensar.

Una parte importante de la infraestructura que se creará con la ampliación del Muelle 8 está pensada para que pueda funcionar como una terminal Ro-Ro. La mercancía transportada en camión podría llegar a través de buques Ro-Ro. Esa es la idea tanto de la Autoridad Portuaria como de las empresas portuarias: utilizar esa infraestructura para los tráficos con el norte de Marruecos. Incluso podrían estudiarse posibilidades con Argelia, en puertos como Orán.

También se construirían naves a temperatura controlada para consolidar y desconsolidar mercancías que después podrían distribuirse en camión por Málaga y su hinterland, incluidos Córdoba, Jaén y parte de Granada. La Axarquía está cerca y allí la fruta y la verdura son mercancías prioritarias. Esa proximidad con el puerto ofrece opciones de crecimiento interesantes.

¿Está suficientemente explotado ese vínculo con Marruecos?

El puerto de Málaga tuvo una línea con Tánger que duró aproximadamente uno o dos años, pero después entramos en competencia con puertos como Motril o Almería.

Nosotros tenemos una ventaja: la proximidad de la Axarquía. No solo produce mango y aguacate, sino también frutas y verduras que se distribuyen por España y Europa. Ese puede ser un salto importante para facilitar la llegada de nuevos clientes a ese mercado.

Málaga también recibe vehículos procedentes de China. ¿Puede convertirse ese tráfico en otra oportunidad?

Actualmente tenemos tráfico de vehículos mediante buques Ro-Ro, procedentes tanto del norte de África como de China.

Desde la fábrica de Renault en la zona franca de Tánger llega el Renault Dacia. También llegan vehículos eléctricos de marcas como BYD y Omoda.

Casi todas las semanas llega algún buque cargado de vehículos que se descarga en Málaga para distribuirlos por Andalucía y buena parte de Extremadura y Murcia.

Eso significa que existe un tráfico comercial entre China y el puerto de Málaga. Además, las empresas y los operadores chinos se están posicionando en la provincia. En Fuente de Piedra, por ejemplo, se están creando empresas y se están desarrollando actividades relacionadas con las baterías de litio. Se están asegurando de que en Málaga existan empresas y operativas que puedan prestar servicio a los vehículos que se vendan y facilitar su comercialización.

Creo que es un incremento sustancial y un paso importante para el puerto de Málaga en la distribución de vehículos.

Usted ha vivido buena parte de la transformación de Málaga. ¿Cómo la valora?

La transformación ha sido sustancial. La llegada de Francisco de la Torre a la Alcaldía en los años 2000 coincidió con una etapa de cambio de la ciudad. Se apostó por los museos, por nuevas infraestructuras y por los hoteles.

Antes, muchos amigos que venían a Málaga se dirigían directamente a Marbella o Torremolinos. Hoy es extraño que un turista no pase al menos uno o dos días en la ciudad. Se ha avanzado muchísimo y ese avance ha atraído a mucha gente. Personas que no habían nacido en Málaga han llegado por motivos laborales.

Creo que Málaga no es plenamente consciente de su poder de convocatoria. Somos la locomotora de Andalucía.

Tenemos un Parque Tecnológico cada vez más pujante. Yo lo conocí cuando sobraba espacio y ahora ocurre lo contrario: falta espacio. Incluso se plantean viviendas en alquiler para que puedan venir profesionales.

Todo está relacionado. También la Universidad de Málaga debe adaptarse al crecimiento de la ciudad. Soy muy de la UMA, aunque también doy clases en universidades privadas como EADE, la Universidad Europea y ESIC.

Formación

"La universidad y los centros de formación tienen que preparar a los profesionales que necesitarán las empresas. El puerto seco de Antequera podría generar empleo para unas 4.000 o 5.000 personas cuando se instalen las empresas previstas".

La universidad y los centros de formación tienen que preparar a los profesionales que necesitarán las empresas. El puerto seco de Antequera podría generar empleo para unas 4.000 o 5.000 personas cuando se instalen las empresas previstas.

No sería viable ni rentable traer todos esos profesionales de fuera de Andalucía. Tenemos que formarlos desde Málaga.

El año pasado tuve aquí a un alumno en prácticas. Lo preparé y, después de estudiar Transporte y Logística y Comercio Internacional, terminó incorporándose a uno de los mejores departamentos de la terminal de contenedores.

Eso es por lo que tenemos que luchar: por el relevo generacional y porque los jóvenes puedan incorporarse a las empresas del territorio.

Pero esa transformación tiene una letra pequeña: falta vivienda, los precios son elevados…

Creo que ahora se están tomando medidas que antes no se tomaban. Hay que detectar el problema para buscar soluciones. El acceso a la vivienda es muy complicado para los jóvenes y también para las personas mayores.

¿Hasta qué punto la vivienda es ya un problema para las empresas del puerto a la hora de atraer profesionales?

Es un asunto que preocupa. Málaga es muy atractiva para vivir y trabajar por su clima y por su calidad de vida, pero la vivienda ya está siendo un obstáculo para que algunos profesionales puedan venir.

Si el alquiler es muy caro y los sueldos de Málaga no suben al mismo ritmo, algunas personas se lo pueden pensar. Hay funcionarios que pueden rechazar un destino en Málaga porque una parte muy importante de su sueldo se les va en el alquiler. Eso da que pensar.

¿Es consciente la ciudadanía del peso del puerto en la economía de Málaga?

Málaga ha vivido durante mucho tiempo de espaldas al mar y, sobre todo, de espaldas al puerto. Hay muchas personas que trabajan dentro del recinto y es una actividad económica muy importante. La influencia del puerto no se limita a la ciudad o a la provincia, sino que alcanza a Andalucía.

Todavía tenemos un déficit de comunicación y quizá también sea responsabilidad nuestra por no haber sabido transmitirlo bien. Pero en los últimos años estamos tratando de dar a conocer más lo que hacemos.

El año pasado, en colaboración con el instituto Jesús Marín y el Politécnico, dimos la oportunidad a alumnos de hacer prácticas de automatismo en la terminal de contenedores. El automatismo está entrando cada vez más en las terminales.

En Algeciras, por ejemplo, existe una terminal semiautomatizada. Los movimientos en el patio se realizan cada vez más con máquinas y grúas. Queremos que los jóvenes descubran que, además del Parque Tecnológico, en el puerto de Málaga también pueden desarrollar una vida profesional.

Si cierra los ojos y se imagina el puerto de Málaga dentro de diez años, ¿cómo le gustaría verlo?

Principalmente, me gustaría que todos los proyectos fueran una realidad. Si los proyectos que ahora están sobre la mesa, con un horizonte de tres, cuatro o cinco años, se ejecutan, el futuro del puerto de Málaga puede ser muy interesante.

Me refiero a la finalización del Muelle 8, el incremento del Muelle 9, el soterramiento de las vías del tren, el acceso norte, la conexión con el puerto seco de Antequera y las comunicaciones con la A-45, la A-7 y la AP-7. Ese salto puede hacer que numerosas empresas sigan apostando por Málaga.

¿Cuál sería su principal deseo para el futuro?

Que el puerto pueda seguir creciendo, que se ejecuten las infraestructuras necesarias y que las empresas continúen apostando por Málaga.

El puerto tiene que seguir siendo competitivo, sostenible y capaz de prestar servicio a la ciudad y a la provincia.

Málaga necesita al puerto para asegurar parte de su abastecimiento y de su actividad económica. Y el puerto necesita a Málaga para seguir creciendo y desarrollando todo su potencial.